Sábado, 16 de Febrero de 2019

Formulario de búsqueda

    Baterías flotantes y lanchas cañoneras en el Gran Sitio de Gibraltar

  • Túneles excavados por los ingleses durante el Gran Sitio. Grabado del Archivo de San Roque
    Antonio Pérez Girón

    El conocido como Gran Sitio de Gibraltar (1779-1783) concentró en la bahía de Algeciras nuevas armas de guerra. Unas de procedencia española y, otras, francesas: lanchas cañoneras y baterías flotantes, respectivamente.

    Más de 14.000 hombres fueron situándose en el Campo de Gibraltar, entre Punta Mala y la espalda del Peñón. Desde entonces, los lugares de Buena Vista y Benalife, entre San Roque y Gibraltar, han conservado el nombre de Campamento, una de las barriadas de la ciudad sanroqueña. Otros seis mil soldados ocuparon las vertientes de Sierra Carbonera, en el mismo municipio fundado por los gibraltareños que salieron tras la ocupación inglesa.

    Aquella ofensiva requirió de una logística de envergadura con fábricas de explosivos y con un gran Hospital de Sangre, que se instaló en la zona de Campamento, donde se atendían a los heridos y enfermos.

    En junio de 1782 el general Álvarez de Sotomayor fue sustituido en el mando de las tropas españolas situadas en el Campo de San Roque por el duque de Crillón, que venía avalado por el éxito de la toma de Menorca a los ingleses. Crillón se oponía a la utilización de las baterías flotantes ideadas por el ingeniero francés D´Arcon, pero no tuvo más remedio que aceptar su empleo, dado que era un mandato del propio rey.

    A finales de agosto se contaban con diez de estas  baterías: Pastora, Paula Primera, Rosario, San Cristóbal, Príncipe Carlos, San Juan, Paula Segunda, Santa Ana, Los Dolores y Talla Piedra, así como dos puentes.  La Talla Piedra estaba comandada por el príncipe de Nassau-Sieghen y en la tripulación figuraba el  norteamericano, ascendido a teniente por el Gobierno español, Lewis Littlepage. El joven de Virginia, era un luchador por la independencia de su país contra los británicos, lucha en la que los norteamericanos contaban con el apoyo de España. Participó en la liberación de Menorca y en junio de 1782 ya estaba en San Roque, junto a otros veteranos de aquella acción.

    Sin embargo, más efectiva fue la lancha cañonera, diseñada por el marino Antonio Barceló, al que se le asignó el mando de las fuerzas navales ligeras destinadas al bloqueo.  Barceló se había curtido en el combate con los piratas. Entre sus hazañas se hallaba el apresamiento de diecinueve buques berberiscos y la detención del conocido pirata turco Selin. Su carrera militar fue fulgurante. Con 21 años fue nombrado por Carlos III alférez de fragata y en 1762 asumió el mando de la flota de jabeques reales. Adquirió gran fama patrullando el barco “Atrevido”, con el que defendió las costas españolas de los ataques corsarios. En el abordaje a uno de estos barcos argelinos sufrió una herida en el rostro.

    Barceló llegó a contar con cuarenta lanchas cañoneras y veinte bombarderas por él creadas. Él mismo comandaba los ataques a las posiciones enemigas, introduciéndose de noche cerca de la plaza. Utilizando el remo, con gran arrojo, las bombarderas llegaron a tocar el puerto de Gibraltar.

    Las lanchas cañoneras contaban con diecisiete metros de eslora (longitud), seis de manga (ancho) y dos de puntal (altura). Navegaban a vela y a remo. Contaba con un cañón o un mortero y para proteger a la tripulación, unos treinta hombres, se les dotó de un parapeto metálico plegable. Por debajo de la línea de flotación también estaba acorazada.

    Por su parte, el conjunto de las baterías flotantes se adentraron en la bahía de Algeciras el 13 de septiembre de 1782 dispuestas a entablar combate. El ingeniero francés erró en los sistemas de refrigeración y no tardaron en incendiarse. A ello se unió la falta de previsión en cuanto a lanchas de socorro y,  para colmo, salieron sin la protección prevista de diez navíos y otros auxiliares.

    Más de dos mil soldados españoles perecieron en aquella trágica jornada. La Talla Piedra también se hundió, al igual que las restantes, después de haber permanecido catorce horas expuesta al fuego del enemigo, como relataría más tarde el propio Littlepage. Un mes más tarde, la aparición de la flota británica mandada por almirante Howe, provocó que los barcos españoles y franceses saliesen en su búsqueda por el Mediterráneo. Tras cruzar el Estrecho entablaron combate cerca de Cabo Espartel, huyendo a continuación las naves británicas.

    Los combates se prolongaron durante cinco meses más, hasta que el 3 de febrero de 1783 se acordó la suspensión de hostilidades, firmándose las disposiciones preliminares para una negociación de paz.