Viernes, 1 de Julio de 2022
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Poder militar y choque con la autoridad civil en el siglo XIX

  • La Comandancia concede la exclusiva de venta de leche a Gibraltar

    Vista de Gibraltar sobre 1870. Foto. NG
    Vista de Gibraltar sobre 1870. Foto. NG
    Historia

    Los desencuentros entre la autoridad municipal de San Roque y el gobierno militar del Campo, no era nada nuevo. Su momento más álgido se produjo cuando ocupó la Comandancia General Javier Castaños, al que me he referido en otras ocasiones.

    Castaños evitó el golpe de mano del Incógnito para la recuperación de Gibraltar (ver en este medio “El extraño caso del Incógnito y el último intento de recuperar Gibraltar”) y, dada su poca simpatía con el Cabildo heredero de Gibraltar, aumentó el distanciamiento que sobre la autoridad local ya mantenía.

    Su enfado por determinadas protestas municipales, le llevó a la exclusión de la representación oficial civil de las fiestas que organizaba en el cuartel de Buenavista, en Campamento. Actos muy conocidos que solía compartir con el gobernador británico. Comportamiento proclive a los ingleses que no era bien visto en la ciudad.

    Conviene recordar que el Ayuntamiento de San Roque ya se había manifestado contra la decisión de Castaños que, en 1803, había autorizado a que el ganado del Peñón pastara en territorio del municipio.

    En un duro escrito dirigido al corregidor Ignacio Pérez Vizcaino, el general mostró su enfado con el Consistorio. “si no considerase que la alta dignidad de mi empleo y la fundada satisfacción de mi modo de proceder me ponen fuera del alcance de las acusaciones criminales (…)”. Así se expresaba el que habría de resultar victorioso contra los franceses en Bailén.

    En 1813, en esa línea de preponderancia del estamento militar, una nueva crisis se produjo en plena guerra de la Independencia cuando la Comandancia General del Campo de Gibraltar decidió dar la exclusiva de la venta de leche al Peñón a José Herrera.

    Todos los ganaderos del municipio se dirigieron por escrito al alcalde Juan Antonio Rosier, quien advirtió a la autoridad militar que “los jefes militares no deben intervenir ni mezclarse en lo económico-político ni gubernativo, cuyo conocimiento está conferido a los ayuntamientos y alcaldes, según lo declarado en la Constitución”.





    Los pequeños ganaderos fueron más lejos y se concentraron a las mismas puertas de la Casa Consistorial, entonces existente en la popular Plaza de Armas. Ellos eran los más perjudicados y en Antonio de las Heras encontraron el representante idóneo.

    Abastecer a Gibraltar era primordial para el negocio, pues los productos ganaderos eran inexistentes en la plaza.

    Así las cosas, el alcalde dio un paso más. Como Herrera hacía caso omiso a las órdenes municipales, alegando que sólo atendía a las del mando militar, Rosier mandó detener al potentado ganadero. La Comandancia exigió su liberación, que se llevó a cabo, pero Herrera perdió la exclusividad del comercio para satisfacción del resto de ganaderos.

    La acción de Rosier fue determinante y muy bien acogida entre los pequeños agricultores y ganaderos.

    En esa coyuntura bélica continuó el establecimiento de fuerzas del ejército en la comarca. En muchas ocasiones a expensas de ser sostenidas por los municipios, exhaustos en su economía. En ese año un destacamento del Regimiento de Infantería de Málaga se estableció temporalmente en el cortijo del Rocadillo.

    El propietario del caserío, José de los Santos Izquierdo pidió al Ayuntamiento que le remediase los perjuicios que los soldados causaban en la finca.

    Las fuerzas militares continuaron confluyendo en el municipio. En 1813 se estableció en el barrio de La Línea un piquete de la compañía de Marbella, mientras que se autorizaba a varios habitantes de Gibraltar a ampliar el territorio de uso de pastos cuyo límite se había establecido en la dehesa del Zabal, hasta el arroyo de la Mujer.

    No sería hasta la revolución de 1868 cuando los liberales suprimiesen la jurisdicción militar que afectaba principalmente a los municipios de San Roque y La Línea. Un poder que no tardaría en retornar.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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