Viernes, 23 de Agosto de 2019
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Mister Picardo, o cuando la cabra tira al monte

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    La ultima refriega, si a eso se le puede llamar la acción ejecutiva de la armada española en aguas alrededor del peñón que España reclama como propias, ordenando a algunos buques comerciales fondeados en la parte este del territorio británico a zarpar de la zona, ha servido para que al primer ministro llanito Fabián Picardo se le caiga la careta y vuelva a mostrar su verdadera cara, y sus verdaderos sentimientos e intenciones hacia el país vecino.

     

    En los últimos meses desde que las orejas del lobo del Brexit comenzaron a asomar por Four Corners, el Sr Picardo reprimió sus habituales exabruptos y faltas de respeto a España, adopto un tono más conciliador y moderado al menos en apariencia, abogando por la cooperación transfronteriza, hablando de simbiosis con La Linea, y de su deseo de diálogo y buenas relaciones con España, que cristalizó en el protocolo de cooperación para el periodo de transición acordado con el Gobierno español, cuya suerte, y disposiciones, esta aun en el aire y depende del devenir del acuerdo general de retirada del Reino Unido

     

    Aprovechaba cualquier acto a este lado de la frontera para regalar abrazos a diestro y siniestro a alcaldes, concejales y otros representantes institucionales y políticos de la comarca, mostrándose partidario del dialogo, templando su obsesión soberanista y modificando su discurso intransigente para asumir el término de reciprocidad mutua como regla de juego fundamental que debe gobernar las relaciones entre Gibraltar y España, incluso defendiendo este principio ante los dardos de su propia oposición parlamentaria que le acusaba de hacer concesiones a España. 

     

    Para alguien cuya cantera política ha sido el nacionalismo radical, no es casualidad que el ala juvenil de su partido GSLP mantenga relaciones fluidas con Esquerra Republicana de Cataluña, e incluso activistas socialistas gibraltareños se fotografíen en redes sociales apoyando lemas por la quimérica republica catalana junto a miembros del partido del golpista Oriol Jorquera, esta evolución hacia posiciones más diplomáticas y pragmáticas olía a chamusquina desde el inicio, a una actitud interesada obligada por las circunstancias, una estrategia de aparente concordia en cuyo trasfondo solo hay hipocresía y no un deseo real de normalización.

     

    Claro el Brexit es mucho Brexit y hasta el Sr Picardo es consciente, aunque jamás lo admitiría en público, que hoy más que nunca dependen de la buena voluntad de Madrid para mantener su bienestar y prosperidad económica, de esa frontera con la muy denostada y permanentemente maltratada España, país que a sus ojos, y esto lo ha pronunciado en la ONU, en sede diplomática, es comparable a Corea del Norte. Palabras suyas. Y se quedó tan pancho.

     



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    Con el mutis por el foro de Bruselas y Estrasburgo de los ingleses, lo más prudente era  tragarse el sapo, aparcar su anti-españolismo, y mantener una relación negociada, civilizada y productiva con España, asegurar la fluidez fronteriza que es la vía principal de suministros, servicios y mano de obra, y por consiguiente su bienestar y el de todos los gibraltareños. 

     

    Pero, como decimos la cabra tira al monte, y ha bastado el mencionado incidente con la armada española, para que el Sr Picardo vuelva por sus fueros, se reencuentre consigo mismo con la honestidad política que no le caracteriza, para despacharse a gusto profiriendo los improperios que son su especialidad y zona de confort, dando rienda suelta a su retórica tendenciosa para dejar caer, leyendo entre líneas, que España es una mierda de país, donde o una de dos, Madrid no puede controlar a sus fuerzas militares, o pretende utilizarlas para avanzar en la reclamación política del peñón. 

     

    En cualquier caso lo que el Sr Picardo pretende con estos desafortunados comentarios no es otra cosa que resucitar de manera subliminal los arquetipos tan consolidados en el podrido imaginario político de la izquierda española sobre el General Franco y el Teniente Coronel Tejero, que Picardo también ha hecho suyos. Pero no quedó ahí la cosa. Después acusa a la armada española, y por extensión a España, de “falta de profesionalidad,” dice que “si no saben leer cartas marítimas no deberían estar al mando de barcos”,  y les culpa de “sembrar el caos poniendo en peligro la vida de tripulantes y la seguridad en el mar,” de llevar a cabo acciones “estúpidas y provocativas para aumentar la tensión,” y acusa a la armada, y por extensión a España, de actuar como matones –utiliza el término que se ha convertido en el multiusos lingüístico más notorio, que igual vale para un roto que para un descosido, de la era posmoderna, el ‘bullying’. Picardo remata la faena diciendo que todas estas acciones tan malvadas y perversas perpetradas por España son “un recordatorio útil del por qué los gibraltareños nunca querrán ser españoles.”  

     

    También ha dicho que los gibraltareños siempre elegirán permanecer en la familia británica antes que ceder en este apartado a cambio de un acceso pleno al mercado único europeo. Lo dice él, y sus plataformas mediáticas en nómina a ambos lados de la frontera. Los gibraltareños no dicen nada, al menos en público sujetos a una férrea censura y a un bombardeo propagandístico permanente impuesto por los medios de comunicación que maneja Picardo, que impiden un debate abierto, sin restricciones sobre el Brexit y sus consecuencias. 

     

    En privado sí que dicen, y mucho, algunas cosas muy alejadas de la ortodoxia nacionalista que defiende Picardo, y es el pueblo de Gibraltar el que tendrá que romper este cerco para expresarse libremente  y decidir, sabiendo que en la vida nada es gratis, cuánto estarían dispuesto a pagar para mantener sus privilegios y alto nivel de vida. 

     

    En el contexto actual, cuando la Union Europea define a Gibraltar como colonia, y donde Reino Unido necesita del apoyo diplomático de España en el Consejo de Europa para navegar, nunca mejor dicho, las tormentosas aguas del Brexit, de hecho en un primer momento Londres le quitó  la razón al mandatario gibraltareño negando que la acción del buque de la armada española fuese una incursión, posicionamiento que provocó la ira de Picardo, es la opinión pública de la roca la que está llamada a pronunciarse alto y claro sobre qué tipo de futuro quiere para sí mismo y futuras generaciones.