Domingo, 2 de Octubre de 2022
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La histórica visita de Isabel II a Gibraltar en 1954

  • Foto de familia de la visita de Isabel II a Gibraltar.
    Foto de familia de la visita de Isabel II a Gibraltar.
    Historia

    La recientemente fallecida reina Isabel II visitó oficialmente Gibraltar en 1954. El anuncio causó una crisis diplomática entre los gobiernos de Madrid y Londres, con el cierre del consulado español en el Peñón.

    Unos días antes de la llegada de la soberana la Policía de Gibraltar prohibió la entrada a un cierto número de trabajadores transfronterizos. Entre los que se vieron afectados por la suspensión temporal se hallaban algunos representantes del Sindicato de Trabajadores Españoles en Gibraltar, creado dos años antes, y otros empleados que habían hecho comentarios contrarios a la visita de manera pública, ya fuese en los centros de trabajo o en comercios y bares. Citados en las dependencias policiales, se les comunicó que no podrían acceder ni en vísperas ni el día de la visita.

    Las autoridades locales no estaban dispuestas a que el acontecimiento se viese empañado con algún tipo de protesta. Por ello, salvo los trabajadores que ineludiblemente tenían que acudir al tajo, las autoridades gibraltareñas vieron con buenos ojos la decisión del gobierno del general Franco de prohibir el cruce de la frontera de curiosos o de meros espectadores.

    Sobre las nueve de la mañana del lunes 10 de mayo desembarcaba la soberana en el Arsenal de la plaza, acompañada de su esposo, el duque de Edimburgo, y de sus hijos Carlos –su sucesor– y Ana. La monarca llegaba a bordo del yate real Britannia, y bajo la escolta de los destructores Chequers, Saintes y Barfleur. Un escenario extraordinario saludado por las salvas de las baterías del Peñón y los barcos de guerra británicos surtos en la bahía.

    Dio la bienvenida el gobernador colonial sir Gordon MacMillan. La banda de música de Infantería de Marina del crucero Glasgow entonó los acordes del himno real. Tras ello le fueron entregadas a Isabel II las llaves de la ciudad. En un coche Humber descapotable, el matrimonio real inició un itinerario por la ciudad, recibiendo continuas ovaciones de los vecinos.

    Apeándose del vehículo, Su Majestad inauguró el camino de Queensway, donde fue saludada por Joshua Hassan, presidente del Concejo Municipal. La hija menor de éste entregó las tijeras con las que la reina cortó la cinta correspondiente. Fabricada de plata expresamente para el acto, Isabel declinó su obsequio, indicando que fuese guardada en el Ayuntamiento.

    La reina y el duque fueron recibidos de manera oficial por el Concejo gibraltareño, firmando en el Libro de Honor.

    EN EL CONSEJO LEGISLATIVO





    La jornada fue especialmente intensa y contó con el seguimiento de numerosos gibraltareños.  El Consejo Legislativo ofreció un almuerzo en la sede del mismo. En el transcurso de la comida, Hassan entregó a la soberana, en nombre del Legislativo y del propio gobierno local, un cuadro del Peñón, realizado por el pintor gibraltareño Gustavo Bacarisas. La soberana, por su parte, entregó a la ciudad la copia de su discurso.

    También estuvo el cortejo real en los jardines de la Alameda, donde, en torno al monumento al general Elliot, grupos de exploradores rindieron honores. La pareja real plantó dos árboles en dichos jardines, de la especie Grevillea robusta.

    Por otro lado, en el estadio Victoria fue preparado un recibimiento infantil, con asistencia de profesores y colegiales. En ese mismo estadio el capitán del club de fútbol Britannia recibió de manos de la monarca el trofeo que el día anterior había ganado al Europa: la copa Isabel II.

    Pero, sin duda, el espectáculo estrella fue la revista militar organizada en el aeródromo, donde participaron catorce cuerpos militares de la guarnición. Cerca de 3.000 hombres bajo el mando del general A.L. Matthews. Una escuadrilla de bombarderos Shackletom, con su tripulación fuera de los aparatos, se situó detrás de las formaciones que desfilaron ante la monarca.

    La reina y el duque revisaron a pie y desde el vehículo a las fuerzas presentes. De allí partieron para visitar los túneles y las excavaciones del Peñón. Por su parte, los príncipes centraron su visita –hasta en dos ocasiones– en la zona habitada por los populares monos.

    En esa jornada de fervor británico imperial no faltó el tradicional té organizado en las instalaciones del Gibraltar Yacht Club, y que contó con la asistencia de cerca de cuatrocientas personas.

    La fiesta no decayó, y durante la noche desfilaron por las calles la Banda Central de Música de la Royal Air Force, llegada expresamente desde Malta –entonces colonia británica– y la del yate real Britannia.

    La familia real pasó la noche en el yate y desde allí envió un mensaje de despedida dirigido al gobernador de la plaza. Isabel II encargó al militar “comunicar a todos los que viven en la Fortaleza y Colonia de Gibraltar el caluroso y sincero agradecimiento de mi esposo y mío por la maravillosa bienvenida que siempre recordaremos”.

    La reina no volvería a Gibraltar. En 2015 fue invitada por el gobierno local con motivo del 75 aniversario del final de la II Guerra Mundial, pero la monarca declinó la invitación. Con motivo de su muerte los vecinos de Gibraltar han vuelto a recordar aquella histórica visita para la población.




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