Viernes, 25 de Mayo de 2018

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    La estrategia catalana de Gibraltar que conduce a ninguna parte

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    Por Juan Carlos Jiménez Laz
    Periodista, fundador y primer director del diario Europa Sur

    Gibraltar y España están condenadas a entenderse. No sé cuándo ni cómo ni de qué manera, pero sí sé que es imposible, en un mundo cada vez menos territorializado, más intercomunicado y más interdependiente ponerle Verjas al campo (que, por cierto, la puso el ejército británico en 1908).

     

    Hay muchas cuestiones comunes, de un espacio compartido, que deben ser tenidas en cuenta: la libre circulación de personas y mercancías, las complementariedades económicas, las relaciones sociales, pero también el medio ambiente, la seguridad, la prevención de la delincuencia organizada y el terrorismo, por citar sólo algunos ejemplos.

     

    El recorrido hasta ese futurible entendimiento empieza incluso antes de que nadie se ponga a hablar, ya sea como quiere Picardo, directamente con su gobierno, o como prescribe la ONU, en un diálogo bilateral hispano-británico. Y, digo, empieza antes porque debería empezar con el respeto mutuo, lo que no supone estar de acuerdo, sólo en respetar a cada uno sin generar animosidades, establecer prejuicios o arengar a sus ciudadanos.

     

    No ha pasada inadvertida la coincidencia de críticas a España, aprovechando el proceso secesionista catalán, desde los alrededores del gobierno de Gibraltar y, también, desde algunos de sus propios representantes. Picardo en la ONU, García en el Consejo Gibraltareño-Americano, Watson en un explícito artículo haciendo un llamamiento a la Unión Europea y, para que no faltara de nada, un simposio con destacados nacionalistas catalanes.

     

    Tanta coincidencia no parece coincidencia, parece organización, estrategia y aplicación de recursos para un mismo objetivo. Mucha aplicación e interés sólo para reivindicar el referéndum de 1967, por mucha distancia que haya en la apreciación de su legitimidad. Parecería que se quiere vincular a España con la dictadura de hace ya más de 40 años (Franco sigue presente en los discursos de Picardo en la ONU, por ejemplo), y parecería también que se quiere obviar que España es una democracia avanzada y reconocida internacionalmente donde se respetan los derechos y libertades, dentro del marco de la Ley, y que es precisamente la Ley la que los garantiza.

     

    Ese camino, por mucha estrategia, organización y recursos que se le aplique, no lleva a ningún lado, sólo a generar peligrosos sentimientos de hostilidad en las poblaciones, porque no va a restar la credibilidad internacional del Estado español ni va a movilizar a la Unión Europea contra España ni va a cambiar el Derecho Internacional que tanto incomoda a algunos.

     

    Y quienes desde instituciones españolas gobernadas por políticos de partidos constitucionalistas comparten, animan o simplemente admiten esas estrategias deberían, a mi criterio, tenerlo en cuenta la próxima vez que se reúnan en Gibraltar o fuera de Gibraltar.

     

  • Datos

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    Dieciocho millones de británicos visitaron España en 2016 y, según una encuesta, aunque el 55% piensan que sus vacaciones en el extranjero se encarecerán por el Brexit, el 79% aseguran que no modificarán sus planes de viaje.