Domingo, 16 de Mayo de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

El mojón de Julio Ribas

  • Imagen de Nathaniel Powell
    Por Nathaniel Powell
    Politólogo británico, de ascendencia campogibraltareña, afincado en Europa
    Foro
    El otro día escuche las declaraciones del entrenador uruguayo de la selección de Gibraltar, Julio Ribas, un trotamundos en esto del futbol, venido a Europa como tantos del otro lado del charco y, en su caso del Río de la Plata, en busca de la gloria y la fama deportiva. Escuchar a Don Julio es como escuchar el eco de palabras usadas ya hasta la extenuación, la arenga cansina por sobreactuación que le hemos oído a infinidad de entrenadores sudamericanos, con su verbo fácil, con su disposición para ver e interpretar el mundo y las peripecias que en él acontecen, a través de la lente, del prisma del balón de reglamento.

    Mas desaliñado que el filósofo Valdano o el ingeniero Pellegrini, menos refinado y riguroso en la utilización del lenguaje que el ‘Tata’ Martino, también menos sabio que Menotti, su escuela en cuanto a propuesta futbolística parece radicar en una mezcla de la garra del ‘Cholo’ Simeone con el colmillo torcido de Sampaoli y la marrullería de Bilardo.

    Don Julio se ha encontrado pocos mimbres útiles con los que construir un equipo solvente de cara a los compromisos clasificatorios de la selección, incluso tirando de argucias, como hizo España en los setenta con los oriundos, en su caso de oriundos ingleses, el potencial de la escuadra no ha mejorado significativamente.

    Pero Don Julio sabe dónde se ha metido, y sabe que el futbol en la Roca, al margen del compromiso honesto de la mayoría de los aficionados que apoyan a su equipo, no deja de ser un instrumento político que el Gobierno de Gibraltar ha utilizado desde el primer día. Primer y lejano día ya a finales de los ochenta, cuando alguien pensó que formar parte de UEFA supondría la adquisición de un atributo de soberanía y reconocimiento ante la comunidad internacional, puesto que el equipo tendría que salir con la bandera y con el himno y esto apelaría a los sentimientos de la población, fortaleciendo a su vez, la utópica causa nacionalista que hoy enarbola nuestro amigo Míster Picardo, el insigne y subrepticio mercader de espejismos políticos.

    Fue en época de Bossano como primer ministro, cuyo desprecio por el futbol y el deporte en general era conocido por todos en Gibraltar, cuando el Gobierno decidió financiar la solicitud de admisión en UEFA que culminaron con éxito tras más de veinte años de peregrinajes y litigios por tribunales europeos y varios millones de libras del contribuyente local, gastadas por los ejecutivos de Bossano, Caruana y Picardo para tal fin. Recuerden que el ingreso en UEFA ha sido financiado por el poder político cuando alguien diga que Gibraltar no politiza el deporte, y acuse a España de hacerlo, por su negativa a reconocer federaciones deportivas de la Roca.





    En su última comparecencia ante los medios gibraltareños, medios amigos y nunca mejor dicho, porque Gibraltar puede sufrir una paliza y los titulares del día siguiente estar colmados de cumplidos y ensalzamientos sobre la buena actuación del equipo, Don Julio se sacó el conejo rojiblanco de la chistera de los Juegos de Magia Picardo. El truco que le ha quedado ha sido jugar la carta del nacionalismo, apelar a los sentimientos patrióticos de los futbolistas y ahí hemos visto al oráculo de Montevideo hablar del orgullo de vestir la casaca roja de la selección llanita, recordándole a sus seleccionados que por muchas camisetas que vistan a lo largo de su carrera deportiva, la de la selección será “el equipo de su vida.”

    También dijo que en los partidos que jueguen en Gibraltar, cuando suene el ‘himno nacional,’ los jugadores se giren para mirar de cara al Peñón, como acto simbólico que algunos jugadores tomaron al pie de la letra, mano en pecho, el semblante crispado mientras canturreaban la letra con fervor patriótico. Una escena que quedaba francamente ridícula y fuera de lugar, máxime cuando este supuesto himno no es más que una pachanga de relleno bastante hortera que crearon unos compositores españoles a instancias de los Amigos de Gibraltar, un extraño grupúsculo, financiado por el Gobierno de Bossano a finales de los ochenta, para alentar la ficción que la población española apoyaba la autodeterminación de un territorio en el centro de un contencioso anglo-hispano que dura más de tres siglos.

    En lo que no reparaba Don Julio es que, en su exposición descriptiva, llena de metáforas llamativas, ante una audiencia que no domina el idioma español, esto podría crear algún equivoco o malentendido que otro. A preguntas de un informador, en inglés por supuesto --Don Julio cuenta con los servicios de un traductor federativo, que hace que sus ruedas de prensa parezcan comparecencias del grupo catalán en el Senado español-- el entrenador, valorando la abultada derrota que acababa de producirse, dijo que “los partidos van sirviendo como mojones, para interpretarlos y poder decir qué bien hicimos esto, qué bien o mal” esto otro.

    Ni qué decir tienen que muchos no entendieron el sentido figurativo de sus palabras y mostraron su extrañeza no fuera a ser que el entrenador estaba dictando algún tipo de sentencia ante las prestaciones mostradas por su once sobre el terreno de juego.   

    Quién sabe, quizás a Don Julio le traicionó el subconsciente….




  • Magazine empresarial
    Magazine empresarial