Lunes, 20 de Agosto de 2018

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    La histórica hegemonía que la Bahía de Algeciras puede recuperar

  • Imagen de Antonio Sánchez
    Por Antonio Sánchez Rubio
    Marino retirado y empresario. Experto en navegación, economía y seguridad marítima.

    La unión del Mediterráneo con el Atlántico y las 12 millas que separan las costas de Europa y África dan una importancia estratégica excepcional al estrecho de Gibraltar. En una posición privilegiada se encuentra la Bahía de Algeciras.

     

    Hace más de 2.000 años, durante el Imperio Romano, la Bahía ya tenía carácter hegemónico. En el 171 AC, en este extremo del “Mare Nostrum”, Carteia –en el fondo de la Bahía- se convirtió en colonia romana. Con sus más de 4.000 habitantes era el centro metropolitano de la Comarca y uno de los centros económicos más importantes de la Hispania romana.

     

    Los romanos tenían bajo su control las costas del sur de Europa y del norte de África, el “tráfico marítimo” por el Estrecho y, en Carteia, disponían de un magnífico puerto natural en la desembocadura del Guadarranque.

     

    Contaban con los recursos de esta tierra y con los de la mar, sobre todo, la pesca del atún. En sus factorías producían el afamado “garum”. Su “industria auxiliar”, fabricaba en Puente Mayorga, cerca de Carteia, las ánforas --los “contenedores”-- para transportar sus productos por barco hasta Roma.

     

    Puerto, contenedores, almadrabas, control del Estrecho, tráfico marítimo etc. son conceptos que hoy día nos resultan familiares.

     

    La explotación de la renta de posición de la Bahía se rompió con la caída del Imperio Romano. La dominación musulmana de la Península, la Reconquista, las guerras e incursiones continuas por su carácter fronterizo hicieron que se perdiesen las posibilidades de riqueza de la Bahía.

     

    Terminada la Reconquista, la atención de nuestros reyes se desvió del Estrecho.

     

    En 1704, Inglaterra, con una visión estratégica y oportunismo tan excepcionales como su falta de escrúpulos, en pocos días ocupó arteramente el Peñón cuyas defensas habían sido descuidadas. La recuperación económica de la Bahía siguió siendo imposible, no sólo por las guerras por el Peñón sino porque, en los periodos de paz, Gibraltar se convirtió en la puerta de entrada del contrabando procedente de Gran Bretaña. Además, los ingleses no podían permitir que en las proximidades se desarrollasen actividades económicas que les perjudicasen.

     

    Los éxitos de la diplomacia británica al terminar las campañas contra Napoleón les permitieron mantener a España en la irrelevancia internacional, que perduró a lo largo del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Así pudieron ejercer su influencia en la Bahía, en su entorno y en las provincias limítrofes.

     

    Gibraltar se convirtió en una base naval de gran importancia, en una de las cinco llaves que permitieron a los británicos dominar el comercio marítimo mundial.

     

    Fue un foco de riqueza pero, si con los romanos Carteia irradiaba su riqueza por el resto de la Bahía, Gibraltar lo que hacía era mantener en la miseria a la Bahía y repartir las migajas que caían de la mesa de sus comerciantes.

     

    Tan felices se las prometían los británicos que en 1946 decidieron apoyarse en la ONU para burlar el Tratado de Utrecht. Tomaron unas medidas que, en 1969, forzaron al gobierno español a cerrar la verja. Como dijo en 2009 Joseph García, actual viceministro principal de Gibraltar: “Si no hubiera cortado Franco las comunicaciones [y cerrado la verja] Gibraltar habría seguido el rumbo marcado por las demás colonias británicas de ese tiempo hacia la descolonización. Esto es lo que pasó, por ejemplo, en los otros territorios británicos del Mediterráneo como Chipre y Malta”. Hoy sería un país independiente.

     

    El cierre de la verja estuvo acompañado de fortísimas inversiones que “supusieron una eclosión económica espectacular con uno de los puertos más prósperos de Europa y el primer polígono industrial de Andalucía”, como dice Alberto Pérez de Vargas, columnista de “Europa Sur”. La verja cerrada impidió que las inversiones se fuesen por el sumidero de Gibraltar. El Peñón pasó a depender de subsidios británicos y estuvo a punto de la bancarrota.

     

    El Reino Unido consiguió la reapertura de la verja en 1985 amenazando con vetar el ingreso de España en el Mercado Común. Gibraltar se recuperó volviendo a sus viejas prácticas. Ahora, el municipio de La Línea vuelve a sufrir la influencia del Peñón pero éste ya no puede acabar con el puerto Bahía de Algeciras ni con las grandes industrias instaladas en la Comarca. La Bahía disfruta de una economía de puestos de trabajo mientras que Gibraltar tiene una economía ficticia camino del desastre por culpa del Brexit. Un territorio “abocado al caos social, político y económico”, como previó en 2013 el difunto David Eade, columnista de “Panorama”.

     

    Hoy día tenemos la posibilidad de que la Bahía en su conjunto vuelva a ser un emporio homogéneo de riqueza como lo fue hace 2.000 años. Gibraltar saldrá de la Unión Europea mientras que toda la Comarca seguirá desarrollándose por las ventajas que suponen la pertenencia a la UE y la desaparición de la actual competencia desleal de Gibraltar. En las manos del Reino Unido está dejar a su colonia como un territorio marginal en decadencia, con una población otra vez prisionera en su “reducto” gracias a su verja o bien, mantenerlo en la UE en las condiciones propuestas por España.