Domingo, 19 de Septiembre de 2021
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Artistas de la zarzuela se fugan de San Roque para actuar en Gibraltar

  • Programa de una de las actuaciones teatrales (Archivo Municipal de San Roque)
    Programa de una de las actuaciones teatrales (Archivo Municipal de San Roque)
    Historia

    El rumor estaba en la calle y era comidilla en los cafés. El espectáculo estaba previsto para esa noche, pero se había escuchado que algunos intérpretes habían abonado su habitación en la pensión Morata y se disponían a marchar de la ciudad.  

    El 11 de septiembre de 1895 el empresario y dueño del teatro local, José Domingo Vázquez -lo era con su hermano Francisco- compareció ante el alcalde de San Roque, Francisco Emilio Rendón Delgado, denunciando que varios de los artistas de la compañía de zarzuela Navarro-Montosa, contratada para actuar en el local, pretendían incumplir su compromiso de actuación.

    Era la primera vez que se vivía una cosa parecida en la ciudad. El indignado empresario declaró que la función de esa noche estaba anunciada, y para probarlo acompañó su denuncia con un programa de mano. Apremiaba actuar porque el dueño del teatro resaltaba que los artistas implicados tenían dispuestos los equipajes para emprender la salida.

    Ante ello la primera autoridad dictó una orden al “jefe de la fuerza de municipales de esta ciudad para que detenga provisionalmente los equipajes de los artistas que actuaban en el teatro de esta población y trataban de abandonar, faltando a los compromisos que tenían contraídos con el empresario de dicho teatro”. Así lo cumplimentó el citado jefe de la Guardia Municipal, Ignacio Reula Avilés 

    Fracasado el intento de conciliación -a pesar del esfuerzo del alcalde por buscar una salida-, a partir de las cuatro de la tarde comenzó a declarar la mayoría de los componentes de la compañía, de la que era primera tiple Carmen Miquel; tenores, Antonio Villatoro y Emilio Zabala y barítono, Alejandro Rebolledo.

    En su comparecencia en el Ayuntamiento, Leandro Montosa, director de la compañía y representante de la misma relató su intento para impedir la escapada de los artistas, ya que había preguntado a cada uno de ellos sobre sus intenciones. Asimismo había aumentado el sueldo de algunos de los actuantes en diez pesetas.

    Pero de la otra parte, el corista Juan Mora había convencido al cuadro de actores para que rompiesen el acuerdo con el director y se dispusieran a marchar hacia Gibraltar, donde había adquirido un compromiso con el empresario Manruvia, perteneciente al teatro de la misma ciudad. Otro giro se produjo cuando Mora no pagó una cantidad comprometida que, en términos del mundillo teatral, era conocido como “préstamo”, por lo que, volviéndose atrás, el cuadro de actores se dispuso a los ensayos de varias de las obras previstas para el programa de San Roque.



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    Ensayos que fueron interrumpidos de malos modos por Mora, achacando a los intérpretes su falta de palabra. Aunque el ensayo continuó, algunos de los artistas se marcharon buscando la actuación en la colonia, y todo parecía indicar que serían seguidos por el resto.

    No aparece en el expediente la conclusión del caso, pero era evidente que la actuación municipal había logrado evitar la fuga de parte de la compañía, compuesta de más de veinte miembros, imposibilitando su reagrupamiento en otro lugar.  

    Aunque en Gibraltar había una gran afición al teatro, especialmente a la zarzuela, no contaba con un local adecuado para este tipo de espectáculos. El Teatro Real, único entonces existente, había pasado por numerosas dificultades hasta el punto de establecer abonos para contar con público y dinero suficiente para la contratación de compañías. En 1886 para paliar esa crisis la empresa creó un abono por veinte representaciones, sin repetición de obras. La campaña perseguía obtener los fondos necesarios para la contratación de compañías españolas e italianas, las más seguidas por los aficionados. 

    Cuando se produjo el incidente objeto de este artículo, el Teatro Real, que se hallaba en la plazuela de Cañoneros, se encontraba en plena actividad tras permanecer largos años cerrado. Para ello se habían llevado a cabo obras entre los años 1892 y 1893. 

    También el coliseo sanroqueño hubo de mejorar y lo que fue en principio una construcción de hierro y madera se convertiría, a partir de 1902, en un edifico de mampostería. El Catany, así se le llamó, ofreció desde entonces más variedad de espectáculos y de superior calidad.

    Compañías y artistas de relieve pasaron por su escenario. Memorable sería la actuación de la cantaora Niña de los Peines, el 23 de octubre de 1913. Y especialmente emocionante algunas de las actuaciones de grupos locales, que venía a destacar la gran afición a la escena existente en la localidad.

    El cinematógrafo añadió mayor atracción para los asiduos del teatro. A finales de 1907 Francisco Domingo Vázquez comenzó a ofrecer funciones de cine, para lo cual anunció la instalación junto al edificio de “un motor eléctrico”.  La empresa anunciaba, “el gran cinematográfico último modelo sin oscilación Pathé, instalándose también una caseta de hierro, cumpliendo las disposiciones locales, para evitar los temores que pudieran abrigarse en su funcionamiento”. Había que adaptarse a los tiempos modernos. Y lo hicieron, tanto en Gibraltar como San Roque.


    Foto.- Programa de una de las actuaciones teatrales (Archivo Municipal de San Roque)




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