Lunes, 16 de Mayo de 2022
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Sobre las instalaciones militares desaparecidas frente a Gibraltar

  • Una propuesta para establecer nuevas baterías

    Antiguo grabado de Gibraltar. Foto: NG
    Antiguo grabado de Gibraltar. Foto: NG
    Historia

    “Ya nada de todo aquello existe”, pues tan sólo permanecía la población de Campamento, explicaba José de Ribas, teniente coronel, comandante de Artillería en el Campo de Gibraltar, al describir la zona cercana a la colonia en un documento que ilustra sobre las instalaciones militares surgidas en torno a las guerras con Gran Bretaña y los intentos de recuperar el Peñón.

    Campamento –recogía el jefe militar– “ha recibido muchas mejoras, pues habiendo edificado casas en él los ingleses, se ha hecho una población nueva y bastante bonita”.

    Campamento –en el término de San Roque y en plena bahía– había surgido como consecuencia de ese despliegue militar y se había convertido en espacio fundamental de la sociedad británica con base en Gibraltar.

    A Ribas se le había ordenado un estudio para la fortificación de determinados puntos de la costa gaditana. El proyecto fue redactado en Algeciras en 1841 bajo el título Memoria descriptiva de las costas del Campo de Gibraltar y parte de las de la provincia de Cádiz, en que se propone el modo de fortificarlas y artillarlas para su mejor defensa.

    La descripción de las antiguas fortificaciones frente a la ciudad calpense discurre desde el extremo derecho de la línea defensiva, cerrada por el castillo de San Felipe, “y siguiendo desde él el viaje por la costa hacia Algeciras, el sitio donde estuvo el fuerte de Punta Mala”.

    Este fuerte llama especialmente la atención del militar, que recuerda que “como todas las baterías de esta costa, fue destruido en el mismo tiempo y por los mismos agentes que destruyeron la línea de Gibraltar”.

    Sobre esta fortificación, señala que estuvo situado cerca del mar, “a la inmediación de la nueva población que ahora se llama el Campamento, y que antes se llamaba el Real, y era el cuartel general de los ejércitos que han sitiado a Gibraltar”.

    Añade que contaba con una batería semicircular que dominaba perfectamente la bahía de Gibraltar y su muelle viejo, “y cruzando sus fuegos con el demolido castillo de San Felipe causaba mucho daño a la plaza, y alejaba de ella todos los buques que intentaban entrar en su muelle”.

    Ello habría obligado a la construcción por parte de los ingleses del muelle de Punta Europa, conocido como Muelle Nuevo. Del fuerte de Punta Mala quedaba, en la fecha del informe, la cisterna y un cuerpo de guardia “en regular estado de servicio”. Ese mantenimiento se debía a que era usado por el cuerpo de Carabineros en su represión del contrabando.





    Hace memoria Ribas sobre “los muchos establecimientos y edificios militares que había a la espalda y a muy corta distancia de estas dos baterías”. Expresamente cita “el magnífico hospital de sangre con su cuerpo de guardia, y un muelle, los parques de artillería e ingenieros”.

    Junto a ello el laboratorio de fabricación de explosivos, el conocido cuartel de infantería de Buenavista, otros cuarteles para la caballería, los almacenes de pólvora “de la Cantera o de la Pedrera, y el del Patrón Benito”, así como otros situados a mayor distancia.

    Otra de las dotaciones militares que cita es el conocido como “la Munición o Provisión general de víveres y utensilios del ejército, en el cual había hornos, almacenes y todas las oficinas necesarias para un tan vasto establecimiento”.

    Un conjunto de medios para el asedio a Gibraltar que se completaba con las fábricas establecidas en Jimena y en el río Guadiaro, “para la fundición de municiones huecas, que surtieron de bombas ygranadas al ejército que sitiaba Gibraltar por los años 1782, durante la época de aquella guerra, que es conocida en este país con el nombre de la Guerra Grande”.

    Una batería nueva

    El proyecto apostaba por establecer una batería de cuatro piezas de gran calibre. La artillería propuesta era considerada la ideal, pues no sólo batiría la totalidad de la playa del istmo, e incluso la propia plaza de Gibraltar, sino que cruzaría su fuego con la que “deberá establecerse en Puente Mayorga, y flanquea perfectamente la ensenada que tiene a su frente, que es buen fondeadero”.

    Según ese criterio, con esta instalación se impediría un posible desembarco en este punto de la bahía. La artillería de Puente Mayorga estaría bien conectada con las fuerzas situadas en San Roque a través del camino existente.

    De las posibilidades manejadas, recuerda que entre el fuerte de Punta Mala y el castillo de San Felipe existió otra batería, denominada de Tessé, jefe de las tropas francesas, aliadas durante el primer sitio a Gibraltar. Sin embargo, Ribas no consideraba necesario restablecerla, porque situándose cerca de la primera, no tendría la utilidad deseada.

    El proyecto de artillar la zona contó siempre con la oposición británica, y los elementos defensivos que en el siglo XVIII existieron del lado español, quedaron en la historia y en reseñas de estudiosos militares como el teniente coronel José de Ribas.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas