Sábado, 25 de Junio de 2022
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Un campogibraltareño por la prensa libre en las Cortes de Cádiz

  • El cura Terrero Monesteiro

    Vista de Cádiz en el siglo XIX (Museo de las Cortes de Cádiz)
    Vista de Cádiz en el siglo XIX (Museo de las Cortes de Cádiz)
    Historia

    El diputado de las Cortes de Cádiz, Vicente Terrero Monesteiro -personaje controvertido que rozaba el republicanismo , único campogibraltareño en el histórico Congreso, fue uno de los defensores del decreto de Ley de Libertad de Imprenta, aprobado en 1810, y cuyo primer artículo recogía que “todos los cuerpos y personas particulares de cualquier condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin licencia, revisión o aprobación alguna anteriores a la publicación, bajo las restricciones y disponibilidades que se expresarán en el presente decreto”.

    Y digno de enmarcar sería el preámbulo de ese importante decreto de Libertad de Imprenta, que recogía “la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos e ideas políticas es, no sólo un freno a la arbitrariedad de los que gobiernan, sino también un medio de ilustrar a la Nación en general, y el único camino para llegar al conocimiento de la verdadera opinión pública”.

    Sin embargo, materializar esa apuesta por la libertad nunca fue tarea fácil. Siguiendo con las Cortes de Cádiz y el protagonismo del sacerdote sanroqueño Vicente Terrero, hubo casos en los que se puso en cuestión la labor periodística, especialmente difícil en un país sometido a la invasión napoleónica.

    La acción de la prensa del Cádiz sitiado estuvo muy cercana de los intereses de los ciudadanos y trascendía con frecuencia al debate político.

    De esta manera, unas semanas más tarde de su aprobación, la denuncia planteada en las páginas del periódico El Conciso sobre el estado deplorable del Hospital Militar de San Carlos, en la Isla de León -actual San Fernando-, tuvo especial resonancia.





    En este centro hospitalario los propios asistidos corrían el riesgo de perder la vida, según la denuncia. Al referirse a los responsables de esa situación, el diputado sanroqueño, declaró: “pido que a todos los empleados en el hospital de San Carlos se les deponga de los cargos que tienen, que se les encarcele, supuesto que son reos sospechosos de pena capital (…)”. Y en momento de su intervención exclamó: “¡Bendita libertad de imprenta!”.

    En el mes de junio de 1811 el Congreso entabló un debate en torno a una “providencia contra autores de papel sedicioso”. Las Cortes acordaron que el Consejo de Regencia  observara  puntualmente el reglamento del Poder Ejecutivo y el de Libertad de Imprenta. Vicente Terrero mostró su firme defensa de la prensa libre: “si el libro o Memoria impresa se opone a los principios constitucionales de la Monarquía, alegando razones que expresan su opinión, aunque por otra parte sea descaminada, el Consejo de Regencia no es Tribunal que pueda graduarla, ni en cuanto a la intención del autor, ni en cuanto a la extensión de su malicia”.

    Y en su parlamento continuaba: “Si el periódico o papel impreso ataca los vicios del Gobierno, lo que sin duda no es invadir la Constitución del Estado, en este caso el Consejo de Regencia o el Gobierno nada tienen que hacer contra este autor ni su escrito”. Para sostener a continuación que sólo se podían poner en práctica dos cosas: “la primera proveer con mano fuerte y brazo extendido el remedio de los desórdenes manifestados para que no vuelvan a ser objeto de la pública represión; la segunda dar las gracias al hombre benéfico, magnánimo e ilustrado que quiso extender sus luces para propagarlas a lo que los había menester”.

    En otro momento, la Cámara trató de la publicación Asilo de la Nación Española que, remitido a la misma por su autor, manifestaba “que la Nación no puede salvarse sin escoger un príncipe que la gobierne”, añadiendo que esa figura debía “tener conexiones con una nación que pueda contrarrestar la fuerza del tirano”. A renglón seguido proponía, “olvidemos al Rey que hemos jurado; elijamos otro que sea de la aprobación de la Gran Bretaña”. 

    En defensa del periódico salió Terrero: “tres palabras: digo que ese papel no es subversivo; es por lo contrario erudito, es sabio, es elegante. Habla sólo en la hipótesis de que la Nación se viese en la necesidad de sucumbir y de no tener otro remedio: porque franceses, no lo queremos ser, ni lo seremos de ningún modo”.

    Buen momento para recordar este acontecimiento histórico ante la conmemoración -el próximo martes 3- del Día Internacional de la Libertad de Expresión.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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