Viernes, 7 de Agosto de 2020
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Lo malo y lo peor

  • Imagen de Juan Antonio Palacios
    Por Juan Antonio Palacios
    Escritor, profesor y político. Ha sido alcalde de Algeciras y vicepresidente de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar.
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    La vida no es fácil y cada uno de nosotros podríamos contar las mil y una dificultades que hemos tenido que superar, sin por eso ser unos héroes ni haber sido protagonistas de epopeyas. No sabemos dónde están los límites y cuanto podremos resistir. Cuando aprendemos esto,  es tal vez cuando avanzamos.

    Hay expresiones que algunos jamás diremos como “lo siguiente”, aunque se pongan de moda, y siendo conscientes que cualquier lengua es algo vivo,             y que quienes mandan no son las Academias sino el uso de la gente, que hace que lo que nunca había sido utilizado se nos convierta en la expresión más común y corriente sin cuyo uso resulta difícil nuestras relaciones y la comunicación.

    Resulta malo que nos sintamos cansados, pero es aún peor que ese agotamiento nos pase factura y nos impida pensar y expresarnos con claridad. De tal manera que este estado nos lleve a la confusión, a la dispersión lejos de una mirada y una práctica integradora en las sensaciones, emociones y pensamientos en lugar de formar un continuo inseparable y entretejido, provoca un desorden y un caos personal.

    Es altamente perjudicial para nuestro equilibrio sentirnos permanentemente bajo presión, pero puede ser aún más nocivo no dejar salir aquello que tanto daño nos hace, por lo que hemos de conseguir abrirnos para observar, escuchar y estar disponibles.

    Puede aburrirnos aunque nos proporcionen seguridad, estar marcados por las mismas rutinas y hábitos e intentamos romperlas aunque nos llevemos, a veces, la sorpresa de que no fue una experiencia positiva sino todo lo contrario.

    No obstante hemos de arriesgarnos para pasar de lo bueno a lo mejor, sin anclarnos en el camino de lo malo a lo peor. Podemos producir muchas cosas de calidad, aunque debamos admitir también las muchas veces que nos equivocamos.





    Hemos de darnos la oportunidad de repensar las cosas y, por qué no, de reinventarnos, de huir de ingenuidades de que todo es esencialmente bueno, o del fatalismo que estamos inevitablemente abocados a la catástrofe y por tanto hagamos lo que hagamos, todo irá de mal en peor.

    Es un saludable ejercicio ser un entusiasta de la vida y aún es mejor el procurar contagiar ese optimismo a todos los que tenemos alrededor. Si somos capaces de mantener ese estado de ánimo, estaremos en mejores condiciones de resolver nuestros problemas y no cerrarnos las puertas por las que buscar salidas y soluciones.

    A veces las cadenas de nuestro pasado nos limitan enormemente y nos impiden crecer y evolucionar. No nos olvidemos que somos los dueños  de nuestros destinos y debemos actuar en consecuencia, haciendo frente a las adversidades en lugar de lamentarnos.   

    En nuestra Comarca tenemos varios retos que superar y no podemos encerrarnos en el bucle para ir de lo malo a lo peor. Hemos de apostar decididamente por el crecimiento portuario, estar preparados para hacer frente al peor de los escenarios del Brexit, potenciar nuestro polígono industrial, sacar el máximo provecho a nuestros Parques Naturales, explotar nuestras singularidades turísticas, y sumar esfuerzos de las instituciones y los agentes económicos y sociales para conseguir la conexión ferroviaria Algeciras–Bobadilla y completar las infraestructuras por autovía. Los próximos años van a ser claves y necesitamos un Gobierno que conozca nuestra realidad y que, desde la misma forma que ha logrado importantes avances en la lucha contra el narcotráfico, avance en conseguir el resto de nuestros objetivos. 

    Casi todo lo que sucede es por algo y termina dejándonos una huella que con el tiempo, lejos de desaparecer, permanece y arrastra sus secuelas. Perdemos demasiado tiempo en banderías entre los nuestros y los vuestros, No debemos instalarnos en la melancolía, ni recordar el pasado con resentimiento, que nos impida vivir el presente y plantearnos positivamente el futuro.

    Ir de frente a la larga es mucho más interesante y productivo que caminar por senderos retorcidos, entre relatos llenos de falsedades en los que se mezcla todo, y ocupan titulares, mentiras que parecen verdades.