Martes, 24 de Noviembre de 2020
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Nubarrones se ciernen sobre la economía de Gibraltar

  • La frontera desde La Línea en 1965
    La frontera desde La Línea en 1965
    Historia

    Podría considerarse la antesala de lo que luego sería el cierre de la Aduana y posterior de la verja. En noviembre de 1964, ante las evasivas británicas en el contencioso gibraltareño, el Gobierno español adoptó rígidas medidas en el paso fronterizo. Cortar los excesos del contrabando fue el motivo alegado, pero la acción se enmarcaba en las presiones ejercidas para forzar la negociación instada por Naciones Unidas.

    La prensa inglesa se hizo eco, alertando de los perjuicios que ello acarrearía a la colonia. The Times sostuvo que se trataba de medidas deliberadas para retrasar el tráfico, siendo los turistas, que en gran número utilizaban Gibraltar, como base para visitar Andalucía, los principales afectados.

    Daily Mail tituló «España aprieta el cerco comercial a la Roca», y su colega The Guardian apostó porque el Gobierno británico se mostrarse firme sobre el principio de que Gran Bretaña no renunciará jamás a su soberanía sobre Gibraltar. Como un augurio que se cumpliría unos años después, el laborista Sun escribiría que era posible que España estuviese considerando el cierre de la verja.

    Los efectos de la acción española fueron inmediatos. La compañía aérea BEA comunicó que el adelanto del cierre del control aduanero de La Línea, repercutiría en los tres vuelos nocturnos semanales a la colonia. Los pasajeros habrían de pernoctar en el Peñón antes de poder pasar a España.

     

    Una economía afectada

     

    Atendiendo a los datos de la publicación Annual Report, editada por el Gobierno gibraltareño, existían matriculadas en la plaza una embarcación de 125 toneladas, 49 barcos a motor –desplazando 3.138 toneladas– y 12 embarcaciones de menos de 60 toneladas. A pesar de lo exiguo de esta flota, Gibraltar había reexportado durante 1963, 265.000 litros de whisky.

    Del mismo modo, la cantidad referida a cigarrillos de procedencia norteamericana fue de 1.032 toneladas. La reventa de café de diferente procedencia fue de 842 toneladas.



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    Según informaciones de 1965 en el quinquenio 1959 a 1963 la Hacienda española había perdido más de 2.000 millones de pesetas. En ese mismo período el servicio aduanero había contabilizado 948 salidas de lanchas desde el Peñón.

    A partir de la presión aduanera el paso ilegal de mercancías se resintió considerablemente y la afluencia de compradores al comercio local provenientes de España cayó hasta un 95 por ciento.

    Las restricciones también se dejaron notar en la disminución del tráfico portuario. El periódico El Calpense pidió a las autoridades locales que exigieran de las británicas que los barcos de esta nacionalidad hicieran escala en la plaza. Recordaba el rotativo que en el primer semestre de 1965 habían tocado puerto 95 mercantes y 48 cruceros, frente a 125 y 35, respectivamente, en el mismo período del año anterior.

    En el verano de ese año se agudizó la crisis y el propio director general del Automobile Association, que agrupaba a dos millones de socios británicos, Alec Durie, escribió al Foreing Office exponiendo el problema y demandando una solución.

    Ya en el mes de abril, en la reunión celebrada en Burdeos por la Unión Internacional de Organismos Oficiales de Turismo (UIOOT) la delegación gibraltareña intentó una condena al Gobierno español por supuesta persecución del turismo en el puesto de Policía y Control de La Línea. Aunque la protesta constó en acta no consiguió ser respaldada, pues las medidas se atenían a la normativa existente en el país.

    A principios de noviembre quedó suspendido el ferry Boat Surward de la compañía Kloster que desde hacía cuatro meses realizaba el trayecto Southanpton-Gibraltar. La empresa anunció que en lo sucesivo lo haría al puerto de Málaga.

    Los ánimos se caldearon al otro lado de la verja y un militar de alta graduación lo sufrió de manera directa. En la tarde del 2 de julio, viernes, como cada fin de semana, el comandante naval británico T. W. Best, cruzó la frontera para disputar un partido de polo en instalaciones de la comarca. Le acompañaba un grupo de cuatro de sus oficiales. Mientras que ello ocurría se desarrollaba una manifestación de vecinos gibraltareños contra la política aduanera española. La protesta subió de tono cuando el contraalmirante y sus amigos se negaron a atender la petición de los manifestantes para que no cruzaran al otro lado de la verja.

    Tal fue la indignación que el militar fue esperado hasta su vuelta al Peñón y, en plena frontera, fue increpado, teniéndose que refugiar en la aduana. De allí salió custodiado por la policía gibraltareña. Una comisión de vecinos fue a expresar sus quejas ante el gobernador Dudley Ward por lo que consideraba un acto insolidario del militar.

    La economía del Peñón acusó el golpe de la presión fronteriza y la exclusión de permisos de residencia de extranjeros, que hubieron de instalarse en la colonia. No obstante, el alto funcionario de Exteriores británico lord Walson intentó calmar a la Cámara de los Comunes, declarando que «todavía podemos soportar las medidas adoptadas», y que esperaba «no tener que ejercer represalias contra España».

    Lo cierto es que, a pesar de la evidente animadversión de los laboristas británicos al régimen franquista, había otros intereses comunes por medio. En los primeros once meses de 1964 Gran Bretaña había vendido a España por valor de 14.000 millones de pesetas, mientras que las ventas españolas al mercado británico se situaron en los 11.600. Ese año 1.703.751 ingleses llegaron a territorio español en visita turística. La polémica y el enfrentamiento quedaban para los gobiernos respectivos.




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