Domingo, 19 de Septiembre de 2021
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Los gibraltareños y el origen del Toro del Aguardiente

  • Actual iglesia y Plaza de Amas, el lugar elegido por los gibraltareños para su romería
    Actual iglesia y Plaza de Amas, el lugar elegido por los gibraltareños para su romería
    Historia

    Ha estado ausente en los dos últimos años debido a la pandemia. El festejo del Toro del Aguardiente fue recuperado en 1979 por el primer Ayuntamiento democrático de San Roque, y tiene su paralelismo entre las celebraciones de los llamados “toros de soga” de otros lugares de Andalucía.

    Su origen podría remontarse a los tiempos anteriores a la ocupación de Gibraltar por los ingleses. En la antigua ermita dedicada a San Roque, levantada donde hoy se halla la iglesia de Santa María la Coronada, tenían lugar romerías y peregrinaciones.

    Cada 16 de agosto, día del santo, los gibraltareños se trasladaban a dicho lugar en romería. Así lo menciona Lorenzo Valverde en su Carta Histórica: “el sitio agradable y pintoresco, la estación más a propósito por la diversidad y abundancia de frutas frescas y exquisitas que ofrecía este paraje facilitaba amables liberaciones. El mismo día, luego que acababan los oficios divinos, ataban en árboles un toro o dos, con largas cuerdas para divertirse con ellos”.

    Con la pérdida de Gibraltar, los gibraltareños establecidos en las cercanías de la ermita mantuvieron la tradición del toro de la soga, popularmente conocido como del Aguardiente. Este divertimento también se organizaba en otros momentos de la vida vecinal.

    De esta manera, encontramos antecedentes de la suelta del toro en el Sábado de Gloria, costumbre que se mantiene en otras localidades gaditanas.

    En el caso del Campo de Gibraltar, la villa de Los Barrios celebra el Toro Embolado cada Domingo de Resurrección. Y La Línea también tuvo su puntual Toro del Aguardiente.

    A pesar de su popularidad no siempre contó con el favor de las autoridades superiores. Así, en abril de 1818, el regente de la Real Audiencia Territorial, Isidoro Sanz de Velasco, solicitó del Cabildo la debida información sobre la suelta de un toro el Sábado Santo, sin contar con autorización.



    Verano Cultural La Línea
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    El Ayuntamiento contestó que, en efecto, por espacio de “una o dos horas” se había celebrado la fiesta, a pesar de que, como autoridad municipal, se había opuesto abiertamente.

    Seguía informando el Cabildo que cuando un grupo de vecinos proyectó correr el toro, el Ayuntamiento se negó y comunicó a los carniceros que no se hicieran cargo de res vacuna alguna si la celebración se llevara a cabo.

    Asimismo, se prohibió la venta de cuerdas para atar al animal. Pero más tarde, seguía informándose, “reunidas algunas personas de fuero militar fueron al campo”, y de allí volvieron con un morlaco atado de una cuerda que sujetaban varios soldados, “el cual lidiaron por las calles”.

    A la fiesta se agregó buena parte del vecindario, descontento con la prohibición. Nada pudieron hacer las autoridades para impedirlo. El responsable de la jurisdicción ordinaria se vio obligado a encerrase en su casa junto a los alguaciles que le acompañaban, “para no comprometer un lance de funestas consecuencias si hubiese tratado de evitarlo”.

    En otras ocasiones la controversia estuvo ausente y se organizó con motivo de alguna celebración extraordinaria. Así ocurrió el 20 de mayo de 1834 por el bautismo en la parroquia sanroqueña de Santa María la Coronada, de la joven gibraltareña, judía conversa Loy Ladero Hasan, fugada de su casa de Gibraltar.

    Esta primera y larga etapa se cerró en 1900, año en que el astado de nombre Marinero, de pelo cárdeno y seis años de edad, dio muerte en la calle San Felipe, junto a la desaparecida ermita del mismo nombre, al cabo de la Guardia Municipal, Domingo Tudela Manzorro.

    Durante la nueva etapa, los graves incidentes ocurridos en 1992 -el animal corrió sin ataduras y saliéndose del recorrido-, que provocaron el sacrificio de la res en plena calle, obligó a la reconducción del encierro con la creación de una peña encargada del mismo.

    El acortamiento de la carrera, la limitación del tiempo y la vigilancia del cumplimiento de las normas, sirvió para que, desde entonces, la incidencia fuese mínima.




  • Cáritas diocesana Cádiz
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