Martes, 30 de Noviembre de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

Alegría musulmana por la muerte de Alfonso XI en el cerco a Gibraltar

  • Coronación de Alfonso XI y su esposa María de Portugal (Óleo de Antonio Carnicero)
    Coronación de Alfonso XI y su esposa María de Portugal (Óleo de Antonio Carnicero)
    Historia

    La muerte del rey de Castilla Alfonso XI frente a Gibraltar, en marzo de 1350, y el levantamiento del sitio por tierra y mar, evitó que la plaza cayera en manos castellanas. Una explosión de alegría circuló por el mundo musulmán. Existen testimonios de ese entusiasmo desbordado en cartas que dirigió el rey de Granada, Abulhachac Yúsut a su colega de Fez, Abuinan Fares. 

    En estos documentos publicados en 1914 por el arabista Mariano Gaspar Remiro en la Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, el sultán nazarí daba cuenta de la grave situación en que se hallaba Gibraltar, debido al asedio impuesto por el monarca castellano. “Sus escuadrones de tierra extendieron sus golpes de lanza y de sable por las comarcas y sus escuadras de mar se apoderaron violentamente de todo navío”, decía el granadino, quien acusaba al rey Alfonso de estar “lleno de orgullo y vanidad”.

    Sin embargo, atribuyéndolo a una acción divina la plaza fue salvada: “Dios embistió al enemigo con uno de los ejércitos de su poder, que prescinde del número y de las armas, y nos mostró a ojos vistos el retorno de la alegría después de la tristeza deprimente”.

    Ese “favor” concedido por la divinidad, no era otro que el fallecimiento de Alfonso XI acometido por la peste negra, que había hecho acto de presencia en su campamento. “Hizo que pereciese el infiel por muerte natural y de repente defraudó su esperanza”. Y con ello protegió “esta península peregrina que había llegado a ser presa de los defensores del infiel, e hizo que brillase la luz”.

    En su retirada, los soldados del rey evacuaron el castillo de Estepona que habían tomado en su avance, “y volvió a él el Islam, y ha venido a ser lo que fue, un campo excelente y un terreno sano”, proclamaba el musulmán andaluz.

    Aparte del agradecimiento a Alá, se reconocía el apoyo de su aliado de Fez “fruto de vuestros socorros y resultado de vuestro cumplimento de la guerra santa”.

    La carta, fechada el 13 de marzo (en algunas reseñas aparecen fechas posteriores para la muerte del monarca), fue llevada a la corte del aliado africano por el alcaide Abul-hasan Obad.



    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS II- ARCGISA
    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS II- ARCGISA


    Del mismo modo, Yúsut se dirigió a los habitantes de Almería, perteneciente a su territorio, dando la buena noticia: “victoria del Señor para la cual han sido abiertas las puertas de los cielos”, permitiendo la liberación de Gibraltar, reducida hasta entonces, “a un círculo sofocante”.

    En otra misiva (sin fecha establecida) a su homólogo de Fez, se repite la grave situación atravesada por la plaza calpense,  a causa  “del tirano de Castilla, el cual tuvo avidez de apoderarse de estas comarcas occidentales, situadas delante de los mares”. Esa “ambición” que tilda de “deshonrosa”, llevó al rey castellano  "a trasladar a las ciudades de los musulmanes sus jinetes y peones”.

    En esta carta, de pasada, asumía las quejas que el aliado Abuinan le planteaba acerca del intendente del puerto de Almería, “tocante a sus malas artes y depravadas maquinaciones”. Cuestión saldada con la detención del responsable portuario, pues la ayuda externa era fundamental para los musulmanes andaluces.

    Yúsut remitió otra carta (también sin fecha identificable) que guarda gran importancia histórica, pues daba noticia de contactos con Castilla para salir de la grave presión de los ejércitos cristianos.

    Una negociación aconsejada desde Fez. De hecho el sultán africano había enviado a Granada una delegación diplomática para plantear la necesidad de un acuerdo, que, dada la situación, evitase una total derrota.

    Sin embargo no dio a lugar a ello, pues ya se había tenido noticia de la muerte de Alfonso XI y de la completa retirada de su ejército. Suceso que varió completamente la situación, “mejoró las opiniones, ensanchó los pechos y consoló los ojos”, escribiría el granadino

    Ese regocijo se hacía extensible ante el conocimiento de  los conflictos internos ocasionados tras la muerte del rey cristiano: “ya se ha perturbado las circunstancias de los infieles (…) El temblor de la lucha interior ha llenado sus comarcas y han venido a ser fáciles, por virtud de Dios, las esperanzas del Islam”. Antesala de la primera guerra civil castellana.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas