Martes, 30 de Noviembre de 2021
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Noventa años de la llegada del cine sonoro a San Roque

  • Un repaso a la censura cinematográfica en la localidad

    Proyecciones en el Catany. El sonoro aún no era una realidad (Archivo Municipal de San Roque)
    Proyecciones en el Catany. El sonoro aún no era una realidad (Archivo Municipal de San Roque)
    Historia

    Todo un acontecimiento del que se cumple ahora noventa años. El tan esperado cine sonoro se anunciaba en las páginas del semanario local El Altavoz. Era el año 1931 y se exhibía una cinta de “dibujos sonoros” y la superproducción Los misterios de África. Tres días duró el espectáculo, 25, 26 y 27 de septiembre. La empresa del Salón Alameda ponía en conocimiento del público que no se había reparado en sacrificios para hacer posible el acontecimiento, avisando que el “aparato, disco y banda” era de la marca Weshern Electric, añadiendo, “no confundir este aparato con el de Algeciras, pues para su montaje llegará un ingeniero, un montador mecánico electricista y un operador. Si este se pusiera fijo, costaría 65.000 pesetas, cosa imposible en esta población”.

    La historia de la exhibición cinematográfica, sus anécdotas y sus protagonistas forma parte de la vida cotidiana de pueblos y ciudades. Trataremos, en este caso, sobre la acción de la censura.

    Entendida como una forma de coartar la libertad de creación y expresión la censura reglada ha estado siempre presente en el marco de los estados totalitarios. También en momentos excepcionales de la vida democrática.

    En plena guerra civil, el bando rebelde publicó una orden el 21 de marzo de 1937, firmada en Valladolid por el gobernador general Luis Valdés Cabanillas, por la que quedaba constituida en La Coruña la Junta de Censura Cinematográfica.

    Se argumentaba la iniciativa en los siguientes términos: “en la labor de regeneración de costumbres que se realiza por el Nuevo Estado no puede desatenderse la que afecta a los espectáculos públicos, que tanta influencia tienen en la vida y costumbres de los pueblos”. Y añadía: “siendo uno de los de mayor divulgación e influencia, sobre todo en los momentos presentes, el cinematógrafo, exige la vigilancia precisa para que se desenvuelva dentro de las normas patrióticas, de cultura y moralidad que en el mismo deben imperar”.

    En este sentido, el artículo cuarto establecía que “ninguna película se podrá proyectar dentro del territorio liberado si no va acompañada de la hoja correspondiente de censura, y los empresarios que infrinjan esta disposición incurrirán en la multa de cinco mil pesetas la primera vez, y en caso de reincidencia se procederá a la clausura del local donde se proyectase”.

    En los primeros años de posguerra el franquismo llevó a cabo una intensa labor propagandística. La Sección de Propaganda de Guerra, que dirigía el escritor y exvecino de San Roque, José Carlos de Luna, visitó la ciudad en junio de 1945, proyectando varias películas de propaganda. Con anterioridad, en 1940, en el Salón Alameda, fue ofrecida la cinta Frente de Madrid, de Edgar Neville, y rodada en la Italia de Mussolini.

    En septiembre de 1943 la Delegación en San Roque de la Vicesecretaría de Educación Popular notificó al empresario del Cine Salón, de la barriada de la Estación de San Roque, que por parte de dicha delegación, se impediría “la proyección de toda película que no se presente a la censura provista de autorización original de la Comisión de Censura Cinematográfica”.



    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS II- ARCGISA
    CAMPAÑA ACEITES VEGETALES USADOS II- ARCGISA


    La advertencia se hizo realidad con la prohibición en el mes de octubre del filme La kermesse heroica. La reincidencia de la empresa al mes siguiente, hizo que dicho organismo, propusiera a la Alcaldía que se diese conocimiento del hecho al Gobierno Civil de la provincia a fin de que impusiera la sanción correspondiente.

    Unos días más tarde, el 13 de noviembre, se informaba de la prohibición en dicha sala de Polizón a bordo, “por no venir provista de la hoja de censura”.

    Ante la denuncia planteada por el Ayuntamiento, el día 23, el gobernador civil respondió que el alcalde tenía facultad suficiente para imponer la sanción económica que procediese, ya que ostentaba la representación del gobernador en el municipio. Recordaba que la multa podía alcanzar las 500 pesetas, “graduando el importe de la sanción al grado de malicia existente, situación económica y antecedentes político sociales del infractor”.

    Parece que más que burlar a la censura la empresa del cine de la Estación carecía de los medios para comunicar las proyecciones. Así, por parte municipal, se enviaron a los empresarios los modelos de solicitud para obtener la autorización para la celebración de espectáculos.

    Ya en la década de los cincuenta, en junio de 1952, tuvo lugar un juicio de faltas contra los empresarios del Cine de Verano de San Roque por la proyección de la película Belinda, clasificada como no apta para menores de catorce años. La denuncia fue realizada por el sacerdote coadjutor de la parroquia Santa María la Coronada, quien había requerido a la Guardia Municipal por hallarse en la sala varios menores de edad. Se recogía en el escrito que el cura en “su labor de guardián”, iba acompañado por algunos miembros de la Juventud de Acción Católica.

    En marzo de 1953 se recordó a las empresas de la circular del Ministerio de la Gobernación, “sobre asistencia de menores a películas que hayan sido declaradas no aptas”.

    Con anterioridad, una orden de 29 de octubre de 1949, había establecido que “las películas ya dictaminadas y las que en los sucesivo se clasifiquen por la Junta Superior de Orientación Cinematográfica como toleradas lo serán para menores de 14 años de edad”. En este sentido, quedaban obligadas todas las empresas cinematográficas a hacer constar en los anuncios y carteles, pizarras y otros medios la referida clasificación. “Tolerada o no tolerada”, ahí se hallaba la cuestión.

    Finalmente, en 1961, en la sesión municipal del día 8 de junio, el concejal y futuro alcalde, Pedro Hidalgo, manifestaba su queja porque en los cines de la localidad, “no se observa por la superioridad la debida prohibición de asistir a las sesiones de películas no aptas a los menores de 16 años”. Consecuentemente se insistía en la obligación de prohibir el acceso a los menores por parte de los empresarios de salas y de la Guardia Municipal.




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