Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Elecciones europeas en Gibraltar: segunda entrega del ‘deja vu’ colonial de Picardo

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    Gibraltar ha desempeñado nuevamente su papel de extra cinematográfico, ni siquiera de actor secundario, en la farsa de las elecciones europeas británicas, que, si lo es en el Reino Unido, donde nada hacía pensar que a estas alturas el país estaría eligiendo diputados para Estrasburgo, en el peñón adquiere tintes de payasada colonial, estéril e inútil, si bien menos sangrante para la moral de la población que el referéndum del 2016, pero para el que Picardo volvió igualmente a activar toda su maquinaria política, mediática e institucional con declaraciones rimbombantes, en una repetición de la jugada en pos de un simulacro de ritual democrático que ya, con una credibilidad cada vez mas cuestionada por el electorado, le rinde pocos réditos políticos. 

    Picardo, hombre-péndulo de la vida pública, experto en maniobras de humo y espejos como buen prestidigitador de caseta de feria, no consiguió movilizar ni siquiera al 40% del electorado a pesar de que sus fieles plataformas mediáticas hicieran encendidos y voluntaristas alegatos en favor de una participación alta para frenar el Brexit. Su última ocurrencia, tiempo habrá de desenmascarar en mayor detalle su nefasta gestión en este tema donde ha ido dando bandazos propugnando todo tipo de fórmulas para permanecer en la UE, desde asociaciones fantasiosas con Londres, con Escocia, con Malta o la descabellada ‘Groenlandia en reverso’, para deshacer el entuerto y sacar a Gibraltar del agujero del Brexit, agujero que él contribuyó a hacer aún más profundo, no tiene desperdicio. 

    ¡Después de pasarse los últimos dos años ejerciendo como defensor a ultranza de Theresa May y de su acuerdo de salida de la UE, hasta tal punto que algunos incluso le colgaron el mote de cheerleader (animadora) de una primera ministra abandonada a su suerte por su propio partido, bastó que rodara la cabeza de la líder conservadora este fin de semana, para que Míster Picardo se apresurara a accionar su giroscopio para hacer un sentido llamamiento en favor de un segundo referéndum!

    En este sainete de patio de butacas, hemos sido testigos de una delirante coreografía coral donde los políticos locales han rivalizado en despropósitos con los personajes excéntricos y despistados venidos de las islas en busca del ‘disputado voto del Sr. Cayo’ en su vertiente llanita. La realidad es que el simulacro electoral del peñón perdió cualquier apariencia de verosimilitud, al ver como los candidatos, a cuál más neófito en cuestiones de Gibraltar, desfilaban por calle Real, haciéndose selfies con turistas ingleses y de otras nacionalidades que a esas horas paseaban por el centro. Desde la hermana de Boris Johnson, que comparó a su partido Change UK con el Titanic, y quien profesó al pariente cercano todo su amor fraternal a pesar de estar en distintas trincheras ideológicas, a un tal James Glancy del partido de Farage que dijo que defenderían los derechos de “la soberanía gibraltareña,” hasta un tipo representante de UKIP que se gana la vida como cómico alternativo y se dedicó a insultar a Picardo, que se negó a recibirle, y a grabarse en YouTube dando voces y dedicándole improperios impublicables por distintos rincones del peñón. 





    Para rematar los disparates, el mismísimo líder Liberal Demócrata británico Vince Cable, un político serio y venerable llegó a decir que “los gibraltareños eran más británicos que los británicos, y más europeos que los europeos.” Ciertamente las declaraciones de altura brillaron por su ausencia. Y para darle mas contenido colonial al asunto, el partido de Cable, que se jubiló a los pocos días de su experiencia en el peñón, incluyó de forma nominal, simbólica, a un joven gibraltareño de apellido Stagnetto, familia antigua de comerciantes locales de Main Street, pero en un lugar tan bajo en la lista del partido que sus posibilidades de ser elegido eran absolutamente nulas. En cualquier caso, este gesto lo único que hizo fue exponer en términos aún más palmarios la contradicción de una participación que no es más que un engaño en unos comicios donde la influencia de Gibraltar con sus 8.000 votantes es insignificante, y ni siquiera se presentan candidatos locales con posibilidad de ser elegidos.  

    Y como fin de fiesta, que decir de Molly Scott-Cato, del partido verde, una activista radical y apocalíptica que propugna la desobediencia civil, e incluso justifica acciones ilegales para favorecer sus tesis sobre el cambio climático. Esta señora es una de las instigadoras intelectuales de las escenas de violencias vividas en el centro de Londres hace pocas semanas, que acabó con detenciones masivas y docenas de policías heridos y mobiliario urbano destrozado por hordas de ecologistas antisistema que buscan imponer sus posicionamientos ideológicos al resto de la sociedad, por la fuerza si hace falta. No es de extrañar, porque el totalitarismo rojo hace mucho tiempo que se tiñó de verde.    

    La victoria incontestable del eurófobo Nigel Farage líder del nuevo partido Brexit Party, que arrasó en las urnas a todos sus rivales políticos (29 escaños frente a los 16 de los Liberal-Demócratas, el voto Conservador y Laboristas sufrió un hundimiento espectacular), vuelve a dar una vuelta de tuerca a esta historia interminable, y quizás logre desencallar la marcha del Reino Unido de la Unión Europea, estancada en los tortuosos e inconclusos procesos parlamentarios de la Cámara de los Comunes. Por lo pronto Farage se ha cobrado la cabeza de la insulsa primera ministra, que pasará a la historia como el cadáver político más longevo desde ‘Walking Dead.’ 

    Este resultado, como el del famoso referéndum del 2016 que propició la salida inacabable o imposible, como si del Hotel California se tratara, de mi país de la UE, volteó sin ninguna contemplación ni miramiento la voluntad mayoritaria del pueblo de Gibraltar, que nuevamente se expresó contundentemente en favor de la opción política Liberal Demócrata que defiende sin reservas la permanencia, pero que por la aplastante lógica de la aritmética, volvió a diluirse como azucarillos en el agua, a verse ubicado en el lado perdedor, en el referéndum, de la Historia con mayúsculas, y el domingo, en el lado perdedor de esta tediosa pantomima interminable.  

    En Gibraltar todo sigue igual. El glorioso espectáculo de la negación de la realidad volvió a escenificarse una vez más con unos comicios europeos surrealistas, una broma cruel en un territorio que siempre ha entendido su asociación al viejo continente como antídoto y escudo ante la reclamación de soberanía española, y que por la torpeza y ceguera de sus propios dirigentes sigue condenado a contemplar acontecimientos sin capacidad para influir sobre ellos, esperando a que estos se desplomen sobre sus cabezas.




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    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas