Viernes, 19 de Agosto de 2022
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Ni de izquierda ni de derecha

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    Por Patricio González
    Político y escritor. Alcalde de Algeciras tres legislaturas. Ingeniero técnico naval
    Los líderes de PSOE y PP a nivel nafional. Foto: NG
    Foro
    Tanto los populares como los socialistas juegan tradicionalmente a desequilibrar la balanza electoral con el voto llamado de centro. Pero, ¿Qué es el centro? El centro es ese que es definido como el español común, alguien que no quiere dar grandes pasos hacia adelante pero tampoco recular, simplemente se conforma con mantener lo que ya tiene.

    En no pocas ocasiones hemos asistido a campañas electorales en las que el PP pedía el voto de “los socialistas de bien” o del PSOE intentando encandilar al electorado conservador exhibiendo su buen hacer en el arte de implementar políticas de la derecha. Ese y no otro fue el germen de Ciudadanos: ni de izquierdas ni de derechas, buscando el voto del autónomo que gana 600 euros al mes pero que se ha intoxicado de leer libros de autoayuda neoliberal.

    A esto reaccionaron los círculos, las mareas y las confluencias del «pueblo», a las que se acercó el oportunismo de siempre. El líder vecinal que no encontraba hueco en el PSOE y otros por el estilo siempre descolgados de esa posibilidad de ir en unas listas del PSOE Y, obviamente, surge la contrapartida a esto con la ultraderecha, que bajo el manto de la nostalgia convence a otra serie de gente.





    Nada de eso, sin embargo, ha evitado que la abstención crezca de manera desorbitada hasta el punto en el que podemos decir que las democracias corren el peligro de convertirse en el gobierno de las minorías sobre la mayoría.

    Las organizaciones y partidos políticos tienen la mayor responsabilidad, pero no es desdeñable el impagable servicio que se ha hecho desde los medios de comunicación al sostenimiento de este circo explotando la humana necesidad del mito y aprovechando la debilidad de que la mentira existe porque en general creemos que lo que nos dicen es verdad.

    La consecuencia es que la gran mayoría de la sociedad se abstiene porque su vida, da igual quien gobierne, seguirá siendo la misma. Es algo que los más progresistas solo perciben con el vaticinado batacazo de la noche electoral. Y esto es muy triste.




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