Miércoles, 27 de Octubre de 2021
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El miedo

  • Imagen de Patricio González
    Por Patricio González
    Político y escritor. Alcalde de Algeciras tres legislaturas. Ingeniero técnico naval
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    Yo pensaba que este Estado de Alarma y esta pandemia iban a servir para convertirnos en mejores personas y más solidarias. Al principio, salíamos todos a aplaudir a los sanitarios a las ocho. Después, cuando nos enterábamos de que uno de ellos vivía cerca le decíamos que se fuera de allí porque nos podía contagiar.

    El caso es que ha ocurrido todo lo contrario y es por EL MIEDO que puede llegar, además de bloquear, a modificar los comportamientos y hábitos de las personas y en muy poco tiempo.

    El miedo nos está convirtiendo en máquinas contra todo lo que puede suponer una amenaza. Y esto no es que sea mejor o peor. pero sí lo es el que convirtamos en amenaza cualquier cosa que nos pase por la cabeza.

    Por ejemplo, estando en estos tiempos de coronavirus, una persona, usted mismo, está en cualquier cafetería y allí , al fondo de la barra, un señor está tosiendo (usted no tiene ni idea de que ese hombre es alérgico). Usted y varios clientes más de la cafetería le están escuchando toser. Y usted y esos clientes se miran frunciendo el ceño y pensando en lo que deben de hacer que no es otra cosa que invitarle a que se marche de la cafetería. Y punto, porque el que tose es un peligro y hay que expulsarlo de esta sociedad.



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    Da igual que esta persona sea alérgica o no lo sea, no hace falta ni preguntar, hay que acabar con ese peligro.

    Si alguien cree que esto que les digo es una exageración no tiene más que ir a la hemeroteca. No son pocas las agresiones habidas en los transportes públicos. Los agredidos parecían estar enfermos y se les invitaba a marcharse por las buenas o por las malas.

    Ya no nos miramos como antes. Ya no nos abrazamos. Y creemos que no hay ninguna necesidad de hacerlo. Ya veremos si volveremos a hacerlo en el futuro cuando llegue, si llega, la vieja normalidad. Nos estamos queriendo pero a distancia, pero no se olviden que el roce hace el cariño.

    Si el tema va por no ayudar a un ciego a cruzar la calle por miedo a contagio. O por no hablar con una vecina que lleva tres días sin hablar con nadie y que está más sola que la una. O pensar que al dar un paseo el peligro lo podemos tener en cualquier esquina, me parece que nos estamos equivocando.

    El coronavirus mata, eso está claro. Pero, encima, está generando un tremendo miedo que nos está destrozando. Y eso no puede ser.




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