Viernes, 23 de Abril de 2021
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La Iglesia en Gibraltar antes de la ocupación inglesa (y II)

  • Actual iglesia anglicana de King’s Chapel, antes perteneciente al convento de franciscanos
    Actual iglesia anglicana de King’s Chapel, antes perteneciente al convento de franciscanos
    Historia

    En la descripción de la presencia religiosa en Gibraltar que el cronista Hernández del Portillo hizo en la primera mitad del siglo XVII, dejaba un excepcional testimonio sobre las iglesias existentes. Así, recogía, “hay en esta ciudad una iglesia del señor San Juan de Letrán, de razonable edificio y grandeza (...) está subordinada a iglesia y colegio de San Juan de Letrán de Roma. Tiene una capilla donde se ganan las mismas indulgencias y jubileos que en la de Roma”. En cuanto a Nuestra Señora de la Cabeza, indicaba que fue mezquita, “a los muy antiguos de esta ciudad siempre le oí llamar de Santiago, después de Santa Brígida, y últimamente de Nuestra Señora de la Cabeza. Fue esta la iglesia parroquial antigua de la ciudad”.

    En la Barcina se hallaba la ermita de San Sebastián, “muy antigua. Parece fábrica de cristianos, aunque no la sacristía”.

    En la Plaza Mayor, localizaba otra ermita, “donde está un hospital nombrado de la Misericordia, donde se curan muchos heridos y enfermos de diversas enfermedades –excepto de bubas- con mucha caridad y se crían niños expósitos. Es muy antiguo. Del tiempo casi esta ciudad se ganó a los moros”. La buba se asociaba a tumores venéreos.

    Otra ermita era la de Nuestra Señora del Rosario, que se ubicaba “en la puerta nueva”. Y aludía a otro hospital, el de Nuestra Señora de los Desamparados, fundado por el ventero de Albalate (hoy término de San Roque) Juan Mateos, “que peleó cuando entraron los turcos, a quien todos conocimos y tuvimos por santo”. En ese momento el hospital era tutelado por los padres de San Juan de Dios, quien se habían hecho cargo del mismo en 1591 y se llamaba Nuestra Señora de la Salud. Mateo murió en olor de santidad y fue enterrado en la epístola de la iglesia.

    En el monte había otras tres ermitas: San Juan el Verde, Nuestra Señora de los Remedios y Nuestra Señora de Europa. Hernández del Portillo destacaba la devoción de los gibraltareños a María, “es cosa maravillosa ver la devoción que en esta ciudad se tiene con Nuestra Señora la Virgen Madre de Dios, pues casi todas las iglesias que en ella hay son de su advocación”.





    La iglesia mayor, que es donde ejercería el conocido sacerdote Romero de Figueroa, adoptó el nombre de Santa María la Coronada. “por haberse ganado esta ciudad a los moros últimamente en la octava de su Asunción”. Esa devoción a la Virgen también se dirigía a Nuestra Señora del Rosario, Soledad, de Limpia Concepción, del Socorro, de Clarines, de las Angustias y de la Cabeza.

    Imágenes que recibían culto en distintos templos. En San Juan de Letrán, Nuestra Señora de los Dolores y otras dos, una de la Madre de Dios y Nuestra Señora del Camino. En la Santa Vera Cruz, Nuestra Señora de los Dolores. En la Merced, Nuestra Señora de las Mercedes, “y otra muy devota Nuestra Señora del Socorro”. En la Villa Vieja, Nuestra Señora de la Cabeza. En San Sebastián Nuestra Señora de Clarines. En la puerta del Mar, Nuestra Señora de las Angustias.

    Portillo se mostraba agradecido por la intercesión de la Virgen, pues la ciudad, obtenía “grandes favores y mercedes”. Con orgullo reconocía que desde “tiempo inmemorial se puede decir que nunca se ha castigado ni llamado por el Santo Oficio de la Inquisición a ningún natural de ella”. Hecho que juzgaba de gran valor si se tenía en cuenta que contaba con puerto por donde entraba gente de los lugares lejanos “y algunas de las partes septentrionales que no sienten bien de la fe, moros, turcos y otras naciones”.

    Al hacer la descripción de la ciudad y sus campos, Hernández del Portillo, explica que “en estas huertas está la iglesia o ermita de San Juan el Verde, que es de la encomienda de los Caballeros de San Juan del Hospital, que ahora dicen de Malta”. El motivo de llamarse verde lo justifica el cronista por estar compuesto su techo de tejas verdes, de las que ya quedaban pocas cuando escribía su crónica.

    Iglesias e instituciones religiosas que en su mayor parte desaparecerían al ser ocupada la plaza por los ingleses, aunque la población actual de Gibraltar continúa siendo mayoritariamente católica.




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