Miércoles, 12 de Agosto de 2020
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Construir y desmantelar

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
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    Somos capaces de colocar todo en riesgo con tal de que el otro no gane, en un ejercicio de torpeza que no se sostiene, convirtiendo un error nimio en un problema de Estado, en lugar de facilitar las cosas y hacer que las situaciones sean más sencillas de lo que algunos se empeñan en verlas.

    Debemos saber darle las vueltas a aquello que no nos gusta, apaciguando los ánimos y no incendiando los discursos, siendo sinceros, pero no inflexibles, aprovechando nuestra buena racha para hacer aquellas cosas que nos rondan en la cabeza desde hace tiempo.

    Cuando regresamos a nuestro lugar de origen sentimos emociones especiales, que son muy difíciles de explicar con palabras en las que, entre tranquilidades e inquietudes, nos relajamos o sofocamos, según las posibilidades o los inconvenientes que tengamos en resolver los conflictos que nos surgen.

    Apostamos por construir desde nuestro positivismo, mientras que otros intentan desmantelar nuestras ilusiones y proyectos con un negativismo y su espíritu de destruir todo lo bueno que puedan encontrarse en el camino. Hay que procurar encontrar un equilibrio entre ir siempre montados en carrozas o caer sin remedio por los abismos y acantilados.

    Ni hiperactividades ni parálisis, ni efectos defectuosos, ni errores impecables, ni firmezas intolerantes, ni flexibilidades blandengues, con oficios y estudios, vamos encontrando aquello que no sabíamos muy bien si existía o no y al final escribimos parte de nuestro pasado que bien podría ser un relato futurista.





    Nuestras costumbres y rutinas nos impiden a veces echar a volar nuestra imaginación. Cada día, para superar la monotonía y el aburrimiento hemos de proponernos pequeños pasos e introducir pequeñas cosas para revolucionar nuestra cotidianidad.

    Cuando nos construimos una realidad virtual y somos incapaces de reconocer nuestros problemas, nos autoengañamos y no somos dueños de nuestras vidas sino rehenes de las necesidades que nos crean, aliados y hostiles en función de los intereses de otros.

    Podemos perder la sesera observando y dejándonos llevar por cosas que nos parecen interesantes, sin pensar en las consecuencias de aquel ensimismamiento que puede terminar en un abotargamiento que nos impida ver nada de forma clara y lúcida.

    Que surjan diferencias entre iguales o divergencias entre distintos es algo normal, y forma parte de la dialéctica plural y democrática, de tal forma que en una sociedad con esa característica estamos en una permanente resolución de conflictos, lo que no sucede en una dictadura, ya que solo existe una pugna y colisión la del pueblo frente al dictador.

    Casi siempre buscamos un más tarde y un después, y confiamos en que en estas ocasiones encontremos las fórmulas para volver a nuestros orígenes sin dolores ni rencores.  Con higiene y sin censuras, contemplamos nuevos horizontes, mientras vamos construyendo y desmantelando todo lo que sucede, como si de una novela de misterio se tratara.

    A veces ignoramos la realidad y nos elevamos a grandes temas que nos sitúan por encima de las nubes, cuando lo que realmente demanda la gente son cosas materiales, sencillas y diarias, y lo que valora en quienes aspiran a gobernarles es su capacidad para resolverles estos problemas de su agenda cotidiana, echando la vista atrás de como lo han hecho en otras ocasiones y mirando hacia adelante para confiar en su palabra.