Martes, 2 de Marzo de 2021
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La nevada que sorprendió a la ciudad de San Roque en febrero de 1935

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    La nevada fue una fiesta para San Roque
    La nevada fue una fiesta para San Roque
    Historia

    La gran nevada caída hace unos días en buena parte de España sirve para rescatar una página olvidada de la historia cotidiana de la comarca. El sábado 9 de febrero de 1935, poco antes de las doce del mediodía, los vecinos de San Roque no daban crédito: la nieve visitaba intensamente la ciudad. El asombro se transformó de inmediato en alegría generalizada.

    En unos recortes de prensa de la época se encuentra testimonio de ello. El cronista José Domingo de Mena describió el momento: “En muchos balcones las muchachas extendían las manos acariciando y aclamando a la nieve. Y en los talleres y oficinas, interrumpido espontáneamente el trabajo, el personal se apiñaba expectante en puertas y ventanas”.

    Junto a él, para dejar constancia del momento, partieron hacia distintos puntos de la ciudad los vecinos Pérez Delgado, López Zafra y de Sola Díaz, éstos últimos dotados de cámaras fotográficas. Aunque son contadas las imágenes que se conservan, gracias a estos improvisados gráficos, pueden apreciarse rincones de la localidad completamente cubiertos, pues, como recoge el reportaje, “las personas más ancianas solo recordaban haber visto en su infancia caer algunos copos”.

    La nieve permaneció copiosamente sobre los campos y los tejados de las casas, “y sobre los mismos transeúntes, especialmente el elemento joven que salía expresamente a recibir el blanco y excéntrico bautismo”.



    Arcgisa - Capaña textil
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    Y casualidades de la vida, el periodista aludía a la visita, momentos antes de empezar la nevada, de una compañía artística “de cosacos -rusos y mongoles auténticos en su mayoría- que funciona en La Línea, y que acaba de salir de San Roque, dejando en las calles, con el pintoresco recuerdo de sus caballos y de sus clarines, de sus capas blancas y de sus gorros de piel, la evocación de Rusia y de sus nieves”.

    La nevada duró una hora y, según la crónica, “la zona de extensión se localizó casi al término de San Roque. Sin embargo, el fenómeno alcanzó, en forma de reflejo simultáneo, a Gibraltar, La Línea y Algeciras”.

    En unas notas manuscritas también debidas al cronista, puede leerse: “La intensidad de la nevada se aprecia especialmente en los detalles del tejado, completamente blanco, de la Plaza de Toros, y del asiento del Banco Largo, que destaca la blancura de los copos”.

    Sobre la una y cuarto de la tarde amainó la nevada y al poco cesó lo que parecía un sueño. La nieve, “única en los anales de la ciudad”, dejaba su efímero recuerdo en las calles, y en unas pocas fotografías, hasta ahora irrepetibles.




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