Domingo, 2 de Octubre de 2022
Twitter
Facebook
Youtube

Hablar por hablar

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
    Foro
    No me voy a referir a ese programa de radio que emitía la cadena SER de madrugada sino a esa expresión que retrata a los personajes que hablan de cualquier tema sin tener un conocimiento exacto, o que intervienen en una reunión de grupo de manera alocada, sin venir al caso o los que en su incontinencia verbal son incapaces de estar callados.

    Lo más peligroso, es que son los únicos que terminan escuchándose, porque los demás no los soportan, y no hay quien los aguante cuando se sienten respaldados y entonces terminan sentenciando con sus palabras en una verborrea repleta de vocablos que no entienden ni ellos mismos.

    Son malos comunicadores, y cuanto más intentan explicar y aclarar las cosas más las lían , y desarrollan proyectos y nuevos retos con un verbo hueco que nunca serán capaces de llevar a cabo, en su parloteo inútil todo termina sonando distinto, sin fuerza, compromiso ni esperanza.

    Cada vez que interviene, sus interlocutores de preguntan ¿Qué ha querido decir? En su hablar por hablar, contagian aburrimiento y agotan con una palabrería sin sentido , pretenden deslumbrar con un torpe verbo, que ni atrapa ni secuestra a sus oyentes con sus palabras.

    Tampoco es capaz de establecer ningún récord ni en la cantidad ni en la calidad de lo dicho, ni en la petulancia ni en la modestia, lo suyo es hablar por hablar. Y en ese camino del verbo desde ningún sitio hacia la nada, lejos de forjar alianzas , alimenta enfrentamientos.

    Hay gente que cuanto más habla, más demuestra su involución y que no tiene nada que decir, y en discurso contra todo y contra todos termina quedándose solo, impartiendo lecciones de la nada y sin aprender nada de los demás.





    Es inútil intentar que el mundo se acabe en nuestras palabras ,que entre peleas y reconciliaciones, mitades y dobles, negocios y ocios, mayorías y minorías, quejas y protestas, no logremos antes con nuestro hablar, reconquistar los derechos perdidos y abrir una puerta a la esperanza para superar todas las dificultades.

    Nos gusta que la gente diga cosas, que no hable por hablar, que valoren lo que hacemos, y que cuando lo logremos sea un reconocimiento público que nos suba la autoestima, lo que nos viene muy bien y nos llena de energía.

    Puede resultar una perdida de tiempo, estar pendiente de todo lo que nos resulte molesto e incómodo. Querremos echar el telón sobre todo aquello que nos resulte molesto, polémico y nos lleve a discusiones. Todo en la vida tiene sus riesgos, no saber estar callado también.

    No podemos estar atontados ante la realidad ni querer ser los más avispados y pronunciar las frases más brillantes. No debemos paralizarnos ante los muros y las fronteras, ni dedicarnos en el hablar por hablar mezclar lo evitable con lo inevitable.

    Como decía Almudena Grandes “gracias a nuestros lectores somos libres” y podemos liberarnos de tensiones e ideas fracasadas, y mostrarnos optimistas, enérgicos, creativos y locuaces, en lugar de pesimistas, malhumorados, taciturnos e incapaces, pero entre los dos polos tener la habilidad de decir algo y no estar instalados en el hablar por hablar.

    Sabiendo mirar con ojos nuevos a muchas cosas, sin dejarnos llevar de la pereza ni querer imponer nuestro criterio , entre diferencias y semejanzas, estudios y pasatiempos y vivencias y exhibiciones, llegamos a los últimos compases de nuestro concierto, y nos damos cuenta que hemos superado el hablar por hablar para decir lo que deseábamos.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas