Viernes, 21 de Septiembre de 2018

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    ‘Safety is first’ en las fronteras británicas pero no para la verja de Gibraltar

  • Control de pasaportes en el aeropuerto de Londres
    Noticias Gibraltar

    Cualquiera que haya volado al Reino Unido en los últimos tiempos sabe, perfectamente, por qué los aeropuertos británicos tienen fama de ser excesivamente escrupulosos con la seguridad en los controles de pasajeros. Especialmente los de Londres, y, especialmente de un tiempo a esta parte, coincidiendo con el endurecimiento de las medidas antiterrorista. Por eso resulta tan desconcertante las críticas contra el endurecimiento de los controles en la Verja de Gibraltar, que, además, obedecen a una directiva antiterrorista impuesta recientemente por la Unión Europea en materia de fronteras.

     

    Hasta la aplicación, hace ya tres semanas, del mandato de Bruselas de que todas las fronteras exteriores de la UE, como Gibraltar, deben adaptarse al nuevo código Schengen (que incluye la comprobación mecánica de los datos incluidos en el DNI electrónico o pasaporte biométrico, además de un sistema de reconocimiento facial), un ciudadano podía pasar de un lado a otro de la Verja casi sin detenerse, enseñando el documento de identidad de lejos, boca abajo y hasta caducado sin que el agente del orden llegara a reparar en ello. Cualquiera que haya transitado a menudo por esa “frontera” lo sabe.

     

    Esa laxitud en el paso fronterizo gibraltareño, que, para los británicos, no deja de ser una puerta de entrada a su reino, contrasta, y mucho, con el rígido protocolo de entrada a las islas británicas cuando el viajero, comunitario o no, pretende hacerlo bajándose de un avión.

     

    Obviamente, en los aeropuertos británicos hay (mejor dicho, ha habido hasta ahora), una clara distinción entre pasajeros procedentes de la UE y pasajeros de fuera de la UE, que han estado teniendo que pasar controles distintos, estrictos todos ellos, tanto a la entrada como a la salida de territorio británico. Quien haya aterrizado en los últimos meses en aeropuertos como el de Heatrow, Gatwick, Stanstead o Lutton sabe que hay que echarle paciencia, que por la puerta de “reconocimiento facial” hay que pasar sí o sí, y que las colas (esas colas que tanto parecen indignar a algunos cuando se habla de Gibraltar) son inevitables.

     

    Luego, a la hora de abandonar las islas británicas, a sus aeropuertos (como a todos los de la UE, por cierto) hay que llegar con bastante antelación, porque los controles de seguridad y equipajes son igualmente minuciosos, y llegar con el tiempo justo puede hacer que se pierda el avión… y sin derecho a reclamar, por supuesto.

     

    Safety is first”, suele ser lo que se afirma en estos caso. Dicho lo cual, si todos estamos de acuerdo, cuando volamos, en que la seguridad es lo primero, en el Reino Unido y en todas partes… ¿por qué cuesta tanto entender que los controles deben ser igualmente escrupulosos cuando se cambia de país a pie, o a bordo de un automóvil o un autobús?

     

    En el caso concreto que nos ocupa, el trabajo, en cierto modo, ya estaba hecho, al menos por el lado español. Otra cosa es que el sistema de frontera inteligente instalado en la Verja (el sistema ABC o de “smart border”), en el que el Gobierno de España afirma haber invertido nada menos que 7 millones de euros, no se hubiera estado utilizando hasta ahora. En cualquier caso, una vez en vigor la nueva normativa comunitaria, lo que resultaría a todas luces incomprensible sería que España siguiera sin aplicarla con rigor, estando ejecutada ya la mencionada inversión con el dinero de los contribuyentes.

     

    Al mismo tiempo, resultan también perfectamente lógicas y comprensibles la incertidumbre y la preocupación, a uno y otro lado de la Verja, por los efectos colaterales de este obligado endurecimiento de los controles fronterizo. A este respecto, el delegado del Gobierno de España en Andalucía, Antonio Sanz, ha manifestado recientemente que ya se ha incrementado la dotación de medios humanos, con personal procedente de Madrid, y que también se está estudiando en estos días la organización de todo el paso fronterizo. Se trata de intentar que el perjuicio para los ciudadanos sea el menor posible, especialmente para los miles de trabajadores españoles que diariamente tienen que cruzar a la colonia británica… pero sin dejar, obviamente, de dar cumplimiento a la normativa de la UE.

     

    El continente europeo vive en estado de Alerta 4 (el último país en subir su nivel de protección antiterrorista ha sido Suecia, tras el atentado de hace días en Estocolmo), y, a juicio de Bruselas, todas las medidas son pocas. Las fronteras exteriores de la UE no pueden ser permeables, y la de España con Gibraltar tampoco.