Lunes, 25 de Mayo de 2020
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Entradas y salidas

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
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    En los últimos días era mayor la gente que ocupaba las calles, que iba en una u otra dirección, y que buscaba sus entradas y salidas. Habíamos pasado muchas jornadas sin apenas nadie que fuera a ningún sitio, y percibíamos nuevas sensaciones, recuperado muchos sonidos ocultos que apenas recordábamos. 

    Viendo aquel hormiguero humano queriendo guardar la distancia social para no interferirse cada cual en su camino, me preguntaba si todos aquellos ciudadanos tenían las cosas tan claras que le iban a ayudar a realizar con éxito las tareas pendientes.

    Si con esperanza y entusiasmo habían descubierto todas las entradas y salidas, tendrían la resistencia para mantener la dignidad. Serían capaces entre quimeras, utopías y mitos, mantendrían despierto el buen humor y una manera positiva de afrontar las cosas, con el ánimo de que todo funcionara bien en el entorno en el que vivían.

    Necesitamos encontrar paz y no lo lograremos si entramos por la boca del lobo y nos dejamos embaucar entre la inquietud y la incertidumbre. Debemos dejar atrás lo que nos lastra y encontrar la salida para poder iniciar una nueva etapa en nuestras vidas. Es normal que sintamos vértigo ante lo desconocido y lo desagradable.

    No debemos sufrir por aquello que no ha sucedido. Necesitamos dejarlo todo terminado para superar lo conocido, no pensemos en negativo lo que nos queda por hacer y procuremos dedicarnos a cosas más divertidas, para que no  tengamos nuestras cabezas vacías, ni nos sintamos ausentes de ideas.

    Cuando entramos pero no sabemos salir de los laberintos nos dedicamos a discutir y enredarnos en cosas inútiles, que solo nos hace perdernos más entre nosotros mismos sin hallar soluciones a los problemas ni salidas que supongan un remedio para nuestros males.





    A veces nos sentimos libres aunque nos aten con las más gruesas cadenas y presos cogidos por un fino y frágil hilo, reflexionamos en medio de los mayores ruidos silenciosos , nos afirmamos en el más absoluto de los anonimatos y dejamos atrás lo viejo para alcanzar lo nuevo.

    En nuestros caminares y andares, entrando y saliendo de diferentes lugares, hacemos y deshacemos, mil y una historias o la misma historia mil y una veces, con microactores de salón o intérpretes que ocupan todo el escenario.

    Metáforas entre entradas y salidas, figuras de repetición como las aliteraciones, las más rebuscadas onomatopeyas o paronomasias con la utilización de palabras semejantes en la forma de distinto significado, como la meta en la que llegamos en moto.

    Entramos vigilando todo lo que nos sale al paso y salimos vetando todo lo que hemos visto, y vamos acumulando recuerdos de forma caótica para terminar ordenándolos en un álbum que será gran parte de nuestras historias.

    No podemos vivir todo el tiempo con miedo, si no nos sentiremos prisioneros y dejaremos que otros conduzcan nuestras vidas, y abriremos  los armarios de los demonios que salen reclamando todo en lo que ellos no creen y que antes pisoteaban, como derechos y libertades.

    Hay entradas y salidas que parecen abiertas pero están cerradas y, por mucha imaginación que le echemos, no podemos acceder al interior de nada ni salir al exterior, y nos parece movernos entre ficciones y frustraciones. Como diría Lope de Vega, hay algo tan grandioso como el amor que “tiene fácil la entrada y difícil la salida.”

     




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