Lunes, 23 de Septiembre de 2019
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Gibraltar ante su dilema existencial: Europa y España o el abismo del Brexit

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    Las insólitas imágenes de protestas multitudinarias en Londres y otras localidades del Reino Unido contra la decisión de Boris Johnson de suspender toda actividad parlamentaria hasta mediados de octubre, supone una nueva vuelta de tuerca en el pulso que mantienen las ‘dos Inglaterras’ divididas por el referéndum de salida de la Unión Europea, e irreconciliables ante el precipicio que se cierne sobre las islas en forma de una retirada sin acuerdo, lo que comúnmente se ha denominado como Brexit duro. Mientras que para los partidarios del Brexit la acción de Johnson es una estrategia parlamentaria para proteger el resultado del referéndum de 2016 y la voluntad mayoritaria del pueblo británico de romper los lazos que unían al país con Europa desde 1973, para los detractores del gobierno, la decisión del primer ministro es poco menos que un golpe de estado encubierto para frustrar cualquier intento de última hora de prolongar el proceso de divorcio o anularlo definitivamente.

    Mas allá de lo que ocurra esta semana en la Cámara de los Comunes, lo que ha quedado de manifiesto en Gibraltar es la inoperancia del gobierno socialista de Míster Picardo y de toda la clase política a la hora de formular propuestas y soluciones reales ante la incertidumbre que el Brexit puede ocasionar a la economía de Gibraltar cuya dependencia en una frontera fluida con La Línea de la Concepción es total. Su única apuesta publica es aferrarse ciegamente al Reino Unido sin sopesar si esto representa el mejor interés de la población o no, simplemente para satisfacer un sentimiento desfasado, una acción reflejo promovida por años de condicionamiento colonial y socioeconómico y político. Claro cuando nadie los ve, lo que hacen es rezar para que España adopte una actitud amistosa y no aproveche la coyuntura para crear dificultades y bloqueos fronterizos. Mientras tanto la población está cada vez está más mosqueada con el curso de los acontecimientos.




    Durante tres años Míster Picardo y su subalterno Míster García llevan machacando a la opinión publica gibraltareña con ingentes dosis de propaganda mediática acerca de los cientos de reuniones que han venido realizando con todos los actores económicos y políticos en el Reino Unido y Gibraltar, para garantizar el bienestar del peñón ante cualquier contingencia. Hoy sabemos la verdad. Míster Picardo y sus ministros, según informaciones difundidas por la cadena gibraltareña GBC, llevan gastados más de 220,000 libras esterlinas en viajes de primera clase y hospedándose en hoteles de super lujo en Nueva York, Londres, Bruselas, Madrid y Estrasburgo en 2018, para venir a decirnos que esperan un gesto de buena voluntad por parte de España para que Gibraltar no sufra las consecuencias catastróficas que auguran los papeles filtrados del Yellowhammer (documentos secretos del gobierno de Londres publicados por el Sunday Times). Según este informe, los primeros cuatro meses posteriores al Brexit duro habrá colas de hasta cuatro horas diarias, y además Gibraltar sufrirá escasez de alimentos, medicinas además de serios problemas para la eliminación de residuos y basuras domésticas.

    En una aparición reciente en la cadena de televisión británica Sky News, el entrevistador Adam Boulton le hizo la pregunta que hoy por hoy ningún medio de comunicación gibraltareño se atreve a formularle a Míster Picardo, pero que cada vez con más insistencia los gibraltareños se hacen a sí mismos. El periodista expuso las cosas tal como son, razonando que ante lo que se está viviendo en Reino Unido y las características de la economía gibraltareña, la opinión publica en el peñón está cambiando, viendo su futuro mas en un acercamiento a Europa, y por lo tanto a España, que es la llave del bienestar económico de la población. Como era de esperar, Míster Picardo volvió a dar muestras del nacionalismo toxico que ha sido pilar básico de su carrera política, negando la mayor diciendo que a él no le cabía la menor duda que en cualquier situación, la gente siempre elegiría preservar el vínculo con el Reino Unido sin importarles las consecuencias por muy devastadoras que fueran. Ese razonamiento es válido para él, un socialista millonario con cuatro mansiones de lujo en Gibraltar y la Costa del Sol, que mañana si la cosa se pone fea puede levantar el vuelo y quitarse de en medio a un exilio de oro, pero no para personas que dependen de un sueldo modesto para mantener a sus familias. Ciertamente, y así me lo confirman gibraltareños que conozco desde hace muchos años, la gente comienza a cuestionar los pronunciamientos oficiales si bien de manera casi clandestina, porque nadie se atreve a decirlo abiertamente por miedo a las represalias de los talibanes del nacionalismo gibraltareño, alentados desde el propio partido gubernamental GSLP cuyo sello fundacional fue el rechazo frontal de todo lo español – aunque muchos de estos individuos no tengan ningún reparo a la hora de lucrarse y aprovechar las ventajas económicas, comerciales y personales de tener España al lado.

    Lo interesante de la situación es que mientras Míster Picardo siempre ha manifestado un odio furibundo hacia “los vecinos del norte”, eufemismo que emplea para no tener que mencionar el término ‘España’, y considera cualquier manifestación que no se ajuste a la ortodoxia nacionalista, como una afrenta, una traición a su idea fantasiosa de nación inexistente, al final su propio deseo de supervivencia política le llevo a aceptar el acuerdo fiscal firmado por Londres y Madrid sobre Gibraltar, y le llevará a aceptar cuando llegue el momento, entrar en el acuerdo de Schengen y en la Unión Aduanera, propuestas que ya hizo la diplomacia española hace más de una década. Con el Reino Unido fuera de la ecuación tras el 31 de octubre, el mandamás gibraltareño sabe que para que no se le derrumbe el invento como un castillo de naipes, tendrá que acomodar algunas de las pretensiones españolas. Lo que pasa es que su alergia a la transparencia y a la honestidad política le hará negar la realidad, jugar al despiste, y como decimos los ingleses en lenguaje parlamentario para no utilizar palabras gruesas “será económico con la verdad” hasta el último momento para así salvar su pellejo político.