Sábado, 25 de Junio de 2022
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El Nazareno que vino de Gibraltar cumple 300 años en San Roque

  • Venerado en el Peñón en el convento de franciscanos

    Un jinete corta el paso a la procesión genovesa del Nazareno. Recreación del pintor Miguel Núñez
    Un jinete corta el paso a la procesión genovesa del Nazareno. Recreación del pintor Miguel Núñez
    Historia

    En un artículo anterior me refería a cómo los gibraltareños, situados en torno a la loma de San Roque, se hicieron con la imagen del Nazareno durante una procesión realizada por los marinos genoveses de Gibraltar. Ahora se cumple el tricentenario de este hecho que ha quedado en la historia de la ciudad. La cofradía conmemora esta efeméride con un programa de actos que se inició el viernes de la semana pasada.

    Arrebatado a la altura de la antigua finca de Benalife, en el actual Campamento, en una procesión autorizada a salir del Peñón, el artista sanroqueño Miguel Núñez ha recreado ese momento.

    Jerónimo Aguilar Rubio, hermano mayor de la cofradía, fue uno de los grandes protagonistas en su historia gibraltareña.

    En 1653 solicitó celebrar cabildo para la elección de fiscales y mayordomos. Uno de éstos, José de Palma, en marzo de 1671, pidió mandamiento del provisor y vicario general del obispado de Cádiz “para sacar la reliquia de Jesús Nazareno del coro del clero y ponerla delante con los religiosos y música en la procesión del Viernes Santo”.

    Una procesión que marchaba con gran humildad, pues como señalaba su mayordomo, “irá con tan moderada cera como de seis hachas”, donación de un devoto.

    La solemnidad marcaba su salida del Viernes Santo, donde procesionaba acompañada de los franciscanos, uniéndose muchos devotos con túnicas y cruces.

    En una interesante aportación del historiador Quintana Álvarez, se recoge que en las últimas décadas del siglo XVII, la hermandad era “la más pujante de las cofradías de penitencia de Gibraltar”, añadiendo que era la que contaba con la economía más saneada. Ello procedía “exclusivamente de las limosnas ofrecidas por sus hermanos y los devotos”.





    Su sede era el convento de franciscanos, una institución de peso en la ciudad y donde no faltaron roces con hermanos de la cofradía. Los cofrades querían actuar de manera independiente a los frailes y la situación tuvo momentos verdaderamente complicados.

    De este convento, hoy sede oficial del gobernador militar británico en el Peñón, se recogen aquí algunas noticias de la época, y de las que hay constancia en el Archivo Histórico Diocesano de Cádiz:

    El vicario denunció al guardián del convento el 23 de julio de 1599 “por no haber consentido la publicación de un mandamiento del provisor del obispado para que ninguna mujer se confiese fuera del confesionario”.

    También se dieron pleitos entre vecinos en relación con el uso del convento. Así, el 24 de diciembre de 1616 los hermanos Sebastián Daca Bocanegra y Juana de Escalante, planteaban uno contra Bartolomé del Valle y su mujer, Luisa de la Maessa, “por un asiento de tapete y cojín en la iglesia del convento”.

    El 29 de agosto de 1662 fray Pedro Ventura de Minaya, en nombre del convento, “sobre que los curas, beneficiados, clérigos y capellanes de la dicha ciudad no puedan llevar derechos doblados por los entierros que en la Iglesia de dicho convento se hacen”.

    En este apartado de litigios, el 17 de noviembre de 1670, el clero gibraltareño presentó denuncia contra el convento franciscano por el cobro de derechos de entierros. Pleito que continuaba al siguiente año en la jurisdicción ordinaria bajo el epígrafe “sobre la posesión inmemorial de la limosna y derechos funerales”. En enero del año siguiente fray Alonso de Morales, predicador y guardián del convento demandó a Lucas de Valderrama, presbítero de dicha ciudad y deudor de la renta de la memoria que fundó Gonzalo García de Mendoza y Beatriz Sánchez.

    En febrero de 1683 Juan de Mesa informaba al obispo sobre el nuevo guardián de San Francisco.

    En junio de 1700 denuncia del presbítero y procurador del convento contra los presbíteros Matheo y Francisco Terrero y el clérigo Ovejero “y otros muchos eclesiásticos y seculares vecinos de Gibraltar, que son deudores de tributos y otros emolumentos a su convento”. Y ya en 1701, en noviembre, Gaspar Pampes, síndico del convento otorgó su poder a fray Juan Calderón, procurador del convento de San Francisco de Cádiz, para todos los pleitos del de Gibraltar ante el obispo y provisor del obispado.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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