Miércoles, 15 de Agosto de 2018

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    La afición al flamenco en Gibraltar

  • "Fiesta flamenca", óleo de José García Ramos. (Sevilla, 1852-1912)
    Antonio Pérez Girón

    Su pasión por el flamenco no se vio compensada con su voz, pero al menos estaba la guitarra, igual de andaluza que el quejío, y que logró envolverle hasta pretender que fuera su vida y su sustento. Y para ello no dudó en abandonar su trabajo de mecánico. Tony Nile cruzó el charco, como se solía decir, y se plantó en los Estados Unidos desde su Gibraltar natal. El galán Antonio Moreno, que se había criado en la barriada sanroqueña de Campamento, y que era una estrella del cine mudo, lo introdujo en fiestas, donde durante algún tiempo pudo ganarse la vida, lejos de sus primeras pretensiones. 

    Fue en una de esas fiestas donde el gibraltareño conoció a Rosario del Río, una malagueña de Monda, que había emigrado a tierras norteamericanas. Se casaron, y ya viviendo en Buenos Aires, en 1910, nació la primera hija, Magdalena Nile Del Río, la que luego, como cantante y actriz cinematográfica, triunfaría con el nombre de Imperio Argentina.

    La familia retornó a España y se estableció en Campamento, en la calle Real, verdadera carretera o travesía por donde se circulaba (y se continúa ahora) para ir a La Línea o Gibraltar. Nile solía acudir a la tertulia de una pensión de la misma calle, que regentaba otro gibraltareño, Fernando Bárbara El ChutiEl té, una bebida cuyo consumo era habitual en la comarca por la influencia británica de la colonia, se tomaba en el establecimiento como un verdadero rito. Era el de mejor sabor de todo Campamento, y su secreto no era otro que la extraordinaria agua de pozo que para ello empleaba El Chuti.

    Imperio Argentina comenzó una carrera artística fulgurante. En 1927 realizó su primera película La hermana San Sulpicio. Y durante la guerra civil española, en pleno cenit de su carrera, viajó a la Alemania nazi donde rodó dos películas, siendo cortejada por el propio Hitler.

    Por su parte, Tony Nile fue protagonista de la fuga de La Línea del escritor Ángel María de Lera, entonces miembro del Partido Sindicalista, que había ayudado a fundar junto al ex miembro de la CNT Ángel Pestaña.

    Al producirse la ocupación de la ciudad por fuerzas marroquíes trasladadas desde el Protectorado, el que luego habría de ser conocido novelista con obras destacadas como Las últimas banderas Se vende un hombre, se refugió en un tejar de Sierra Carbonera, desde donde se trasladó a  Punta Mala, al lado de Campamento. Tras permanecer oculto en un cañaveral cercano a la playa, fue recogido por el bote conducido por Tony Nile, que consiguió introducirlo en la colonia.

    Pero no fue Nile el único músico natural del Peñón. En los años cuarenta del siglo pasado Santiago López  formó parte de una orquesta londinense. En el transcurso de una actuación del grupo entabló conversación con el futuro rey de Jordania, Hussein, a quien le dio varias clases de guitarra, interesándolo por el flamenco.

    Cuando el monarca contrajo matrimonio invitó al músico y a su esposa Úrsula a residir en la capital jordana. En Amán estuvieron unos años, él dando clases de guitarra a miembros de la familia real y ella en la coordinación de las caballerizas de palacio. Úrsula era una gran conocedora de los deportes ecuestres, tradición que le venía de su madre inglesa. Incluso guardaba, como auténtica reliquia, los cascos de uno de sus caballos favoritos.

    Otro guitarrista de la colonia, del que se conoce poco, fue Willian Gómez. De éste se comentó que había sido alumno del gran Andrés Segovia.

    Lo cierto es que la afición al flamenco tenía lugar en Gibraltar desde la época de los cafés cantantes. Uno de los pioneros de esta inclinación al cante grande fue Eugenio Fava, quien en 1886 construyó un restaurante en Campamento. Un local que se haría popular posteriormente de la mano de la familia Bernal.

    El Campo de Gibraltar era un lugar privilegiado. El propio cantaor sevillano Rafael Pareja,  lo contaba en su libro Recuerdos y confesiones, recogido por el escritor Juan Rondón, cuando el torero Antonio Montes propuso al de Triana marchar a dicha comarca,  «por ser ese trozo de la Baja Andalucía, en la época en que me refiero, escenario y marco muy adecuado para el arte flamenco, donde se gastaba mucho dinero en las clásicas juergas, por correr la plata abundantemente debido al importante contrabando que se hacía con el Peñón». Y aquí llegó, siendo un muchacho, en el año1893, debutando en el café cantante de Pepe Postigo, en Algeciras.

    Pareja se hallaba retirado cuando en los años cuarenta del siglo pasado se trasladó a La Línea, junto a su esposa Josefa Correa y su hija Milagros. Ésta  fue bailaora, pero abandonó los escenarios prematuramente. Posteriormente, la familia se establecería en Gibraltar, donde el cantaor falleció en 1965, y en cuyo cementerio permanecen sus restos.

    En esta comarca se daba cita lo mejor del flamenco y, sin duda, La Línea, por su proximidad al Peñón, era uno de  los lugares más destacados para ello. El local de Andrés González Rojas fue uno de los puntos de encuentro de artistas como Juan Breva, Antonio Chacón, La Trini o el propio Pareja. Con el nombre de La Sacristía, abrió sus puertas en 1893, y se hallaba en la actual Plaza de la Constitución.

    En el siglo siguiente, no menos conocido fue el situado en Campamento, La Bola de Oro. A mediados de los años treinta, se estableció en la villa linense, procedente de su Ronda natal, Curro el Canario. Llegó para actuar y acabó enamorándose de una joven de la localidad, María León Durán, con la que acabó casándose. Fallecida la esposa, abrió el café El Clavel, en la calle del mismo nombre, y lugar de encuentro de los flamencos que  llegaban a la ciudad, y de los que ya apuntaban desde la comarca, como Antonio Fernańdez de los Santos El Chaqueta, un cantaor de enormes dotes artísticas.