Miércoles, 29 de Junio de 2022
Twitter
Facebook
Youtube

Cuarenta años de la Operación Algeciras contra la base de Gibraltar

  • Durante la guerra de las Malvinas

    Gibraltar desde San Roque
    Gibraltar desde San Roque
    Historia

    Cuarenta años hace desde el final de la guerra de las Malvinas y de la que fue llamada Operación Algeciras, que tenía como fin la destrucción de buques de guerra británicos que arribaban a Gibraltar. El método ya había sido utilizado por los italianos durante la II Guerra Mundial y había dado buenos resultados contra los buques aliados anclados cerca del Peñón.

    Como ya cité en un artículo anterior, hace unos años conocí en San Roque a Marciano, uno de los componentes del comando de buzos argentinos que operó en la comarca y de no ser desarticulado por la Policía española, hubiese llevado a cabo el objetivo previsto. Marciano es el exsoldado Abel Ojeda y llegaba acompañado del periodista, también argentino, César Ríos, que posteriormente escribiría la novela histórica Operación Gibraltar.

    Durante varios días recorrimos diferentes puntos de la comarca por donde transcurrió la estancia del comando especial.

    A finales de mayo de 1982 los cuatro miembros del grupo se establecieron en un piso de la calle Constitución, en San Roque. No llamó la atención en ningún momento, pero buscando un mejor punto de observación se trasladaron a un chalet de Pelayo, en el término de Algeciras.

    Haciéndose pasar por empresarios argentinos de vacaciones, aficionados a la pesca, comenzaron a hacer incursiones en las aguas de la bahía. En sus observaciones pudieron comprobar que la vigilancia en el puerto gibraltareño estaba muy relajada: no tenía colocadas las redes antisubmarinas y algunas de las garitas carecían de centinelas.

    Marciano me comentó que tenía profundas dudas sobre el daño que podía causar a la población civil el alcance de un atentado en el corazón de la base naval. En este sentido, en un determinado momento sus compañeros lo confinaron en la casa de una familia, en pleno campo.

    La familia estaba compuesta por una mujer y tres hijos -dos niñas y un niño-. Con la segunda de las niñas, que tendría 9 o 10 años, Marciano entablaría una relación de confianza. En una ocasión, éste reveló su identidad a la menor, añadiendo que se hallaba en España realizando algo importante para su país. Y más tarde le facilitaría el nombre y su domicilio en la Argentina. Sin embargo, los intentos de reencuentro resultaron negativos.





    El comando estaba formado por Máximo Nicoletti, un experimentado buzo que había militado en el grupo armado Montoneros; el también exmontonero Antonio Nelson Latorre, conocido como Pelado Diego; otro supuesto exmontonero al que se le denominó Marciano -el mencionado Abel Ojeda, interlocutor del autor de este artículo-, y como coordinador el capitán de la Armada Héctor Rosales.

    Abel Ojeda no pertenecía a Montoneros, según me declaró. Realizaba el servicio militar obligatorio. Sus ideas de izquierdas -Argentina se hallaba bajo la dictadura militar- trascendieron en el cuartel, donde fue arrestado. Puesto en libertad, participó en el desembarco en las Malvinas el 2 de abril de ese año, el inicio de la guerra. Tras ello, retornó a su base donde fue nuevamente detenido y trasladado a Buenos Aires. Bajo amenazas de ser considerado como desertor se le obligó a formar parte del comando para la Operación Algeciras.

    Llegó a comentarse que el hecho de utilizar a antiguos montoneros serviría de coartada, en caso de fracaso, para que el Gobierno argentino pudiese atribuir la acción a terroristas. No fue así. Nicoletti, como miembro de Montoneros había hundido en 1975 el barco de guerra argentino Santísima Trinidad. La Junta Militar argentina se fijó en ello y quiso repetirlo en Gibraltar.

    Tras evaluar varios objetivos, que fueron desechados por el almirante Jorge Anaya, organizador del grupo y miembro de la Junta Militar, la llegada a Gibraltar del destructor Ariadna -de la misma clase que el Sheffield, hundido por la aviación argentina- supuso la oportunidad esperada. Anaya autorizó la voladura del buque, fijándose la misma para la noche del siguiente día, el 31 de mayo.

    De producirse el éxito de la operación, los componentes del comando saldrían por La Línea, donde, muy cerca de la playa habían estacionado un vehículo. Luego marcharían a Barcelona para dirigirse a Italia, y desde allí volar a su país.

    Aunque las versiones no coinciden en su totalidad, lo cierto es que la intervención policial española frustró la operación en el día anterior.

    Ojeda me comentó que su detención se produjo cuando huía campo a través, cerca de la actual autovía, y por sus indicaciones, aunque no puedo asegurarlo, podría tratarse de las proximidades del arroyo de la Mujer, a dos kilómetros de San Roque. El resto del comando lo fue en un conocido hotel de la zona y en el momento de alquilar el turismo que pretendían utilizar para desplazase. Los detenidos fueron trasladados a Madrid y desde allí enviados a Buenos Aires.

    Por su parte, Ojeda en su retorno al Campo de Gibraltar, no pudo localizar a la familia y a la pequeña -hoy una mujer adulta- con la que ocupaba largos ratos de charla.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas