Miércoles, 29 de Junio de 2022
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Una feria taurina para el final de una guerra

  • En la Algeciras de 1939

    Cartel con los días de celebración de la feria taurina de 1939.
    Historia

    La Feria Real de Algeciras de 1939 contó con varios festejos taurinos, los primeros tras finalizar la guerra civil española. Fueron carteles de lujo: una corrida y dos novilladas. Los matadores fueron Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Pepe Bienvenida. Con toros de la ganadería de Pablo Romero. Tuvo lugar el domingo 11 de junio.

    No hay que olvidar que Algeciras siempre había sido una ciudad con una gran afición taurina y grandes figuras de la tauromaquia habían pasado por su ruedo.

    En la década anterior se pudo constatar la pujanza de la localidad en el mundo de los toros de la comarca. Incluso la subasta de la organización de las corridas suponía un acto bastante concurrido, a pesar de que la sesión tenía lugar a partir de las diez de la noche. La junta quedaba constituida en la propia Casa Consistorial, y, por citar un ejemplo, la de 1921 contó con un depósito previo de 500 pesetas.

    En esa feria de junio se contó con los diestros Martín Vázquez, Belmonte, Belmonte II, Fortuna, Chicuelo, Gallo y Varelito. Los cuatro primeros compartieron la primera corrida de manera imprevista, pues a Martín Vázquez se le incluyó en sustitución de Fortuna del que se creía que no llegaría a tiempo por el descarrilamiento del expreso Madrid-Córdoba. Consiguió llegar en aeroplano y no tuvieron más remedio que actuar los cuatro.

    Volviendo a la feria de 1939, la tarde del 12 se celebró la primera novillada, actuando el ya popular Manuel Rodríguez Manolete, Pepe Luis Vázquez y Paquito Casado. En este caso las reses eran de Miura. Finalmente, el domingo 18 tuvo lugar la segunda novillada. Repitió Pepe Luis Vázquez y completaron la terna Manolo Calderón y Antonio Bienvenida. Los toros fueron de Ramón Ortega, antes Duque de Braganza.

    Los espectáculos fueron amenizados por la banda de música del Regimiento Pavía número 7.





    Dada la afición taurina existente en Gibraltar, se dispuso de vapores especiales desde la colonia, así como de Ceuta. Muchas de las localidades ya habían sido adquiridas previamente en el despacho de Joaquín Bianchi y en la imprenta Roca, que además editó el cartel.

    En el Hotel Cristina, donde se alojaban y vestían los toreros, el bar americano allí instalado estuvo especialmente animado, ofreciendo aperitivos y bailes después de cada festejo taurino. Para no ser menos también el Hotel Hispano organizó bailes con el mismo motivo.

    Lo extraordinario de la ocasión hizo que el restaurante Las Delicias, situado en la avenida del Cañonero Dato (antes de la Marina) y propiedad de Manuel Vázquez Correro, se prodigara en el cocinado de paellas, una especialidad de la casa, que tuvo un gran éxito entre los muchos visitantes. Más modesta era la tasca La Alianza de los Pescaderos, que se hallaba en la calle López, pero que sirvió de alternativa para los menos pudientes.

    El Excelsior Bar, en General Castaños, dispuso de dos camareros de refuerzo, y la confitería de La Rosita, en Emilio Santacana, redobló su producción pastelera.

    Apenas hacía algo más de dos meses del final de la guerra, un enfrentamiento que en Algeciras se había vivido tan sólo con ocasión del bombardeo, efectuado en agosto de 1936 por el acorazado republicano Jaime I, pues desde el inicio de la sublevación la ciudad había quedado del lado rebelde.

    En ese año de 1939 todas las publicaciones, incluidos los anuncios de la feria taurina de la ciudad, llevaban como subtítulo el lema “Año de la Victoria”. Para otros muchos ciudadanos era el año de la derrota y de la más dura represión. La feria, sin duda, no iba con ellos.




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