Viernes, 21 de Septiembre de 2018

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    Un discurso sorprendente

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    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz

    Con la excusa de que resta un año para que Gibraltar abandone la UE, de la mano del Reino Unido (RU), y pocas horas antes de dar comienzo el puente de Semana Santa, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, pronunció un discurso televisado sobre el Brexit y sus consecuencias para el Peñón.

    Durante los últimos meses los líderes de ambos partidos coaligados, a la sazón números uno y dos del Gobierno gibraltareño, han mantenido una larga serie de reuniones con representantes gubernamentales británicos. En principio, la intervención televisiva pretendía explicar el proceso de negociaciones llevado a cabo, aunque en realidad el propio ministro principal reconoció que no podía dar excesivos datos, de momento.

    La primera impresión tras la lectura de su intervención es de sorpresa. Sorpresa por la necesidad de tan alto número de reuniones, y algunas tan densas, para conformar los anunciados acuerdos bilaterales de cara a asegurar la relación con Londres, tras la salida de ambos de la UE. Esa es una explicación pendiente.

    Por otro lado, la grandilocuencia final del discurso, apelando a las generaciones pasadas y futuras, a los hijos presentes y a los futuros, introducen cierta sobreactuación que muy bien puede ser síntoma de cierto nerviosismo ante lo que se avecina y, quizás también, ante determinadas actuaciones de la metrópoli, no del todo claras a ojos de las autoridades locales. Parece como si se pusiera la venda antes que la herida, adivinando quizás o sabiendo claramente que algo está pasando, que puede afectar a su futuro, y de lo que no es del todo partícipe.

    Llama la atención la tajante y contundente afirmación, asumida como verdad absoluta, sin esquinas ni fisuras, referida a que “…nuestra estrecha relación con el Reino Unido es más fuerte y más importante para todos nosotros que nuestra pertenencia a la UE”. Le faltó añadir: cueste lo que cueste. Se sorprendería, o quizás no, de lo que algunos relevantes miembros de su comunidad comentan en privado al respecto.

    Tres fueron las líneas de acción en que resumió sus preocupaciones actuales: relación comercial con el RU tras el Brexit, fluidez en la verja y participación junto al RU en los futuros acuerdos comerciales con terceros países. La fluidez en el paso es la mayor de sus preocupaciones y en la que puso más énfasis, otorgándole una mayor trascendencia. No en balde de esa fluidez en la verja depende buena parte de la mano de obra que sostiene la actividad económica local. 

    Insistió en el mantra, tantas veces repetido, que con los acuerdos alcanzados con Londres se protege el 90% de los negocios de servicios financieros y el mercado más importante del juego ‘online’. Para añadir que, actualmente, los operadores de juego online de otras jurisdicciones de la UE no tienen ninguna garantía de acceso al mercado de servicios británico, cosa que sí tiene garantizado el juego ‘online’ establecido en Gibraltar. 

    Me acordé, en este punto, del titular que, dicen, publicó en una ocasión The Times“Temporal en el Canal. El continente, aislado”. Poner el acceso al mercado británico por delante del acceso al mercado del resto de países que conforman la UE es una manera de verlo, sin duda, pero quizás poco objetiva y quizás poco rentable.

    Negó sentirse amenazado por la cláusula 24 de las directrices de negociación europea, esa que concede de hecho el veto a España sobre la aplicación a Gibraltar de los acuerdos que se alcancen entre Bruselas y Londres para la salida del RU de la UE. Cuando alguien siente la necesidad de explicitar que no tiene miedo de algo, generalmente es que, como mínimo, ha sentido un aliento cercano que le provoca intranquilidad.

    La parte final de su discurso fue la más emotiva y gestual. Se refirió a un futuro “basado en la protección de nuestra soberanía, jurisdicción y control exclusivamente, EXCLUSIVAMENTE –repitió-, británicos”. Mantener la soberanía “única y exclusivamente británica” parece que es, en definitiva, el principal objetivo del Gobierno de Gibraltar. Eso es lo realmente importante. En Londres deben estar entusiasmados con esta tajante posición que les libera dar pasos en otra dirección.

    Sin duda, porque así estaba pensado, era un discurso para consumo interno, pero que no cumplió su aparente misión inicial: dar detalles de las negociaciones llevadas a cabo. Con abundantes dosis de populismo, aderezadas con unas perspectivas económicas que están por demostrar y cierta sobreactuación, despachó un discurso que puede presagiar un adelanto electoral que la oposición intuye como casi seguro.