Sábado, 28 de Noviembre de 2020
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Gibraltar y Schengen

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    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz
    Foro
    La adhesión a las tradiciones, cueste lo que cueste, suele quedar bien en los discursos, pero muchas veces choca con la realidad que es tozuda. La salida de la UE de Gibraltar, en contra de lo expresado por sus habitantes y de lo que imponen sus intereses vitales, ha empezado a ser cuestionada.

    La posibilidad de que una vez fuera de la UE Gibraltar se adhiera al Tratado de Schengen, es decir, a la libre circulación de personas en el ámbito comunitario, que lleva consigo la desaparición de las fronteras interiores, ha comenzado a sonar como una posibilidad de boca del mismo ministro principal. Eso sería posible si nos atenemos a los ejemplos existentes, dado que Suiza, Islandia o Liechtenstein –por ejemplo- pertenecen al espacio del Tratado de Schengen y no pertenecen a la UE. Aunque, para ser justos, habría que recordar la sustancial diferencia en cuanto a estatus internacional de estos actores y Gibraltar.

    El problema puede surgir si de lo que se trata es de diseñar o pretender que la UE asuma un diseño a la carta, es decir, a conveniencia de Gibraltar, asumiendo solamente las partes que le interesan del acervo comunitario y desdeñando lo que no gusta tanto o no está dispuesto a aplicar. No cabe duda que la libre circulación de personas es un elemento fundamental de la UE que conocemos, pero igualmente lo es la libre circulación de mercancías y la unión aduanera, ambas inseparables, a la que no creo estuviera tan dispuesta a adherirse Gibraltar.



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    Pretender beneficiarse de un club, pero con reglas particulares diseñadas para el caso, tiene el inconveniente de tener que contar con el visto bueno de todos los miembros de dicho club. Y por lo que parece su misma metrópoli ya le ha dado un toque en contra de esa pretensión a negociar por su cuenta. Además, Gran Bretaña ya ha recibido un no rotundo a que se aplique en un futuro, por ejemplo, la libre circulación de servicios y no la de personas, como pretendía.

    La fluidez en la verja, una vez más se demuestra, es la clave de bóveda del edificio económico construido en la ciudad vecina. Según los datos de primeros de diciembre pasado, últimos oficiales disponibles, 14.700 trabajadores transfronterizos tienen su puesto de trabajo en Gibraltar pero residen fuera de sus límites. De estos, 9.376 son españoles. Esos casi 15.000 trabajadores conforman algo más de la mitad de la mano de obra que Gibraltar necesita para mantener su ritmo de producción y generación de servicios. Sin ellos, todo cambiaría, todo sería distinto. 

    Parece claro que se buscan alternativas para poder conseguir cosas diferentes a las que plantea Gran Bretaña en el proceso negociador con Bruselas. Porque los intereses de Londres no son los mismos que los de Gibraltar.  Y eso es algo que se sabía pero que no se ha querido aceptar, al menos en los discursos oficiales. La tradición, esa que vincula a Gibraltar con Londres, puede llegar a ser una mala alternativa de futuro.




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