Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Joseph García: haciendo de la negación de la realidad un arte

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
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    La posición actual del Gobierno de Gibraltar sustentada en una narrativa ambivalente, por un lado nos asegura que todo está bajo control, que lo tienen todo pensado y que han organizado doscientas reuniones con todos los actores claves, y por supuesto con los importadores de suministros de primera necesidad para el buen funcionamiento de la economía, y por otro, la semana pasada el Deputy Chief Minister, el ínclito Doctor Joseph García, se descolgaba con unas declaraciones en las que instaba a la población y a las empresas locales a hacer sus propios arreglos y preparativos de cara al Brexit duro, circunstancia que hasta ellos, habitualmente inmersos en sus mundos paralelos y entelequias soberanistas, ya dan por poco menos que inevitable. Si leemos entre líneas e indagamos detrás de la retórica oficialista que satura los medios de comunicación del Peñón cada día con dosis ingentes de propaganda gubernamental, la conclusión autoevidente es que Míster Picardo y Doctor García no pueden siquiera garantizar el suministro de alimentos básicos, de alimentos perecederos a Gibraltar en un escenario de Brexit duro, donde el tránsito de mercancías por Europa procedente de Reino Unido, que ya sería un país extracomunitario, estaría sujeto a un régimen de aranceles, de registros, inspecciones y demoras considerables que potencialmente podrían causar graves contratiempos a la población. 

    Entre las perlas de sabiduría que nos dejó el subalterno de Míster Picardo, quizás la más destacada por cuanto al grado de despropósito, sea su afirmación que los ingleses estamos en peor situación que Gibraltar, porque el Peñón no está en la Unión Aduanera, ni en la política agrícola y no tiene industrias, ni sector pesquero. Simplemente el plantear comparaciones o semejanzas entre un municipio de 30.000 habitantes cuyo destino está enteramente en manos ajenas y que depende de si una puerta está abierta o no, con una nación de 65 millones, que ha sido potencia mundial y es una de las economías más importantes de occidente, que puede atravesar un bache, incluso una recesión post Brexit, pero que será capaz de remontar el vuelo como hemos hecho en incluso peores momentos de nuestra historia, denota una preocupante desconexión y distanciamiento con la realidad objetiva de la situación tal como es.

    Ningún razonamiento perverso, ningún sofisma de los que teje el Doctor García con el empecinamiento manipulador que le caracteriza, será capaz de ocultar la verdad de los efectos del Brexit duro que la gente percibirá directamente, en primera persona. Su argumentación que para los ingleses será más traumático el Brexit que para los gibraltareños, aunque fuese verdad, es un pobre consuelo para estos, y ejemplifica la posición de un gobierno que toca fondo, desprovisto de ideas, desarbolado por los acontecimientos, y que pone todas sus esperanzas, suprema ironía, en la buena voluntad y la benevolencia de España para mantener el paso fluido de vehículos, personas y mercancías por la frontera con La Línea. 





    A partir del 31 de octubre con Reino Unido eliminado de la ecuación, España dispondrá de carte blanche para ejercer el control de la manera que crea más oportuna, y tendrá toda la potestad del mundo y resortes jurídico políticos para hacerlo. El plan maestro, la sesuda estrategia de los otrora muy altivos socialistas gibraltareños se ha difuminado como azucarillos en el agua. ¿Qué es pues lo que les queda a nuestros amigos Míster Picardo y Míster García? ¿Rezar y que España no tire de hemeroteca para ver las barbaridades que estos señores han venido diciendo desde hace 20 años?

    Claro está, en previsión que la pasividad supina no de resultado se ha abierto una oficina en Tánger a instancia de un reducido grupo de empresarios afines al gobierno, recelosos de lo que consideran es la excesiva dependencia hacia España de la economía gibraltareña, para formalizar un plan B que no es otro que traer verduras frescas y materiales de construcción desde Marruecos por mar. También se habla de establecer una conexión marítima con Portugal, como si los portugueses miembros de pleno derecho de la UE, fuesen a tener ningún tipo de autonomía de acción ante la previsible adopción de una posición comunitaria sobre Gibraltar que sería de apoyo total a la posición de España

    Lo de Marruecos parece una regresión a 1969, otra fantasía más de los que quieren suprimir toda influencia española en el Peñón – ya lo han conseguido con el idioma entre las nuevas generaciones – y ven en el reino alauí la alternativa perfecta para sus pretensiones. Esta iniciativa no es algo aislado, recordemos la irresponsable decisión de Míster Picardo de conceder ochocientos pasaportes a marroquíes establecidos en Gibraltar desde el cierre de la frontera a cambio de su voto en las últimas elecciones, sin ningún tipo de consideración hacia el impacto sociológico y consecuencias políticas a largo plazo, que pudiera acarrear esta acción puramente partidista y electoral. A pesar de todo, a pesar de que el Marruecos moderno no tenga nada que ver con su versión de 1969, no es creíble pensar que la inmensa mayoría de los gibraltareños por mucha disputa de soberanía que haya de por medio, estén dispuestos a renunciar a sus lazos afectivos, familiares y a sus afinidades culturales e intereses financieros con España para satisfacer las obcecaciones y prejuicios de sus dirigentes.




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