Viernes, 22 de Octubre de 2021
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Evitado un duelo a muerte entre jugadores del hotel Príncipe Alfonso

  • El Príncipe Alfonso en 1931 (Copia Archivo Municipal de San Roque)
    El Príncipe Alfonso en 1931 (Copia Archivo Municipal de San Roque)
    Historia

    Envueltos en un código de honor por encima de cualquier marco legal, ambos hombres acompañados de sus respectivos padrinos -que habían negociado los términos del duelo- recogían las pistolas seleccionadas unos días antes. Vestían con elegancia el ofendido y el ofensor. El lance escogido sería a muerte, no a sangre como en otras ocasiones, que fue considerado suficiente para lavar la ofensa de turno. La luna llena dejaba caer su claridad sobre el terreno escogido y varias lámparas se mantenían encendidas en las manos de los escasos asistentes.

    Se hallaban espalda con espalda para iniciar los pasos establecidos y comenzar los disparos. Una voz sonó como un rayo inesperado. “¡Detengan esta locura!”. José Cano Aldana, alcalde pedáneo de Campamento, llegaba a tiempo para evitar una tragedia.

    Fue más lejos el pedáneo sabedor de lo ocurrido en el salón de juegos del hotel Príncipe Alfonso. Su compromiso de que aquello no trascendiese, debía llevar aparejado una reparación hacia el ofendido. Una reparación sin armas de por medio. Los padrinos negociaron los términos de la iniciativa del bueno de Cano. No se conoce más. Parece que el jugador venido de Sevilla lamentó el incidente del hotel, donde, según algún relato indicaba quiso intimar con la esposa del ofendido. El desagravio llevaba consigo su marcha inmediata del municipio. Ninguno de los protagonistas volvió sobre el asunto, pues también ello formaba parte de un pacto “entre caballeros”. No obstante, algunos detalles llegaron a circular entre los jugadores del hotel ese mismo verano de 1922.

    Algunos años antes, esta vez en San Roque, otro duelo entre miembros de la Comisión de Festejos había sido evitado, pero en aquella ocasión se debió a discrepancias sobre la organización ferial, según lo aportado por Nicolás González-Deleito.

    Merece la pena referirse al hotel donde había tenido lugar el desafío. El Príncipe Alfonso se hallaba en la barriada de Campamento, en el término de San Roque. Se construyó en 1915, y al año siguiente fue abierto al público, aunque la sociedad propietaria no se constituyó hasta marzo de 1918. El capital social importó 250.000 pesetas.

    El gran atractivo del hotel era su casino de juego, suponiendo una verdadera entrada de dinero para la empresa, tanto por el producto del mismo como por el consumo que tenía lugar en su bar y restaurante. Tanta era la actividad con gente que llegaba de diferentes puntos de Andalucía y Gibraltar, que tenía a disposición de su clientela un servicio de transporte compuesto de cuatro vehículos.

    Muy cerca del hotel se hallaba el merendero del Príncipe, muy utilizado por los vecinos de Campamento y residentes gibraltareños.



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    En el hotel se solían alojar los toreros que actuaban en las plazas de La Línea y San Roque, y no faltaron actuaciones flamencas de relieve.

    La calidad del servicio y la uniformidad de sus empleados, donde se incluía un grupo de botones -que aparte de su sueldo obtenían interesantes propinas-, y las fiestas que tenían lugar, alcanzó a más allá de Andalucía, pues el hotel llegó a anunciarse en periódicos y revistas de distintos puntos. Algunos de los anuncios de prensa aludían a la calidad de las bebidas. Marca habitual de cerveza eran Ind. Coope y los vinos Marqués de Riscal, Viejo Oloroso y La Ina.

    En este sentido, en agosto de 1921, el periódico madrileño La Libertad insertaba el siguiente anuncio: “Hotel Príncipe Alfonso. Magnífico hotel, recientemente abierto al público, está construido con todas las comodidades, confort e higiene, y situado en la playa del Poniente, en la carretera que de San Roque conduce a La Línea y Gibraltar. Cuenta, además, con un servicio de automóviles que permiten rápida comunicación con todos los pueblos del Campo de Gibraltar. Pensión, desde 15 a 25 pesetas. Dirección telegráfica y telefónica: Alfonso, La Línea”.

    Las grandes ocasiones también tenían como punto de celebración las instalaciones del hotel. Así, un acuerdo de sesión municipal del 25 de septiembre de 1920, aprobaba el abono de veinte pesetas al secretario del Ayuntamiento, “que asistió a la velada de Campamento y comida de gala en obsequio de las autoridades de este Campo en el hotel Príncipe Alfonso con ocasión de dicha velada”.

    Con la prohibición del juego por el dictador Miguel Primo de Rivera, en 1923, se dio la puntilla al negocio, que comenzó a languidecer hasta su total desaparición en los primeros años de la década siguiente.

    Según el que fuera cronista de La Línea, Francisco Tornay, la idea de su construcción vino por la proximidad del hipódromo de Campamento, pues algunos de sus accionistas lo eran de la Sociedad Andaluza de Carreras de Caballo, que explotaba este deporte en la zona. Aparte de ello no hay que perder de vista los partidos de polo que se organizaban en Campamento, todo un lujo en aquellos tiempos.

    Tornay señalaba que los fundadores fueron Antonio y Matías Murto, el gibraltareño Andrés Ferrari y el linense Pedro Freddi, y alguno más que no logró identificar.




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