Viernes, 23 de Agosto de 2019
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Nuevas normas jurídicas para que nada cambie

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    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz
    Foro
    En muy pocas ocasiones en los últimos tres siglos hemos asistido a unas semanas tan intensas en novedades legislativas respecto a Gibraltar. Primero fue un Real Decreto-ley, es decir, una norma con aspiraciones a convertirse en Ley aprobada por las Cortes y después un Tratado Internacional, igualmente necesitado de trámite parlamentario. 

     

    El Real Decreto-ley de 1 de marzo se centra en las medidas de contingencia ante la retirada del Reino Unido de la UE sin acuerdo, que afecta a toda España; y el Tratado Internacional, firmado entre los reinos de España y de Gran Bretaña referido exclusivamente a Gibraltar, hace referencia a medidas fiscales, sobre todo centradas en la clarificación sobre la residencia de particulares y empresas, para evitar de ahora en adelante la confusión sobre donde debe tributar cada uno.

     

    La primera de estas normas pasa revista a aspectos tan sustanciales como la ciudadanía, incluida la consideración de los trabajadores transfronterizos, la cooperación policial y judicial, las actividades económicas, el transporte de personas y mercancías, con un apartado específico para esos transportes en el caso de Gibraltar y su vinculación con el territorio vecino.



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    Como puede comprobarse nada baladí, al contrario, todo bastante relevante de cara a ese futuro inmediato que se nos avecina y que sigue lleno de incertidumbre, lo que en muchos aspectos se concreta en falta de seguridad jurídica. Esa falta de seguridad jurídica es lo que pretenden evitar, aunque sea solo en parte, esta serie de normas de nuevo cuño. Alguna de ellas, por cierto, como el Tratado Internacional –el primer Tratado Internacional que se firma en más de 300 años y que tiene a Gibraltar como protagonista- que ha pillado por sorpresa a agentes y actores jurídicos y financieros del Peñón. Éstos se han enterado de su contenido una vez firmado y cuando se ha difundido su articulado.

     

    Sirva todo esto para constatar que algo realmente relevante se mueve y que es muy probable que nada vaya a ser igual después de todo el terremoto de acontecimientos que, desde hace un par de años, llevamos padeciendo. Desde aquel desafortunado referéndum al que, con todo su derecho, se lanzaron los británicos sin saber muy bien a donde les llevaba.

     

    Tanto el Tratado Internacional como el Real Decreto-ley son piezas sobre las que girará a partir de ahora –siempre que no haya acuerdo de salida y aunque lo haya- la relación transfronteriza. Aunque toda la maquinaria estatal tenga por objetivo que nada cambie, al menos en la parte del territorio que comparte verja y paso aduanero, muy bien podría suceder que nada vuelva a ser igual. Que todo cambie para que todo siga igual, en este caso podría no convertirse en realidad.