Lunes, 16 de Mayo de 2022
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Johnson, dispuesto a romper el Protocolo de Irlanda y sacrificar a Gibraltar

  • La UE no aceptaría la ruptura unilateral que ya prepara Londres

    Boris Johnson sale de Downing Street
    Boris Johnson sale de Downing Street
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    La primera e histórica victoria del Sinn Fein en las elecciones de Irlanda del Norte ha provocado un terremoto político en Londres, que ha decidido al gobierno de Boris Johnson a preparar ya el borrador para la ruptura unilateral del Protocolo de Irlanda, firmado con la UE con motivo del Brexit. Si esta decisión unilateral de Londres se confirma, Bruselas podría no continuar las negociaciones del Tratado sobre Gibraltar.

    Según los principales analistas británicos, Boris Johnson planea “incumplir sus obligaciones de tratado en virtud del Protocolo de Irlanda del Norte”, afirmaba ayer Robert Preston, editor político de ITV. El propio periodista afirmaba que esta medida se anunciará el viernes, aunque iría al Parlamento el martes próximo. El gobierno británico, por su parte, describió esta información como “no correcta”, pero tampoco la negó y aseguró que "todavía no se han tomado decisiones sobre el camino a seguir, sin embargo, la situación ahora es muy grave".

    The Times, por su parte, apunta que la propia ministra británica de Exteriores, Liz Truss, ha encargado ya a los funcionarios que vayan preparando el proyecto de ley para la ruptura unilateral del acuerdo con Bruselas, que ya no sería sólo para anular el Protocolo de Irlanda, sino para eliminar también los poderes del Tribunal de Justicia Europeo y los requisitos para que las empresas de Irlanda del Norte sigan las regulaciones comunitarias.

    Otro dato que abunda en esta posible ruptura han sido las propuestas legislativas para el próximo año, presentadas el lunes a través del “Discurso de la Reina”, que en esta ocasión ha hecho el Príncipe Carlos. En el mensaje referido a la situación de Irlanda del Norte, el gobierno británico declaró que su objetivo es “priorizar”, ante todo, “el apoyo al Acuerdo de Belfast” (también denominado del Viernes Santo).

    De esta manera, el resultado electoral de Irlanda del Norte y sus consecuencias políticas han dado a Boris Johnson la excusa perfecta para hacer lo que lleva meses anunciando, romper de forma unilateral el Protocolo de Irlanda, firmado como consecuencia del Acuerdo de Retirada del Reino Unido de la Unión Europea y que nunca convenció al gobierno de Londres.

    A pesar de las advertencias de los miembros de su propio Gabinete, entre ellos Rishi Sunak, responsable del Tesoro, y Michael Gove, ministro de Comunidades, que consideran una guerra comercial con la UE, en este momento con el Reino Unido al borde de la recesión, una jugada muy peligrosa, la ministra Truss y el propio Johnson impulsan la ruptura unilateral.





    EL SACRIFICIO DE GIBRALTAR

    La ruptura unilateral británica del acuerdo con la Unión Europea tendría graves consecuencias, como han advertido los miembros del Gabinete antes citados, los propios funcionarios encargados de redactar el proyecto de ley de ruptura, según The Times, y como ha anunciado el mismo Micheál Martin, primer ministro irlandés, que llegó a llamar por teléfono a Boris Johnson para advertirle del riesgo.

    Una de las primeras consecuencias previsibles sería la suspensión de las negociaciones para el Tratado de Gibraltar, que se convertiría en el gran sacrificado por el gobierno británico de Johnson, puesto que Bruselas ya ha advertido reiteradamente a Londres que no aceptará la ruptura unilateral, tantas veces anunciada. Los altos funcionarios comunitarios suman a la decepción de las rondas negociadoras, en las que no acaban de cerrarse ninguno de los puntos importantes, la desconfianza creciente con un interlocutor que cambia o suspende los acuerdos de manera unilateral, como dejaría en evidencia el caso de Irlanda del Norte.

    ESPAÑA, SUPEDITADA A LA UE

    En estas circunstancias, ni siquiera la buena voluntad expresada tantas veces desde el Ministerio de Exteriores español serviría para nada práctico, ya que el principal tema en cuestión, la fluidez de la frontera, queda supeditado a las directrices regulatorias y de control de la Unión Europea. Y Gibraltar, como territorio de un tercer país y sin acuerdo específico, quedaría excluido de cualquier excepción Schengen con todas sus consecuencias.

     




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