Miércoles, 4 de Agosto de 2021
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Veinte años de la denominación de Teatro Juan Luis Galiardo

  • El homenaje permanente de un pueblo a un actor excepcional

    Galiardo en la inauguración del teatro que lleva su nombre
    Galiardo en la inauguración del teatro que lleva su nombre
    Historia

    Veinte años con el nombre del desaparecido actor Juan Luis Galiardo ha cumplido el teatro municipal. Hasta esa fecha el local que fue abierto al público en 1995 funcionó bajo el nombre de Alameda.

    Por iniciativa del entonces concejal de Cultura, José Antonio Ledesma, y siendo alcalde, Fernando Palma, el 10 de febrero de 2001, se sustituyó por el del reconocido intérprete del cine, el teatro y la televisión. Fecha también en la que se inauguró una placa en la casa natal del actor. En 2013, fallecido Galiardo, fueron inauguradas -en el mismo teatro-, varias zonas expositivas del legado artístico de éste, cedido por su esposa, la actriz María Elías.

    En las varias entrevistas que le hice y, sobre todo, en el trato “fuera de micrófono”, descubrí al Galiardo más humano, siempre atento y amistoso, lejos de la imagen de aquel famoso que retornaba a San Roque cada verano y todas las mañanas compraba su periódico en la librería de Emilio Cano.

    Pero fue él, en un deseo de compartir sus sentimientos, el que quiso romper con esa imagen tantas veces banalizada de actor «guaperas», con escasa profundidad humana. Lo hacía cuando contaba con el reconocimiento de extraordinario actor que había demostrado ser y que le había valido el Goya a toda una trayectoria cinematográfica.

    Al cumplirse esta efeméride quiero destacar las palabras leídas por la mujer del artista, fallecido en 2012, con motivo de la concesión del galardón de Hijo Predilecto a título póstumo. Un acto que tuvo lugar en mayo de 2013 en el referido escenario.



    Verano Activo La Línea
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    Con caracteres de auténtico testamento sentimental, fueron palabras sinceras, acogidas con verdadera emoción por el público asistente. Las últimas pensadas y escritas por un hombre, más que por un actor que repetía un drama como tantas veces había hecho sobre las tablas.

    Fue completamente diferente. Sin tapujos reconocía su traumática vida marcada por la temprana muerte de su madre, superada tan sólo en plena madurez. Las depresiones sufridas, sus ingresos para intentar superar ese abismo. Un duro aprendizaje: “donde siempre evitaba enfrentarme con el dolor de la verdad, hasta que un buen día en el verano de 1969, una primera depresión motivada por mi ausencia de realismo y mi fragilidad ante el dolor, hacen que empiece un nuevo camino entendiendo que sólo el pobre animal racional aprende del dolor mucho más que del estúpido placer que intentamos sistemáticamente buscarlo para entontecernos más”.  

    Pocos conocían de esa lucha, de ese camino que durante muchos años parecía insuperable. Galiardo escribió: “A pesar de todo, el éxito profesional me persigue allá donde voy, pero mis verdaderos problemas estaban en San Roque y Badajoz. San Roque, la ciudad donde nazco y Badajoz la ciudad donde están enterrados mis ancestros: mi padre, mi madre, y un hermano, todos muertos prematuramente, esperan que yo concilie con ellos mi resentimiento y mi dolor, amén de toda una tribu de la que era responsable”.

    Para todos los que pudieron escuchar y sentir sus palabras en boca de su viuda, el actor sanroqueño expresaría el momento del giro anhelado largo tiempo: “Y es después de todos estos acontecimientos cuando en una cura de ayuno y meditación en una clínica de reposo, limpio mi cerebro de residuos tóxicos y encuentro en mi alma, respuestas a algunas de las preguntas que con tanto ajetreo vital no era capaz de contestarlas”.

    Y sin duda, el emocionado párrafo final en la sentida voz de María Elías: “Quiero mandar un mensaje desde mi supervivencia a las personas a las que haya podido dañar, a las que mi energía a veces invasora haya podido invadir, a las que les haya podido producir un natural miedo en mi convivencia con ellos. De aquel Juan Luis Galiardo nacido el 2 de marzo de 1940 en San Roque, hijo de Isabel y Juan Arturo que vino a este mundo con una nota demasiado alta, hoy día y después de asomarme en este año dos veces al abismo no le queda más que comprensión, amor por el prójimo, reconocimiento de mi levedad y el deseo de en lo que sea útil ponerlo al servicio del prójimo”.

    La memoria del artista está presente en el coliseo de la Alameda sanroqueña. Sin embargo, más allá, su mensaje vital merece la pena recordarlo, aunque hayan transcurrido veinte años.




  • Abogados - Jiménez Laz y Cadenas
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