Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Joe Bossano, líder de la oposición 

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
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    Uno de los datos más sorprendentes que nos ha dejado el reciente debate parlamentario sobre los presupuestos en Gibraltar, ha sido la consolidación de Joe Bossano, Sir Joe, ya octogenario, como virtual Líder de la Oposición al propio gobierno socialista de su sucesor al frente del GSLP, ocupando el agujero dejado por Daniel Feetham, irremplazable líder del GSD tras su paso atrás en esta legislatura. Bossano verso suelto y discordante en el aletargado panorama político gibraltareño, donde toda disidencia civil ha sido desarticulada por el régimen de Picardo, ha vuelto a arremeter contra el desmedido coste de mantener el gigantesco sector público de Gibraltar con sus cada vez más altos gastos recurrentes, apuntando hacia un peligro real de que éste deje de ser financieramente sostenible ante una caída de ingresos en un futuro no muy lejano. Como una voz en el desierto, Bossano advirtió sobre los peligros reales de colapso que se ciernen sobre un sector fundamental de la economía local. 





    Sin mencionar el término austeridad, se refirió a su discurso como una llamada de atención, ‘un aviso de salud pública’ como los que contienen las cajetillas de cigarrillos, y que algunos no tienen el menor interés en escuchar, referencia clara al sindicato amarillo Unite que ha resucitado de su domesticación Picardiana con la llegada de un nuevo secretario general de Inglaterra, para asumir todo el poder, abrir frentes de reivindicación salarial a mansalva, y de paso jubilar a una generación de fieles activistas que cumplían con mano de hierro las directrices impartidas desde Number 6

    Lo cierto es que Bossano no ha desplegado ningún conocimiento abrumador en la materia más allá del puro sentido común – no gastar más dinero del que se ingresa – suficiente para poner en tela de juicio la desmedida política de construcciones urbanas promovidas por el gobierno, un verdadero frenesí desarrollista que ha alterado la fisonomía de la ciudad ante la mirada atónita de una opinión publica cada vez más irritada con el curso de los acontecimientos. 




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