Miércoles, 24 de Abril de 2019
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El increíble Picardo y su realidad fake

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro

    El socialismo Picardiano, invento populista, deficitario en cuanto a transparencia democrática y financiera según denuncia la propia oposición gibraltareña desde hace años, y presidencialista, que se mira en el espejo del separatismo catalán a pesar de tratarse de casos históricos absolutamente distintos, se está ganando a pulso una ignominiosa notoriedad como fuente generadora de fake news en todo cuanto a relaciones entre Gibraltar y España se refiere.

     

    La manipulación informativa y el bombardeo incesante de consignas a través de sus terminales mediáticas a ambos lados de la frontera, se ha convertido en seña de identidad de este infecto engendro ideológico moldeado a imagen y semejanza de Míster Picardo. Basta como botón de muestra contemplar todo el follón que se ha liado a raíz de la inclusión de una referencia a Gibraltar como colonia británica, en el pie de página de una norma sobre exención de visados a los británicos en caso de que el Brexit se consuma sin acuerdo, aprobada abrumadoramente en el pleno del Parlamento Europeo el jueves 4 de marzo del 2019, por 502 votos a favor 81 en contra y 29 abstenciones, que permitirá a ciudadanos ingleses y gibraltareños viajar por la Unión Europea, y extenderá este derecho simultáneamente en estricta reciprocidad, a ciudadanos de estados miembros que viajen por Reino Unido y Gibraltar.

     

    La medida no tan polémica como algunos se empeñan en hacernos creer, hace referencia al estatus de Gibraltar como colonia británica que ha provocado una reacción furibunda por parte de Míster Picardo y su séquito de acólitos y paniaguados del régimen socialista, que interpretan este revés diplomático como un duro golpe a sus intereses políticos, una enmienda a la totalidad e impugnación en toda regla, a las pretensiones soberanistas y nacionalistas que el susodicho y su partido viene fomentando desde hace más de tres décadas a golpe de propaganda y una chequera sin fondo aparente, para vender, promocionar y fabricar el bulo de que Gibraltar es una nación.

     

    La reacción irascible de los medios afines, fieles correas de transmisión de cada uno de sus pensamientos y pronunciamientos, ha sido previsible, aunque no por ello menos visceral e iracunda, como bebés que lanzan el sonajero fuera de la cuna, con los típicos insultos, descalificaciones y ya habituales faltas de respeto a España, acusada de urdir siniestros complots antidemocráticos por hacer lo que hacen los 27 estados miembros de la Unión Europea sin excepción los 365 días del año, dentro del marco de las instituciones comunitarias y parlamentarias según las reglas de juego de las democracias avanzadas, o sea defender sus legítimos intereses nacionales. Ni más ni menos.

     

    Curiosamente la televisión de Gibraltar pasó de puntillas por esta noticia y prefirió dirigir su atención a una enmienda que presentó mi compatriota la eurodiputada tránsfuga del Partido Conservador británico Julie Girling, para suprimir el término ‘colonia’ del documento en cuestión, iniciativa parlamentaria que fue derrotada ampliamente en votación de la cámara. La Sra. Girling es una habitual de los saraos y fiestorros anuales que organiza Míster Picardo como parte de su estrategia de captación de apoyos políticos en la Cámara de los Comunes y los Lores, de los viajes de verano pagados por el contribuyente gibraltareño con motivo del National Day, actividades que ya fueron objeto en su momento de severas interpelaciones en el propio Parlamento británico por si eran enteramente compatibles con el código ético de conducta de los diputados.

     

    Lo primero que habría que preguntarle a Míster Picardo y a aquellos gibraltareños de sensibilidad nacionalista como él, que se han sentido tan ofendidos por esta terminología, es si hubieran preferido que se hubiera producido el desenlace contrario para que no hubiese constado la palabra ‘colonia’, no se hubiera aprobado esta medida y como consecuencia directa, verse en la tesitura de tener que pagar 60 euros por un visado de tres meses para ir a tapear a La Línea o a comprar a Mercadona; en el caso de Picardo, sabemos que este desembolso no haría mucha mella en su situación financiera, pero seguro que prefiere ahorrárselo cuando se le apetezca pasar un fin de semana en alguna de sus lujosas mansiones en la Costa del Sol. Por supuesto que las acusaciones de bullying contra España, no se han hecho de esperar, como ha dejado constancia un editorial en el periódico progubernamental Gibraltar Chronicle que se despacha a gusto contra España, tachándola de ridícula y obsesionada con el Peñón, a la vez que rechaza cualquier calificación de colonia, afirmando que la relación constitucional con el Reino Unido es moderna.

     

    Pero en este tema no valen engaños. España ha conseguido su propósito de incluir el término colonia en documentación oficial de la UE, pero bien haría Míster Picardo en mirarse al espejo cuando se rasga las vestiduras con tanto aspaviento y tanta hipocresía, cada vez que viaja a Nueva York para asistir a las deliberaciones del Comité de Descolonización de la ONU, peregrinaje que realiza varias veces al año, precisamente para exigir la descolonización de Gibraltar. Y ni siquiera hay que ir tan lejos.

     

    Su propio ministro de inversiones económicas, Joe Bossano ha dicho en repetidas ocasiones que Gibraltar es una colonia que permanece en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización de Naciones Unidas (non self governing territories) rechazando de plano y mofándose de entelequias tales como las que apuntaba el editorial del Chronicle acerca de “las relaciones modernas” con el Reino Unido. Editorial cuyo encabezamiento apuntaba a una “victoria pírrica de España” traducción de Pyrrhic victory, frase hecha del idioma ingles que apareció escrita en la página como Phyrric (sic) ‘victory’ palabra inexistente y error gramático imperdonable, donde hasta las comillas estaban mal utilizadas.

     

    La realidad es que mientras Londres mantenga poderes de reserva constitucionales en Gibraltar, como por ejemplo la capacidad para disolver el Parlamento local en situaciones de emergencia, poderes que mantendrá mientras ejerza potestad jurídica por el Peñón ante la comunidad internacional ante cualquier contingencia, seguirá siendo al menos técnicamente y según la doctrina de Naciones Unidas una colonia. El día que el Gobierno de Gibraltar cuestione estos poderes entraríamos en un terreno resbaladizo, porque son precisamente esos poderes lo único que hoy por hoy asientan y simbolizan la soberanía británica en Gibraltar.

     


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