Domingo, 17 de Febrero de 2019

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    La aventura gibraltareña del buque republicano 'José Luis Díez'

  • El José Luis Díez, remolcado en la playa de los Catalanes. Biblioteca Nacional de España.
    Antonio Pérez Girón

    Con motivo de mi anterior artículo sobre el papel de Gibraltar durante guerra civil española, algunos lectores me manifestaron el deseo de conocer algo más sobre la historia del destructor republicano José Luis Díez. La peripecia del barco encallado en una playa de la colonia ha sido abordada por diferentes autores, entre ellos por el campogibralareño Luis Romero. Por mi parte, tuve la oportunidad de conocer a uno de los miembros de la tripulación y a un antiguo trabajador en el Peñón que llegó a entablar amistad con el comandante del barco Juan Antonio Castro Izaguirre cuando éste retornó a Gibraltar en una de sus visitas, finalizada la guerra. Testimonios directos y de gran valor que, sin duda, darían para un trabajo más extenso.

    El José Luis Díez había zarpado el 20 de agosto de 1938 desde el puerto francés de El Havre, donde había reparado averías. Utilizando bandera británica para protegerse de la flota y aviación enemiga, el destructor trataba de unirse a la escuadra republicana en el puerto de Cartagena.

    Mientras se aprovisionaba de carburante desde el vapor Saturno, en pleno Atlántico, aparecieron dos pesqueros a los que Castro Izaguirre ordenó que izaran bandera. Aunque los pesqueros dudaron, finalmente alzaron la enseña rebelde, por lo que ambas tripulaciones fueron apresadas y los barcos cañoneados y hundidos.

    El día 27, con rumbo al estrecho de Gibraltar, el destructor avistó a varios buques enemigos. Tras evitar algunos de estos barcos, se topó con el crucero Canarias al sur de Punta Europa. Entablado combate, un proyectil del crucero enemigo, impactó en el sollado de fogoneros donde se hallaban los pescadores prisioneros. Murieron los veinticuatro apresados y el guardián.

    Hundiéndose de proa, Castro ordenó chalecos salvavidas, poniendo rumbo al puerto militar de Gibraltar, donde entró pasadas las tres de la madrugada. Aparte de los pescadores muertos, la tripulación había sufrido dos muertos, diez heridos y seis desaparecidos.

    A partir de entonces, el José Luis Díez permaneció en el Peñón algo más de cuatro meses. Un gran orificio había quedado abierto en el costado de babor y el sollado de fogoneros estaba totalmente destrozado. En total había recibido dieciséis impactos perforantes. Desde el destructor británico Vanocen presencia del cónsul de España y del propio Castro Izaguirre, fueron arrojados al mar los cadáveres recuperados del destructor. La situación pasó por momentos difíciles pues las autoridades británicas, que simpatizaban con los sublevados, exigían una pronta partida del barco.

    Las negociaciones entre el Gobierno de la República y el británico permitieron que se estableciera un plazo razonable para la reparación del barco. Las dificultadas impuestas por los británicos contrastó con la actitud de grupos de trabajadores del arsenal, que se ofrecieron a trabajar en las reparaciones en horas de descanso y sin percibir dinero alguno a cambio.

    En las aguas de la bahía montaban guardia varios barcos rebeldes a la espera de que saliese el José Luis Díez.

    El día 30 de diciembre de 1938, a la una de la madrugada, con las luces apagadas, comenzó el destructor la maniobra para salir del puerto. Una pequeña embarcación con una luz encendida sirvió de guía. Colaboradores gibraltareños del espionaje franquista lanzaron bengalas que iluminaron la bahía, alertando a los barcos del bando nacional. 

    Costeando dobló Punta Europa donde le esperaban los minadores Vulcano Neptuno. Un reflector de las baterías nacionales de Punta Carnero iluminó de lleno al destructor y el Vulcano se cruzó en su trayectoria. Ambos se embistieron, abarloándose e iniciándose un combate con armas ligeras. 

    Castro Izaguirre disparó su pistola desde el alerón del puente hasta quedar sin munición. Entonces arrojó el arma contra el puente del Vulcano. Indefenso, en un arrebato de furia, se descalzó un zapato que también lanzó. La velocidad más rápida del José Luis Díez le permitió separarse pronto por la proa y, sin dejar de disparar, se alejó costeando, quedando varado en la playa gibraltareña de levante, siendo las cuatro y media de la madrugada. El comandante recibió el parte de bajas: cuatro muertos, doce heridos y un desaparecido.

    Algunos de los disparos del Vulcano cayeron en la villa de pescadores de La Caleta, hiriendo a varias personas, entre ellas un policía que fallecería más tarde.

    Bajo amenaza de utilizar la fuerza una patrulla armada del Vanoc, a cuyo mando iba el general de brigada Carvey, conminó a Castro a arriar la bandera y desalojar el buque. La tripulación fue encarcelada. Tras la primera noche en prisión, Castro logró entrevistarse con el almirante británico al que presentó una lista de quejas por el trato recibido y por haber permitido que su barco fuera atacado a menos de 200 metros de la costa de Gibraltar. Ese mismo día fueron lanzados al mar los cadáveres de los cuatro marineros muertos.

    La actitud de las autoridades militares británicas cambiaría, pasando la tripulación de la categoría de presos a la de internados.

    Aunque Castro exigió salir de Gibraltar con el barco, porque así lo había ordenado el Gobierno republicano, bajo custodia de soldados británicos, el día 11 de enero de 1939, la tripulación fue obligada a partir en dos buques de guerra de la Royal Navy con destino al puerto de Almería, en la zona republicana. Como agradecimiento a la solidaridad de los sindicalistas gibraltareños, Castro entregó una bandera de la República al sindicato de la colonia.

    El Gobierno concedió la medalla colectiva al Valor a la tripulación del José Luis Díez. El 25 de marzo de 1939 el barco, que tantos quebraderos de cabeza había causado al mando nacional, fue entregado a las autoridades franquistas, siendo remolcado hasta Algeciras. Castro Izaguirre, ya en el exilio obtuvo la nacionalidad francesa, y tras luchar en la II Guerra Mundial integrado en la marina de la Francia Libre, obtuvo el retiro como capitán de navío. Falleció en Biarritz el 23 de junio de 1994.