Jueves, 11 de Agosto de 2022
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Sobre la Algeciras de entreguerras (II)

  • Exploradores de Algeciras en una imagen de los años veinte
    Exploradores de Algeciras en una imagen de los años veinte
    Historia

    La carestía de la vida, especialmente la de productos de primera necesidad, enfureció a los vecinos de Algeciras en los años posteriores a la finalización de la I Guerra Mundial. En varias ocasiones se denunció en la prensa la subida de los precios. El kilo de pan había alcanzado una peseta y el semanario El Lábaro Hispano no tardó en tratar la cuestión con todas sus aristas: “si el asunto sólo tuviese un aspecto, el económico; pero es que hay más, el pan no solo es caro, sino que se vende falto de peso y contiene agua en mayor cantidad de la que es debido”.

    El periódico no dudó en censurar la responsabilidad municipal: “la dejadez de nuestro Municipio, no sólo es altamente censurable porque permite se detenten los interese del pueblo en beneficio de un particular, sino porque consiente el robo que representa la venta de pan falto de peso, y no persigue el hecho criminal de atentar contra la salud pública”.

    Los ciudadanos trataban de mitigar esas penalidades en el ocio que no todos podían permitirse. La participación en sociedades era una de estas posibilidades. El Círculo Mercantil había sido puesto en marcha por cuatro comerciantes locales. La sociedad recreativa patronal había crecido, pero para su sostenimiento se dio cabida a lo que se denominó “socio concurrente”. Este tipo de socio abonaba una cuota idéntica a la del propietario, pero no contaba con los mismos derechos.

    Un grupo especialmente dinámico era la Unión Juvenil, que se encargaba de organizar los bailes para los más jóvenes e incluía una sección infantil. Sin embargo, en los años veinte serían los exploradores -Boy Scouts- el movimiento juvenil que concentraba a niños de distintas clases sociales.

    Por su parte, las alumnas del colegio de religiosas de la Inmaculada Concepción, organizaban sus veladas en el Hotel Reina Cristina.

    La fiesta de Carnaval era ocasión única para liberarse momentáneamente de las estrecheces sociales. En este sentido, ante la proximidad del de 1920 un grupo de jóvenes dirigió una carta a la directiva del Kursaal, donde tenía su sede el Club Algeciras, solicitando la organización de bailes con tal motivo. Los muchachos argumentaban la petición en “que en nada gravan a la sociedad, antes al contrario, la benefician, por no tener que dedicar, para estas noches, fondos de alquiler de películas y  a la contratación de algún que otro número de varietés, toda vez que cuenta con una bien organizada orquesta y un bonito tocador”.



    Algeciras - Cabaret Festival
    Algeciras - Cabaret Festival


    De cara a estos populares festejos, también el Círculo Mercantil organizaba sus bailes exclusivos para socios.

    De otro lado, el deporte del fútbol tenía en el llano de Torre Almirante (Polvorín) su campo por excelencia. Allí jugaba sus partidos el Athletic de Algeciras, recibiendo las visitas de otros equipos de la comarca, así como los gibraltareños Olimpyc, Europa y El Europeo.

    Las corridas de toros, por otra parte, suponían una de las grandes atracciones, pero no siempre había dinero para organizarlas. Al iniciarse diciembre de 1920 el alcalde Pedro Mónaco Torres convocó una reunión con un grupo de vecinos para poner en marcha una junta organizadora de festejos taurinos. La reunión celebrada en la Casa Consistorial fue calificada de “comedia” por la prensa local que, aunque mostrando su respeto a los componentes de la comisión, no compartió la elección de la misma, por su marcado carácter político

    Las limitaciones gubernamentales impuestas al Campo de Gibraltar, dada su situación geográfica, y la consecuente preponderancia militar, aglutinó la protesta de las ciudades comarcanas. Fue la prensa de estas poblaciones las que incentivaron esas manifestaciones públicas. Algeciras no podía ser menos y se unió a la demanda de cese del general gobernador del Campo de Gibraltar como delegado gubernativo

    Mediante un editorial insertado el 26 de diciembre de 1920, El Lábaro mostraba su total acuerdo con su colega La Voz del Pueblo, para “emprender una razonada y activa campaña, para conseguir que los habitantes de este Campo sean regidos como los demás españoles y disfruten de idénticos derechos”.

    Pero ese año lo que realmente sacudió a la ciudad fue un luctuoso suceso. Manuel Montesinos Molina, natural de Cádiz, de oficio betunero, después de discutir acaloradamente en su domicilio de la calle Baluarte (Higuerita) con su mujer María Ramírez Mateo, de Algeciras, de 32 años, apuñaló a ésta provocándole la muerte.

    La víctima fue atendida en la Casa de Socorro por el médico Ventura Morón y por el enfermero José Rubio. Eran otros tiempos, y la prensa local escribió que “Al Montesinos le indujo el crimen la infidelidad conyugal que observaba la difunta”.




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