Martes, 30 de Noviembre de 2021
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La comarca, gracias a Campamento, centro hípico de Andalucía (I)

  • Actividad promovida desde Gibraltar

    Hipódromo de Campamento en 1906. Foto: Copia Archivo Municipal de San Roque
    Hipódromo de Campamento en 1906. Foto: Copia Archivo Municipal de San Roque
    Historia

    De la importancia del municipio de San Roque, concretamente la barriada de Campamento, en el desarrollo de las carreras de caballo, nos da cuenta una información aparecida en la prestigiosa revista madrileña La Ilustración Española y Americana, el 5 de mayo de 1871.

    En ella se señalaba: “Hace años que -si nuestros informes no son inexactos-  se introdujeron las carreras de caballos en el campo de San Roque, celebrándose varias veces bajo la iniciativa del general Don, que mandaba en Gibraltar, y mostraba grande empeño en que la guarnición de aquella plaza adquiriera y conservase relaciones amistosas con los pueblos circunvecinos. Las fiestas hípicas del campamento se han sucedido sin interrupción en aquella comarca por espacio de treinta años, tomando en ellas parte principalmente la oficialidad de la colonia y algunos vecinos de los pueblos inmediatos”.

    Este hecho queda corroborado a continuación cuando se afirmaba que “del campo de San Roque la afición se ha extendido por Andalucía, celebrándose carreras de caballos en Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María y Sevilla, en cuya ciudad se han arraigado definitivamente”.

    Por tanto, fue el Campo de Gibraltar anterior al resto del territorio andaluz en la introducción de este deporte, incluido la propia Sevilla.

    La trascendencia de este deporte en la zona, se debía a la gran influencia inglesa a través de la colonia de Gibraltar, y por supuesto, a contar con espacios adecuados para ello. Amplios terrenos donde también se practicaba el polo y el golf, deportes vinculados a las clases sociales altas, pero que distinguían a la comarca a nivel estatal, como reflejaba la prensa de fuera.

    La Sociedad de Carreras de Caballo de inauguró en 1904 un nuevo hipódromo en los llanos de Campamento. El rey Alfonso XIII concedió para la ocasión una copa de plata.

    La actividad hípica fue creciendo y sus encuentros eran cubiertos por distintos medios. El 31 de mayo de 1905, La Correspondencia de Cádiz, se hacía eco de una de las carreras verificadas, destacando su cronista Hernani, la infraestructura de las instalaciones y la afluencia de público: “La solidez del muelle construido por la Sociedad, era otro aliciente que contribuyó poderosamente a que la afluencia de gente fuese mayor que en ocasiones ordinarias”.



    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS - ARCGISA
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     La presencia de público femenino era habitual y el informador lo hacía presente muy al estilo de la época, escribiendo que el “bello sexo se encontraba dignamente representado, luciendo sus mejores galas, y dando a la fiesta ese carácter alegre a la par que distinguido”. Una nota que, según el periodista, resultaba en todo momento “sobresaliente”.

    Volviendo a la prensa de Madrid el diario La Época, en su número del 14 de agosto de 1906, dedicó también un amplio espacio bajo el título “El sport hípico en el Campo de Gibraltar”. 

    La información era servida por el corresponsal en Gibraltar, el linense Enrique Gómez de la Mata. Daba cuenta el cronista del elevado número de carreras, superior al de cualquier otro lugar de España.

    Añadía que en tres días, con nueve carreras cada uno, se habían disputado 14.500 pesetas en premios, así como dos magníficos trofeos donados por la infanta Isabel (una caja de plata para cigarros) y por su hermano Carlos (una copa de plata).

    El infante Carlos ostentaba, por otro lado, la distinción de presidente honorario de la sociedad. La influencia de los Larios de Gibraltar era más que evidente.

    Las carreras patrocinadas por los miembros de la Casa Real solían contar con una gran participación. Así, la citada de la infanta Isabel contó con dieciocho caballos, y el del infante, catorce. 

    La primera fue ganada el caballo Dandy II, montado por el teniente inglés Whittle, y la segunda por el equino Daisy, montado por el jockey Enrique Sant. Se daba la circunstancia que, en este caso, el animal era propiedad del juez de campo de la sociedad, Matías Murto. 

    Por otro lado, la relación entre los militares británicos y la empresa hípica era muy estrecha. En este sentido, oficiales y jefes destinados en el Peñón formaban parte del jurado, manteniendo una buena relación con sus colegas españoles.
     




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