Lunes, 19 de Agosto de 2019
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Gibraltar: refugio y persecución de los liberales españoles

  • Playa de los Catalanes. Grabado sobre dibujo de C. Reiss, 1840
    Playa de los Catalanes. Grabado sobre dibujo de C. Reiss, 1840
    Historia

    No siempre fueron bien recibidos los refugiados políticos españoles en Gibraltar. Muchas veces se ocultaban en los barcos y pontones de la bahía de la persecución policial inglesa. Llegaron a crear juntas clandestinas y muchos fueron detenidos por las autoridades del Peñón. En otras ocasiones encontraron solidaridad y apoyo entre los gibraltareños. Se ofrece una relación cronológica de esta circunstancia relativa al intenso y convulso siglo XIX.

    1811. El general Ballesteros: en 1811 el Times se ocupaba frecuentemente de los éxitos del general Ballesteros en la zona del Estrecho, y el 26 de octubre afirmaba que el general estuvo descansando en Gibraltar unos días y que fue objeto de grandes agasajos. Al reintegrarse al frente, lanzó una proclama pidiendo a la población gibraltareña se hiciese una colecta con el fin de reunir el dinero necesario para organizar y equipar sus tropas.

    1811. El pueblo de San Roque: como consecuencia de la ocupación napoleónica, el pueblo sanroqueño se refugió dos veces en el Peñón. La última de ella en 1811, con tan mala fortuna que, a causa de una tormenta, se produjo un desprendimiento de rocas en la playa de Los Catalanes y murieron 18 personas.

    1812. Comerciantes gaditanos: a raíz del decaimiento comercial del puerto de Cádiz, muchos mercaderes de la capital de la provincia buscaron negociar en Gibraltar, convirtiéndose, en algunos casos, en suministradores del ejército que luchaba en España contra los franceses.

    1823. Diputados y militares constitucionalistas: el nuevo cónsul en Gibraltar, González Rivas, que sustituyó al que venía desempeñando el cargo durante el período constitucional, José Shee envió al secretario del Despacho de Estado una relación de las personas que había llegado a la plaza y entre los que había 82 diputados a Cortes, 19 generales, 43 militares de diferentes graduaciones, algún que otro profesional, y el restos, funcionarios. Se trataba de una primera oleada compuesta fundamentalmente por personas de significación que se apresuraron a salir del país antes de caer en manos del recién establecido gobierno absolutista.

    1824. Refugiados liberales. El número de españoles refugiados en Gibraltar ascendía a 410 de los que 250 se hallaban en la bahía, entre Punta Mala y Punta Carnero. Entre ellos se hallaba el coronel Francisco Valdés, quien en el mes de agosto se apoderaría de Tarifa. Las autoridades británicas hostilizaron continuamente a estos refugiados, produciéndose detenciones de importancia.

    1827. Se estableció en Gibraltar una Junta de Refugiados, que tenía como misión mantener la comunicación entre los liberales que habían permanecido en España y los que habían tenido que salir al exterior. Sus miembros pasaron muchas dificultades ante el control y espionaje inglés.

    1830. José María Torrijos: el militar liberal después de haber estado refugiado en Inglaterra y Francia, se instaló en Gibraltar. En enero de 1831 entraba en España, siendo rechazado en el cachón de Jimena por los absolutistas de San Roque. En el mes de diciembre desembarcó en la costa malagueña con un grupo de liberales, donde fue traicionado y fusilado



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    1831. En Gibraltar se hallaban ocultos Francisco Fernández Golfín, que fue ministro de la Guerra en 1823; Juan López Pinto, teniente coronel de Artillería y jefe político de Calatayud en el citado año; Juan Ruiz Lara, ayudante primero de la Milicia Voluntaria de Madrid, y Antonio López Ochoa, teniente coronel de Caballería. De ellos, sólo este último fue sorprendido antes de la expedición de Torrijos, y detenido en Gibraltar. El resto formó parte de los 46 (para algunos autores 51) liberales que acompañaron a Torrijos en la madrugada del 30 de noviembre en su salida hacia tierras malagueñas.

    1832. Se creó una nueva Junta de Refugiados, en cuya constitución figuraban varios habitantes del Peñón, entre los que destacaba Aarón Cardozo. Comerciante, banquero, hombre de grandes poderes e influencias, había decidido apoyar a los liberales más por razones personales que por convicciones políticas,

    1838. El general Ramón María Narváez tuvo que refugiarse en el Peñón por habérsele formado causa como implicado en el movimiento popular que estalló en Sevilla. Librado del castigo, después de haber dirigido un manifiesto a la nación española, estableció su residencia en Gibraltar hasta el año 1843. Posteriormente fue jefe de Gobierno de Isabel II hasta 1868.

    1841. Narváez se refugia en el Peñón durante el mandato de los liberales progresistas y la Regencia de Espartero, aunque se le exigió la promesa de que no intervendría en los asuntos políticos de España.

    1843. Procedente de San Roque pasó a Gibraltar el barón de Carandolet, que había sido el comandante militar del Campo. No quiso sumarse al levantamiento contra Espartero. Desde Gibraltar embarcó para Cádiz.

    1844. Se refugiaron los esparteristas Agustín Nogueras, los coroneles Salvador Valdés y Carlos Carballo (jefe de la Milicia Nacional de Algeciras), y el diputado provincial por Los Barrios José González de la Vega. También el jefe de Correos de San Roque, Jacinto Guerrero.

    1859. Se encontraba en el Peñón Gabriel de Císcar, ex regente, de quien se afirmaba que llegó a tal extremo de necesidad que tuvo que ser socorrido con una pensión por su amigo lord Wellington. En el año 1860 sus restos mortales fueron exhumados y trasladados a San Fernando.

    1868. Se hallaba en Gibraltar el general Prim, quien había arribado el 17 de septiembre. El militar progresista llegó y se mantenía disfrazado para evitar su detención. Dos días más tarde se produjo el destronamiento de Isabel II. El almirante Topete le esperaba en la bahía de Cádiz, donde se les uniría, entre otros, Sagasta, el general Francisco Serrano y Abelardo López de Ayala, redactor del manifiesto que contenía las causas de la revolución y la exposición de los fines de la misma.