Lunes, 20 de Agosto de 2018

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    Gibraltar y la comarca tienen un grave problema

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    Por Antonio Pérez Girón
    Escritor y periodista, cronista oficial de San Roque

    El Campo de Gibraltar tiene un problema que supera a otros que sin duda también mantiene de distinto signo. El Campo de Gibraltar y también Gibraltar. Un problema compartido que va más allá de las fronteras y que afecta a todos los residentes por igual. Nadie niega que los índices de determinadas enfermedades como el cáncer ocupa lugares destacados, que debería haber causado la alarma de las autoridades hace ya bastante tiempo. Estudios solventes se han venido publicando desde hace años, que confirman dicho extremo.

    En mi opinión este grave problema debe afrontarse de manera global y sin más dilación. Hay que controlar los efectos negativos que pudieran tener para el medio ambiente las emisiones procedentes de la industria ubicada en los municipios de la bahía de Algeciras, con estudios serios que no se demoren largo tiempo, como ocurre con los realizados hace unos años sobre presencia de metales en el organismo humano, que aún no se han hecho público. Todo ello, sin dejar atrás los datos alarmantes que llegan desde el Peñón.

    Ya hay quién se pregunta si se ha convertido Gibraltar en centro de reparación de submarinos nucleares. Y no es sólo la estancia habitual de estos sumergibles en el puerto gibraltareño, sino el allanamiento de las leyes marítimas vigentes. El ejemplo más gráfico fue el accidente acaecido en 2016 en aguas próximas a dicha población. Un submarino nuclear británico colisionó con el mercante Andreas, de bandera panameña, que navegaba cargado de productos químicos. El HMS Ambush contravino lo establecido por la Convención del Mar que establece que “en el mar territorial los submarinos y cualesquiera otros vehículos sumergibles deberán navegar en la superficie y enarbolar su pabellón”. La nave emergió e impactó con el mercante. El Ambush arribó al puerto de la colonia donde permaneció diez días, en los que fue desmontada una parte de su equipo.

    Ello sucede con la aquiescencia del Gobierno gibraltareño, que llega hasta defender a ultranza esta situación. Una decisión que no comparte el líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, que declaró públicamente su oposición.

    Las autoridades gibraltareñas deben reconocer que tienen un problema, que nada tiene que ver con la soberanía. Y que declaraciones como las que realizó en 2000  el entonces jefe de la oposición Joe Bossano, en relación al Tireless, el submarino de la Royal Navy, que sufrió una fisura en el reactor nuclear y permaneció cerca de un año en reparación en el puerto calpense, no suponían un argumento convincente que cuadrase con la seguridad de sus vecinos a ambos lados de la verja. Y no era una cuestión baladí, tal como tituló el diario londinense The Guardian: “El Tireless estuvo cerca del desastre”.

    Del mismo modo, y como publicó Noticias Gibraltar, mediciones atmosféricas realizadas en el puerto gibraltareño por la asociación ecologista Verdemar-Ecologistas en Acción y la alemana NABU, confirmaron un pico de partículas ultrafinas setenta veces superior a lo normal. Los ecologistas solicitaron de los responsables políticos locales la dotación de un área de protección, tal como existe en los mares Báltico y del Norte, así como en el canal de la Mancha.

    Y de responsabilidad exclusiva del gobierno de la colonia es el vertido de aguas fecales al mar, que recibió la condena del Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea.

    Afortunadamente algo parece que comienza a cambiar en la sociedad gibraltareña. El GSD, principal partido de la oposición, se unió a ambas denuncias, exigiendo medidas al gobierno de Picardo. Por su parte, el PSOE de La Línea solicitó un Plan de Emergencia en relación con los submarinos nucleares, que ahora con un gobierno socialista en España debería plantearse a Reino Unido

    Quiero pensar que esos gestos de unos y otros no son meros brindis electoralistas. Los ciudadanos de la comarca y de Gibraltar necesitan de políticos comprometidos con el bienestar de los ciudadanos. Comencemos, parte y parte, reconociendo que tenemos un grave problema, un problema común. ¿Es tan difícil ponerse de acuerdo cuando de lo que se trata es de la salud y la seguridad de las personas?