Lunes, 6 de Abril de 2020
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Por un Campo de Gibraltar sano y seguro

  • Imagen de Antonio Pérez Girón
    Por Antonio Pérez Girón
    Escritor y periodista, cronista oficial de San Roque
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    No cabe duda que el incendio en la fábrica de Indorama, en el polígono petroquímico de San Roque, ha sido la noticia de mayor impacto en la comarca la pasada semana. Digo en la comarca porque, salvo en los distintos medios de la zona, la reacción fue absolutamente tardía. La televisión más próxima, la que llaman “la nuestra” se dilató varias horas en ofrecer la primera información. Prevaleció  el programa de Juan y Medio, y el otro canal continuó también con la programación habitual. Ni tan siquiera se produjo un avance informativo pese a la gravedad del caso. 

    El resto de televisiones comenzó a informar cuando el incendio estaba prácticamente apagado, aunque parecía que el hecho se producía en ese momento. 

    En la época de los avances tecnológicos de todo tipo en el terreno de las comunicaciones, el Campo de Gibraltar sigue estando muy lejos. Lejos de una buena comunicación ferroviaria, lejos de ser entendido más allá de las actividades ilícitas de una zona fronteriza. Lejos, al fin, incluso de la propia comunidad a la que pertenece

    El suceso del pasado día 25 es una muestra de todo ello. Porque si dejamos a un lado el papel de la prensa, qué decir de las administraciones públicas. La descoordinación ha sido patente. En cuanto a la información oficial, se ha centrado en insistir en que la toxicidad ha sido inexistente, aunque el producto que se ha quemado es altamente peligroso para la salud pública.





    La ciudadanía tiene la sensación de que se le está tomando el pelo, precisamente en una cuestión que no debiera dejar margen a la relajación. Con una comarca a la cabeza en enfermedades como el cáncer, son muchos los ciudadanos que declaran que las grandes corporaciones económicas son las que hacen y deshacen, mientras que hay representantes públicos que, o no son conscientes, o tratan de ocultar la realidad, mirando para otro lado.

    Hasta el punto que, en el caso de la Junta de Andalucía, ha suprimido la Consejería de Medio Ambiente.

    Esta situación se agrava con el “taller” sin control de reparación de submarinos nucleares de Gibraltar. Allí los políticos de todos los colores bajan la cabeza ante la imposición del colonialismo.

    El suceso de la pasada semana tendría que ser un aldabonazo para que las cosas comiencen a cambiar, para que los ciudadanos seamos exigentes en demanda de soluciones. En ello, nos jugamos mucho: el presente, por supuesto, pero también un legado de seguridad y salud para las nuevas generaciones. 




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