Martes, 26 de Octubre de 2021
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Hace solo unos meses

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    Por Patricio González
    Político y escritor. Alcalde de Algeciras tres legislaturas. Ingeniero técnico naval
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    Hace solo unos meses todo el mundo quería liderar lo relacionado con la pandemia del coronavirus. Cuando el presidente del Gobierno proponía una cosa durante el Estado de Alarma, todos los presidentes de comunidades autónomas proponían alternativas a sabiendas de que no le harían caso o que serían simplemente tiros al aire para tener todos una estrategia de confrontación.

    Pero llegó el momento en el que había que empezar a ir delegando, repartiendo juego. Es lo que han dado a conocer como la “cogobernanza” (vaya palabra más cursi; algún día se podría hacer un diccionario de palabras inventadas durante la pandemia).

    Y entonces, como por arte de magia, empezaron a desaparecer las propuestas y las ideas. Y empezamos a vivir como si ya todo hubiera pasado. Y en estas últimas semanas, en cuanto el verano se nos está yendo, el bicho se ha hecho grande otra vez, es la segunda oleada, reconocida ya por todos.



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    Ahora ya ninguno se cree que esto es una cuestión de salud sino de política y juegan a tonto el último.

    De forma y manera que ya nadie quiere liderar nada, ni tan siquiera quienes deben hacerlo. Ahora el presidente nos recuerda que las competencias educativas  están transferidas a las autonomías; la ministra de Educación le echa el balón al ministro de Sanidad; el ministro de Sanidad a la Secretaría de Estado; la Secretaría de Estado a Fernando Simón; y Fernando Simón de nuevo a las comunidades autónomas; las comunidades a sus consejeros de Salud; los consejeros de Salud a los de Educación; los consejeros de Educación a los consejos escolares; los consejos escolares a los inspectores; los inspectores a los directores de los centros; los directores de los centros piensan en los padres y los padres en que Dios nos coja confesados.

    Y al final de esta cadena de liderazgo a la inversa tenemos a millones de niños sacándole las puntas a los lápices sin saber exactamente para qué lo están haciendo.




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