Martes, 2 de Marzo de 2021
Twitter
Facebook
Youtube

El último Carnaval de San Roque celebrado en tiempos de la República

  • Edicto suspendiendo el Carnaval de San Roque en 1937
    Edicto suspendiendo el Carnaval de San Roque en 1937
    Historia

    De febrero a febrero. Dos años de diferente signo histórico en San Roque, y por ende en toda la comarca. El último Carnaval organizado (1936) y el que quedó suprimido de cuajo por decisión política (1937). Pocos documentos existen de los antiguos carnavales, aunque en los últimos años, he podido hallar alguno de ellos como el que ilustra este artículo.

    El 21 de febrero de 1936, en plena efervescencia política tras las elecciones generales en las que había triunfado en Frente Popular, el alcalde Luis Ortega López, de Izquierda Republicana, publicó un bando llamando al “mutuo respeto que se debe a los concurrentes de dicha fiesta”. El Ayuntamiento estaba dispuesto a mantener la popular fiesta, pero asumiendo que tendría lugar en un clima nada fácil. Tan sólo hacía unos días se habían producido incidentes con la quema de fotografías de los políticos Lerroux y Gil Robles.

    En ese estado de cosas, donde una parte del ejército avanzaba sus planes de golpe, Ortega López, que sería detenido al ocupar la ciudad los rebeldes, hacía saber que de cara al inmediato Carnaval los disfraces serían permitidos hasta el oscurecer, quedando prohibidos “los trajes e insignias de carácter civil, militar y religioso, incluso los de la Cruz Roja”. Tampoco se permitirían los antifaces y que los varones se vistiesen de mujer.

    Aunque se consentía el uso de serpentinas, flores y papelillos de colores, se avisaba que se utilizarían “con prudente moderación para no molestar al público”.

    Las personas disfrazadas no podrían entonar coplillas, que quedaban exclusivas de las murgas o comparsas que estuviesen autorizadas y que, por otro lado, tan sólo interpretarían las letras permitidas.



    Arcgisa - Capaña textil 2
    Arcgisa - Capaña textil 2


    Por supuesto, nadie portaría armas aunque correspondiesen al disfraz. Una prohibición que se extendía a quienes concurriesen a los bailes u otros lugares de reunión.

    No parece que se produjeran sucesos durante las fiestas, por lo que los vecinos debieron acatar lo mandado por la autoridad local.

    En el febrero siguiente un edicto del alcalde Antonio de Sola, hecho público el día 6, ya con las autoridades franquistas en el poder, se anunciaba la suspensión del Carnaval: “Habiéndose prohibido, en atención a las circunstancias en que se halla el país, por la mayoría de las autoridades locales, la celebración de las tradicionales fiestas de Carnaval, esta Alcaldía, inspirada en los mismos motivos y consideraciones, ha resuelto declarar suspendidas dichas fiestas, esperando de la disciplina y discreción de todos sea fielmente cumplida esta disposición, en evitación de las sanciones que en otro caso deberán ser impuestas”. 

    En plena guerra civil no había muchas ganas de fiesta. A ello había que unir que un número elevado de familias se habían desplazado hacia zona republicana, y con ello parte importante de la savia más popular del Carnaval. Vecinos como Manuel Iborra, Ratón, Miguel Gómez, Andrés El Gordito, Dionisio Palma, Pasteles o Juan Sanmartín, se hallaban en el frente, combatiendo del lado de la República.

    Aquella suspensión se transformó en prohibición. Una prohibición que se extendería hasta la llegada de la democracia, cuando en 1980 el primer ayuntamiento democrático, presidido por el socialista Eduardo López, recuperó el festejo, siendo la primera ciudad de la comarca que lo hacía.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
    Abogados - Jiménez Laz y Cadenas