Jueves, 25 de Abril de 2019
Twitter
Facebook
Youtube

Entre el realismo y la fantasía

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
    Foro

    Hay que mantener el diálogo con los responsables de la Generalitat de Catalunya, pero sería ingenuo e inocente pensar que los independentistas quieren negociar algo que no sea la autodeterminación y el derecho a decidir. Hemos de tener cuidado en qué lugar colocamos los silencios para que no se nos conviertan en sospechas.

    Lo que si hemos de procurar como demócratas, españoles y catalanes, es que la discrepancia sea aceptada dentro del marco de la legalidad y que la convivencia sea posible. Estimular el odio y el enfrentamiento entre personas y pueblos, además de ser poco inteligente, es muy poco útil.

    A veces centramos toda la corrupción en el plano económico y en los muchos sinvergüenza y granujas que se han aprovechado de su responsabilidad pública para enriquecerse personalmente, vía adjudicaciones y comisiones, sin menospreciar que son tan corruptas los jetas como los chorizos.

    La ejemplaridad en el ejercicio de la vida pública nos lleva a realizar una permanente pedagogía en nuestra conducta. Resulta peligroso y poco edificante convertir la actividad política en un negocio, porque eso solo tiene un nombre CORRUPCIÓN.

    No debemos confiar en quienes predican que las cosas se arreglan por sí solas y con el paso del tiempo, como dice un buen amigo mío, poniéndoles una sábana por encima para que no se vean y queden ocultas y cómo en secreto.

    Entre otras cosas porque no es verdad y, además, porque es una actitud cobarde. Entre el realismo y la fantasía hemos de tener cuidado de saber a quienes entreabrimos las puertas de nuestra intimidad y con quienes nos confesamos, ya que mañana se pueden convertir en nuestros más feroces enemigos.

    Para poder vivir situaciones mágicas e inolvidables, tenemos que ser capaces de crear y crecer, de recuperar la ética política, de romper y pegar, de franquezas y honestidades, de cuanto más cerca mejor, para volvernos a sentirnos más fuertes y con más paz interior.

    Lo peor es cuando entre miedos, estrés y ansiedades, magnetismos y seducciones, recordamos los cuentos de la abuela, entre dulzuras y amargores, y no somos capaces de tomar distancias para dar lo mejor de nosotros mismos.

    A caballo de proyectos compartidos y nuevas esperanzas, vamos presentando nuestra cara más visible y ocultando ese rostro que no queremos que nadie conozca, lo que al final nos obliga a admitir la realidad tal y como es, y no fabular sobre cómo nos gustaría que fuera.

    Intentamos averiguar lo que queremos en cada momento, basándonos en nuestras intuiciones, entre sueltos y agarrados, fronteras y murallas, aromas y olores, aperturas y visitas, potajes y guisos, el pasado olvidado y el futuro ignorado.

    Hay preguntas intempestivas, tiempos creativos y espacios inclusivos, que nos llevan a sumar cifras más que ajustar cuentas, más a disfrutar y divertirnos, que a establecer fronteras rígidas e inflexibles, que aprobemos lo improbable o que nos demos adioses que son un hasta luego.

    Nos vamos yendo para marcharnos o quizás para no volver jamás, y atando y desatando cuerdas y lazos, vamos dando por terminado aquello que nunca debió empezar, y nos despedimos con elegancia sin armar ruido y sin afán de dejar ningún legado, sino con el ánimo de dejar un solo mensaje de felicidad, que cale y dé sus frutos. Si nuestros políticos supieran irse, otro gallo nos cantaría.


  • publicidadAyuntamiento de La Línea
    publicidadcaritas
    publicidadEl mesón de Lolo