Domingo, 16 de Mayo de 2021
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Míster Picardo, monumento a la prepotencia

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    De un tiempo a esta parte, el primer mandatario gibraltareño vuelve a mostrarse conciliador con España, y lo escenifica con una inconteniblepropensión hacia el abrazo a diestro y siniestro, especialmente a cualquier persona con cargo institucional que se le ponga a tiro a ese lado de la frontera. La estrategia encaminada a blanquear su imagen ante la opinión pública española continua sin tregua, con la ayuda inestimable de algunas entidades e individuos de aquí, empeñados en ayudarle, no desinteresadamente, dicho sea de paso. Ya habrá tiempo de analizar estas ‘cloacas’ políticas en más profundidad.

    No hay que confundir este gesto con un genuino interés por normalizar las relaciones transfronterizas, ni ningún deseo por su parte de fomentar el entendimiento y estrechar lazos de verdad con la ciudad vecina, y más allá de eso, con España. La nueva actitud de Míster Picardo responde a intereses puramente egoístas, un juego cínico de apariencias y de cálculos deliberados ante la posibilidad de verse aislado, cortado del resto de Europa si se produce un Brexit duro, y Gibraltar se queda al borde del precipicio con los ingleses auto excluidos al otro lado del Canal de la Mancha. 

    Ante esta tesitura, a Míster Picardo no le queda más remedio que revisar el mapa, mostrarse amable y cordial, hacer todo lo posible para que la frontera, la principal arteria de suministros y actividad económica del peñón, siga funcionando de manera fluida y evitar así un escenario potencialmente capaz de hacer tambalear el nivel de vida y la prosperidad de la población gibraltareña. La realidad es que ni en sus peores pesadillas se hubiera imaginado que en algún momento su pellejo político, su imperio económico y su castillo de naipes nacionalista, pendería de un hilo precario, y dependería nada más y nada menos que de la buena voluntad del gobierno de Madrid. 

    Pero lo cierto es que detrás de esta careta de afabilidad oportunista hay que recordar que tanto el cómo Bossano y García, lleva décadas construyendo una narrativa política antiespañola en todos los sentidos, promoviendo enérgicamente el rechazo hacia todo lo español, exhibiendo actitudes xenófobas en numerosas ocasiones. No hay que olvidar, que Míster Picardo a través de sus terminales mediáticas y comandos propagandísticos a ambos lados de la frontera, ha falseado la realidad del Brexit eximiendo a Reino Unido de su responsabilidad para que parezca que es España la culpable de todos los problemas y complicaciones que pueden sobrevenirle al peñón a partir de ahora. 





    Curiosamente, Míster Picardo que hasta no hace mucho fardaba de la extraordinaria capacidad de su ejecutivo para prever cualquier contingencia o contratiempo en relación al Brexit, llegó a describir la salida británica del club de los 27 como una gran oportunidad de negocios para Gibraltar, se ha ido desinflando en su optimismo, en algunos momentos rayando en la euforia desmedida, hasta el punto que en su última comparecencia parlamentaria, en un inusual ataque de realismo, reconoció “la innegable incertidumbre en la que nos hemos visto envueltos,” como consecuencia del Brexit.

    Ahora le ha tocado al bueno de Juan Franco, el sufrido alcalde de La Línea, recibir el abrazo de oso con motivo de la conmemoración del 50 aniversario del cierre de la frontera. Pero hasta en estas ocasiones, que se suponen conmemorativas de viejas efemérides, desagradables en este caso, Míster Picardo no puede dejar de dar muestras de su acostumbrada insolencia, fanfarronería y soberbia que son el sello de sus ocho años de mandato y de toda su trayectoria en la vida pública. 

    Míster Picardo se vanaglorió de la manera más impúdica, sin consideración alguna hacia la difícil situación económica de La Línea, de sus superávits presupuestarios de 85 millones de libras esterlinas, declarando que con el cierre de la frontera el Caudillo no había conseguido su propósito de estrangular a la colonia. Se podía haber ahorrado la lección de pseudo historia y el relato de la resistencia heroica de la población durante los 13 años de bloqueo que sustenta el mito nacionalista. Solo cuenta lo que le interesa y omite importantes datos como, por ejemplo, las muy generosas ayudas económicas que proporciono el gobierno británico durante el periodo del cierre, contraprestación a la utilización de la base militar, millones de libras que periódicamente en forma de Overseas Development Aid mantuvieron la economía colonial a flote, y mediante el cual aseguramos la lealtad de los colonos agradecidos. Míster Picardo como siempre, nos cuenta la historia de forma sesgada arrimando la ascua a su sardina.  

    Y al igual que la izquierda española, pero con conocimientos muy pobres del periodo en cuestión, volvió a invocar al fantasma del General Franco, figura histórica que la transición política y el restablecimiento de la democracia a finales de los setenta ya puso en su sitio, zanjando de esa forma con la reconciliación de rojos y azules, aquellos que habían luchado en trincheras contrarias, cualquier rescoldo humeante de la guerra civil. Le dedicó calificativos como “estúpido”, “malvado” y “maligno” y jaleó las absurdas tentativas del Gobierno de Pedro Sánchez de sacar sus restos del Valle de los Caídos. La realidad es que, sin Franco, el general, Míster Picardo se quedaría sin el punto de referencia básico del nacionalismo gibraltareño, sin un pilar esencial de su discurso, revoltijo demagógico de sentimientos y falseamientos históricos que necesita resucitar al dictador, a un enemigo exterior para manufacturar su coartada originaria y existencial. 




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas