Domingo, 16 de Mayo de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

190 años del fusilamiento de los liberales en San Roque y Campamento

  • Tumba de los liberales fusilados en 1831
    Tumba de los liberales fusilados en 1831
    Historia

    Para muchos de los vecinos que tradicionalmente visitan las tumbas de los seres queridos en el cementerio sanroqueño de San Miguel, pasa inadvertida una con un obelisco terminado en una cruz de hierro. Situada en el primer patio de la zona antigua, el que más historia contiene entre sus panteones, tiene a su lado la de Miguel de los Santos Ayllón, quien donara el caudal necesario para la construcción del camposanto, y la del general Linares, héroe de la lucha contra los carlistas.

    Fusilados en 1831 en San Roque y Campamento, con anterioridad los cuerpos de los veinticuatro liberales fueron sepultados en sendas fosas comunes. Pertenecían al grupo del liberal Manzanares alzado en armas contra el absolutismo y eran de San Roque, Gibraltar, Algeciras, Málaga, Crevillente, Coín, Barcelona, San Fernando, Almuñécar, Bilbao, e incluso uno de Brasil.

    Nueve fueron ejecutados en la citada barriada sanroqueña y el resto junto a los muros del cementerio de San Miguel. Éstos últimos fueron sacados de la cárcel a las siete de la mañana del lunes 7 de marzo y llevados a la capilla de la Caridad, en Cuatro Vientos. Allí permanecieron hasta las tres de la tarde. A esa hora sacaron a ocho y los condujeron junto al cementerio donde miembros de las milicias de Alcázar de San Juan les quitaron la vida. Cuatro hombres que cumplían destierro en la ciudad se encargaron de trasladar los cadáveres a una fosa común del camposanto. A continuación les tocó igual suerte a los siete prisioneros restantes.

    La tropa formada pasó por delante de los cuerpos y posteriormente el capuchino Diego de Manilva ofreció un sermón. El cronista Lorenzo Valverde, que vivió aquellos hechos, dejaría un testimonio excepcional: Era de ver cuando se retiró la tropa, ir el gentío de hombres, mujeres, niños y niñas a ver a los muertos. Asistió a esta última escena la Hermandad de la Caridad, que acompañó a estos últimos hasta la sepultura. Hubo algunos reos que sufrieron ocho o diez balazos por no quedar muertos de los primeros que les tiraron”.





    El cronista relata como en la capilla los condenados fueron atendidos por sacerdotes, que les confesaron y comulgaron, “casi todos comieron con bastante apetito hasta su fin. Les pusieron en un altar tintero y papel para si alguno tenía que escribir algunas cosas a padres, madres o familias. Se dice que algunas cartas escribieron varios, que a más escribieron algunos papelillos que dejaron pegados en las paredes con migajas de pan, en que decían ¡Viva la libertad! Nuestras cenizas, otros vendrán que las vengarán (...) Algunos de ellos salieron de la capilla para ir al suplicio con su cigarro fumando, pero bastante antes de llegar lo tiraron”.

    Con el retorno de las libertades tras la revolución de 1835 el pueblo sanroqueño no quiso dejar en el olvido a quienes habían dado la vida luchando por las libertades. Y con especial emoción se vivieron en la ciudad los actos en honor de ese grupo de jóvenes fusilados por el absolutismo unos años antes. El domingo primero de mayo de 1836 fueron trasladados a la parroquia de Santa María la Coronada, en solemne procesión, los restos de los constitucionales enterrados en una fosa común. Allí quedaron a la derecha del altar mayor. En Campamento se efectuaba una ceremonia idéntica con los allí sepultados. A hombros de seis hombres, que se fueron relevando por el camino, y con canto religioso, llegaron hasta San Roque, siendo colocado el féretro a la izquierda del altar mayor. La Milicia Nacional quedó en el templo toda la noche. Al día siguiente tuvieron lugar las exequias. Tanto al inicio como al final de la misa, los miembros de la Milicia realizaron salvas con sus armas. El sermón corrió a cargo de un predicador venido de Gibraltar.

    En procesión fueron llevados los féretros al cementerio, acompañados de las autoridades y muchos vecinos. La caballería nacional y de carabineros se unió al desfile. En el camposanto, la infantería hizo una última descarga, cuando los restos eran depositados en el primer patio a los pies del mencionado obelisco.

    En 1931, al cumplirse el primer centenario de los fusilamientos, el recién estrenado Ayuntamiento republicano llevó a cabo un acto de homenaje en el propio cementerio, donde entre los intervinientes figuró Carmen Bru Casado, la madre del que luego sería insigne imaginero Luis Ortega Bru. Posteriormente, se descubrió el rótulo de la calle de “Carlos Ascanio y los mártires por la libertad”. Ascanio fue uno de estos liberales, joven de 27 años, natural de Gibraltar y vecino de Algeciras.




  • Cáritas diocesana Cádiz
    Cáritas diocesana Cádiz