Lunes, 25 de Mayo de 2020
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¿Puede Gibraltar hacer algo diferente?

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    Por Luis Romero
    Periodista, master en Seguridad y Defensa y profesor honorario de la Universidad de Cádiz
    Foro
    Nunca habíamos estado tan atentos a unas elecciones en un país ajeno como las últimas de Gran Bretaña. Ciertamente todos hemos aprendido mucho en estos últimos años de política interna y parlamentaria del Reino Unido. Del sistema mayoritario puro que le otorga todos los escaños del distrito a quien gana y nada al que pierde; de las alianzas entre conservadores y unionistas irlandeses; de cómo se consigue mentir descaradamente y, sin embargo, que salga rentable.

    Y hemos estado atentos a todo esto porque todos nos jugábamos mucho en el envite. La salida de un socio de la Unión Europea, y sobre todo si el socio es una de las economías más potentes del club, es un asunto que a todos nos afecta y afectará en el futuro.

    En contra de lo que vaticina el flamante ganador por mayoría absoluta, esta salida puede que no le vaya a resultar rentable, ni a corto ni a largo plazo. Pero esto no se comprobará, seguramente, hasta que el hacedor de todo este entuerto ya se haya jubilado o haya sido arrastrado por los acontecimientos, siguiendo los pasos de sus dos antecesores.

    Pasaron los tiempos en que el Reino Unido decidía lo que se hacía o no en medio mundo, aunque hay quien aún cree en los tiempos del Imperio. Y menos aún va a suponer un futuro mejor para quienes, en esta esquinita del planeta, quieren seguir siendo británicos, siendo ese un sentimiento totalmente respetable.





    La dependencia absoluta de Gibraltar de un paso aduanero fluido y casi inexistente en la actualidad con España, convierte a la ciudad vecina en un rehén de la misma verja que erigieron los británicos en 1909 y de la segunda puerta que levantaron las autoridades españolas en 1954, junto a la primera y única hasta ese momento. La verja, no se olvide, la erigieron ellos.

    Con la legislación europea en la mano, España no podía limitar ese paso fluido hasta ahora, pese al Tratado de Utrecht. A partir del 31 de diciembre de 2020, nada lo impedirá y volverá a su plena vigencia lo poco que queda en pie del artículo X de dicho Tratado. El Gobierno español ha manifestado reiteradamente, sin embargo, que no es su pretensión poner dificultades en la verja, pero una nueva realidad se impone tras la salida de la Unión Europea y aún nadie sabe qué va a significar eso. Ni a un lado ni a otro de la verja y, me atrevería a decir, ni en Bruselas.

    La prudencia con que el Gobierno de Gibraltar se está moviendo en estas últimas semanas de cara a legislar respecto al acuerdo de salida, que debe trasponer a su legislación local, es una muestra de que todo, casi todo, sigue en el aire y de que ni siquiera está seguro de que le convenga sumarse sin más a lo que Londres decida, según manifestó ante la Asamblea de Gibraltar el ministro principal hace unos días. El problema estriba en saber si va a tener capacidad, no solo política, sino jurídica internacional, de hacer algo diferente. Los deseos no siempre se cumplen, aunque estemos en Navidad.

     




  • Campaña de Recuperacion Económica - Junta de Andalucía
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